miércoles, 24 de octubre de 2007

Del Frente de la Renovación Justicialista a Unión por Córdoba: El PJ y el afianzamiento en Córdoba del ‘catch all party’ y el Partido Profesional Elec

INTRODUCCIÓN
Intentaremos en este trabajo, en resumida síntesis, abordar la reciente historicidad electoral del Partido Justicialista en la provincia de Córdoba en el periodo comprendido entre 1987 –año en el que se presenta a elecciones bajo el rótulo de Frente de la Renovación Justicialista - hasta la última elección del 2 de septiembre de 2007, en donde participó amparado en la alianza Unión por Córdoba.
Concretamente, nos interesa identificar aquí la vinculación del Partido Justicialista -hoy partido líder de la coalición gobernante Unión por Córdoba desde 1998, con el acompañamiento oscilante de socios menores- con las tesis propuestas por Otto Kirchheimer acerca del partido ‘atrapatodo’ –o catch all party- y por Angelo Panebianco en sus ideas sobre el Partido Profesional Electoral.

De esta manera, se buscarán las coincidencias con los lineamientos teóricos expresados por los dos autores citados en conjunto con la vasta bibliografía sobre la temática. Pero por sobre todo, intentaremos reconocer en las prácticas electorales del PJ –en el periodo citado - el afianzamiento, el menos en la provincia, del nuevo tipo de partidos de carácter ‘atrapatodo’ o Profesional Electoral. Es decir, se buscará identificar en el Partido Justicialista de Córdoba la institución partidaria que asumió tempranamente y de modo más radical en Córdoba las prácticas electorales que poco tiempo después fueron utilizadas por los demás partidos políticos de la provincia .
Nos interesará, además, profundizar en la transformación del Partido Justicialista -de partido de masas a otro de corte ‘atrapatodo’ o profesional electoral- como así también desentrañar la naturaleza de sus alianzas e identificar, en esa práctica política, la esencia de su concepción partidaria. Y cómo esto derivó en la prácticamente inexistencia del Partido Justicialista como partido de masas inserto en la competencia electoral del sistema electoral argentino.

Para tal fin, nos centraremos, como se señaló, tanto en las herramientas analíticas propuestas por Otto Kirchheimer – el ‘catch all party’ como “partido de todo el mundo (que) dirige su atención hacia todo el electorado; (y que) sacrifica, por tanto, una penetración ideológica más profunda a una irradiación más amplia y a un éxito electoral más rápido” - y en las otorgadas por la conceptualización de Panebianco sobre los partidos ‘profesional electoral’ –como aquellos partidos caracterizados por el “menor peso de los militantes y de los aparatos y mayor incidencia de los ‘expertos’ y de los titulares de cargos públicos en los parlamentos y en los Ejecutivos, primacía de los grupos de interés, desidiolagización, pragmatismo (e) influencia de los medios audiovisuales” -.

Así, con estas vertientes teóricas y sosteniendo nuestro corpus empírico en breves fragmentos de discursos de campañas, declaraciones periodísticas y puntuales discursos políticos publicitarios, buscaremos reconocer en la reciente historicidad del Partido Justicialista de Córdoba la consolidación de una nueva tipología de partidos políticos en la provincia.

MARCO CONCEPTUAL Y TEÓRICO
Diferentes autores han conceptualizado la actualidad de la acción, funcionamiento y estructuración de los partidos políticos en las democracias modernas y occidentales. Con diferencias según los casos analizados y variaciones de matices en unos y otros autores, mayores han sido las coincidencias que las distintas vertientes teóricas han señalado a la hora de describir y analizar el rol y el papel socio-institucional de los partidos políticos.
Así, desde las tesis propuestas Otto Kirchheimer y su ‘catch all party’ y Angelo Panebianco y su Partido Profesional Electoral, varias han sido los agregados de corte teórico y empírico que fueron sumando mayores caracterizaciones a la situación actual de los partidos.
Como señala Andrés Malamud, “los nuevos partidos fueron definidos como electorales de masas, profesional-electorales o, en su caracterización más fuerte, como partidos escoba o atrapatodo, en función de su apelación a la sociedad en general por
encima de las divisiones de clase” .

En los años 60’, Kirchheimer enunció su teoría del partido ‘escoba’ o ‘atrapatodo’ -el ‘catch all party’-, en donde propuso una caracterización de los partidos políticos en el mundo desarrollado. Y si bien la contextualización propuesta por Kirchheimer –estados ampliamente realizados en su faz económica- ya ha sido considerada inapropiada para su aplicación en América Latina , sí valen sus tesis sobre la desideologización sufrida en los antiguos partidos de integración y la apertura temática de corte generalista de estos en términos de oferta electoral.
Concretamente, Kirchheimer señalaba que la nueva oferta electoral de los partidos –centrada en el mundo de los valores y en temas generales- rompía los límites existentes de la problemática particular sobre la que se interesaba históricamente cada partido y a partir de la cual, el partido se formaba a sí mismo-. La actual re-construcción de los partidos pasa a concentrarse ahora en principios compartidos por vastos sectores del electorado: desarrollo económico, defensa del orden público y la democracia, prioridad a la salud y educación publicas y otras opciones que no ofrecen oposición o discusión alguna y que medianamente son compartidas por bases amplias del electorado.

A esto, el autor alemán le sumaba una mayor apertura del partido a la influencia de nuevos grupos de interés –organizaciones de tipo social y económico principalmente- y la transformación absoluta de la antigua estructura del “partido de integración, nacido en una época de diferencias de clase más profundas y de estructuras confesionales más claramente reconocibles” en una corporación más volátil y de lazos débiles y maleables entre sus integrantes, marcada por la pérdida de peso político de sus afiliados (más concretamente, la casi desaparición del rol del militante de base) y la influencia creciente de un líder electoral.
Así, el partido se transforma en una institución de relaciones más débiles con quienes lo cimentaron en sus comienzos y genera sus intereses políticos en base a las demandas sociales de amplio aspectro que se expresan en una sociedad. De esta manera, el partido constituye su plataforma a partir de una media aproximada o un promedio de estas demandas.

Si bien estos partidos encuentran límites –tendencias que, en principio, pueden llegar a contrastar con sus base histórica- “los partidos superan estos obstáculos evitando tomar posiciones netas sobre problemas capaces de crear divisiones y conflictos en el interior del país y compiten por la conquista del poder político con plataformas electorales y sistemas de gestión del propio potencial político que no presentan substanciales diferencias con las de los otros partidos, sino que más bien son bastante similares entre sí” , señala Angelo Panebianco, el intelectual italiano que años después profundizó y agregó más elementos a la caracterización de Kirchheimer
Entre otros aspectos, Panebianco destaca la profesionalización de los partidos de masas, los cuales han sido reemplazados por los que él llama Partido Profesional Electoral. Así, señala que mientras en las antiguas estructuras partidarias la burocracia cumplía el rol principal de mantener los lazos que unían a adherentes/militantes y líderes, ahora son los profesionales o técnicos que pasan a cumplir el rol central en la dirección del partido.

Así, distinguiendo entre el Partido Burocrático de Masas y el Partido Profesional Electoral, Panebianco establece las diferencias que las nuevas transformaciones generan en las instituciones partidarias: Del electorado fiel al electorado de opinión, de la dirección colegiada a la dirección personificada y de la financiación por medio de las cuotas de adherentes y actividades secundarias a la financiación a través de los grupos de interés y del aporte estatal. También otorga un rango fundamental al cese de los fuertes rasgos ideológicos del Partido de Masas, ahora marcadamente desideologizados, y al traspaso de las áreas problemáticas en el Partido Profesional a manos de técnicos especializados de orden apolítico . Esto conlleva, entre otras consecuencias, al fin de la fidelidad absoluta del electorado con uno u otro partido político que históricamente ha representando sus intereses .

Así, tras sintetizar el marco conceptual desde el cual intentaremos, brevemente, analizar la reciente historicidad del Partido Justicialista en la provincia de Córdoba, enumeraremos puntuales hechos recientes que fueron conformando el afianzamiento de lo aquí expresado.

DEL FRENTE A LA UNIÓN
Hasta el 2 de septiembre de 2007, el Partido Justicialista de la provincia de Córdoba integró la alianza Unión por Córdoba, una coalición de partidos políticos formada en ocasión de las elecciones de carácter provincial del 20 de diciembre de 1998. Para tal comicio, la principal fuerza opositora de la provincia –hasta ese momento y desde la recuperación de la democracia, gobernada por la UCR-, liderada por el actual gobernador José Manuel de la Sota, estableció una alianza de tipo electoral con sectores minoritarios de variada línea ideológica, alianza que fue mutando –a excepción del liderazgo- a través de los años y las elecciones.

No obstante, pese a sus cambios en función de acuerdos electorales y otras variables de tipo, algo caracterizó al Partido Justicialista desde el momento en que mutó su imagen a partir de 1987: una mayor apertura del partido a la influencia de nuevos grupos de interés , algo que Panebianco define como esencial en el Partido Profesional Electoral.

No obstante, para entender este fenómeno inserto en los cambios estructurales que hubieron en el mundo Occidental durante las décadas del 80’ y 90’, vale repasar brevemente el pasado inmediato del Partido Justicialista y su vida electoral a partir de la apertura democrática de 1983.
El primer antecedente de la conformación de Unión por Córdoba –o más bien, de la ampliación de los límites ideológicos (o desideologización) y electorales del Partido Justicialista- estuvo dado en la campaña electoral para las elecciones provinciales de 1987 –segundas de carácter provincial desde la restauración democrática-. En aquella ocasión, el Partido Justicialista dejó de lado su insignia histórica –PJ- y mutó su nombre por el de Frente Justicialista de la Renovación. Con este Frente, el PJ de Córdoba hacía mención, claramente, al sector renovador dentro del gran partido de masas. Sector que integraba el líder y candidato a gobernador José Manuel de la Sota junto a otros jóvenes integrantes de la segunda y tercera generación del peronismo militante.

Esta apuesta de la autodenominada renovación justicialista –liderada a nivel nacional por el dirigente y ex funcionario de Perón, Antonio Cafiero, a su vez candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires- buscaba borrar un pasado reciente que relacionaba al partido de masas con el trágico final de su última gestión de gobierno en 1976. Y, más acá en tiempo, con la imagen devaluada que ofrecían de sí mismos los representantes de la burocracia sindical, hasta ese momento, dueños indiscutibles de la facción más poderosa del antiguo movimiento.
Como señala Hernán Vaca Narvaja, “en su campaña (para las elecciones de 1987), De la Sota –como se señaló, candidato a gobernador por el Frente- apostó decididamente a los sectores medios y abandonó el tradicional folklore partidario: sus actos políticos eran más propios de una concepción del Partido Demócrata en Estados Unidos que de un encuentro de peronistas” . Vale aquí recordar que, para Andrés Malamud, “las peculiaridades de este tipo de partidos (refiriéndose a los partidos atrapatodo) se observan más claramente en los Estados Unidos de América” . Por tanto, la analogía entre uno y otro no es fruto de la casualidad.

Así, a partir de la estrategia de ampliar las bases electorales mediante una oferta o plataforma política desvinculada de la identidad partidaria histórica del PJ, De la Sota sumó a lo anterior un dato inequívoco e inexcusable: la inclusión, en la lista para diputados nacionales, de un técnico extra partidario en un lugar expectante, con claras posibilidades de llegar al Congreso Nacional. La presencia de Domingo Cavallo –un economista formado en Harvard que había tenido pasos por la función pública durante gobiernos de facto-, impuesta por el mismo De la Sota (por entonces Presidente del PJ distrito Córdoba) generó el rechazo del justicialismo más ortodoxo. No obstante, esta jugada política conceptualizaba ya, en 1987 y en pleno apogeo democrático, la idea de Angelo Panebianco acerca del papel central de los profesionales y técnicos en el Partido Profesional Electoral por sobre el papel central de la Burocracia del Partido de Masas . Como recuerda el mismo Vaca Narvaja, “la reconversión partidaria impulsada por los renovadores comenzaba a despojar al peronismo de su viejo ropaje ideológico” . Cabe recordar que esa lista también estuvo integrada por Enrique Gastaldi, acaudalado productor agropecuario del Sur provincial –sector de la provincia de Córdoba que conserva un peso político económico destacable en el territorio- y la campaña contó con el asesoramiento de los empresarios fundadores de la Fundación Mediterránea y de hombres ligados a ámbitos académicos y religiosos.

No obstante estos indicios de transformación, la candidatura de José Manuel De la Sota bajo el sello de Frente de la Renovación Justicialista -sector interno que representaba el candidato, que, aún dentro de los límites partidarios, buscaba dar al anquilosado PJ, derrotado en las elecciones de 1983, nuevos aires generacionales y una revitalización ideológica de corte socialdemócrata- no fue suficiente. Estos comicios le fueron adversos por un acotado margen: poco más de 4 puntos porcentuales le dieron la victoria al candidato de la UCR .
Todo esto, ocurrido en 1987 y amparado bajo el paraguas de un frente más bien amplio en términos político ideológicos, no hizo más que anticipar otra transformación de carácter más estructural realizada cuatro años después por el mismo hombre: la composición de la Unión de Fuerzas Sociales, coalición también liderada por el PJ, a través de la cual De la Sota se presentó nuevamente como candidato a gobernador en 1991.
Tras sortear todas las trabas internas de su partido, el Partido Justicialista se transformó en la mencionada Unión de Fuerzas Sociales. Y para aquella ocasión, el candidato a gobernador señaló que “para ganarle al radicalismo, las listas tendrán más representantes de sectores sociales que dirigentes políticos” . Claramente, nuevamente la conceptualización realizada por Panebianco al señalar la influencia de diversos grupos de interés en el partido electoral profesional por sobre el rol del sujeto militante histórico era expresamente citada por el líder del partido. De igual modo, con esas palabras el candidato estaba asumiendo, al igual que 4 años antes, el rol preponderante que pasaban a tener ahora los técnicos desideologizados por sobre el sujeto político.

En la misma línea, durante la campaña electoral, el peronismo reconvertido dejó de lado las banderas históricas del movimiento de masas para fomentar, en términos de Kirchheimer, la igualación del electorado. Es decir, la Unión de Fuerzas Sociales apeló a la idea que señala que aún en diferentes capas sociales, económicas y culturales “existe una comunidad de intereses suficiente para apelar a todos ellos al mismo tiempo para fines estratégicos, (ya que) pequeñas diferencias pueden ser salvadas si se pone el acento especialmente en aquellos puntos del programa que favorecen a ambos” . El propio De la Sota, líder indiscutible de la coalición, hizo efectiva esta teorización: “Nuestra propuesta –decía el por entonces candidato - es un nuevo socialcapitalismo asentado en 4 principios morales: no mentir, no robar, trabajar y dar trabajo” . El pragmatismo, seña indisoluble del partido profesional electoral y la concentración de la oferta electoral en cuestiones de índole moral o ético estaban presente de modo explícito.

Luego, más adentrado en campaña, el mismo candidato señalaba en declaraciones periodísticas que “la gente ha demostrado que no quiere un tiempo radical ni un tiempo peronista, sino un tiempo cordobés” . Y como recuerda Vaca Narvaja, “la campaña electoral de la Unión de Fuerzas Sociales produjo una verdadera revolución comunicacional en Córdoba e introdujo las técnicas modernas del marketing político, hasta entonces ajenas a la actividad proselitista del país” . Los hechos descriptos pueden ser leídos, según palabras de Kirchheimer, como una clara muestra de la mutación de un partido de integración o de masas -el PJ- a una mera agencia electoral , cuya composición electoral era tan amplia como el espacio geográfico donde se desenvolvía. Asimismo, la influencia de los medios masivos y electrónicos en una campaña electoral, propia de la conceptualización ensayada por Panebianco, tenía su bautismo en la provincia de la mano de la alianza Unión de Fuerzas Sociales.

Por estas características, ya para entonces el Partido Justicialista, en el distrito Córdoba, y a 8 años de la llegada de la democracia, tomaba claramente la característica del partido electoralista que se dirige a todo el electorado de opinión. Esto, por sobre el partido de afiliación con fuertes lazos organizativos de tipo vertical, que se dirige a un electorado fiel -algo que por entonces sí representaba parcialmente y en algún aespecto el radicalismo, bajo la figura de Eduardo César Angeloz y su apelación constante a la fuerte identidad partidaria -.

Así y antes de ingresar en la conformación de Unión por Córdoba, una primera hipótesis puede ser dada por cierta: la prácticamente inexistente vida del Partido Justicialista en la provincia de Córdoba enmarcado en un genuino sistema de partidos. Pues, como señala Inés Pousadela “recién a partir de 1983 (Argentina) pasó a contar con un verdadero sistema de partidos” . Esto, debido a que “la dinámica de la competencia política nunca había llegado a ser aquella que caracterizaba a la llamada democracia de partidos. En otras palabras, si bien la Argentina contaba con la sociedad propia de dicha representación, así como son sus vehículos apropiados (…) la dinámica política nunca se terminó de corresponder con dicho modelo, por una falla sustantiva relativa a su carácter democrático liberal” .
Por tanto, la vida en tal sistema del Partido Justicialista como partido de masas, al menos en Córdoba –que es el caso que nos interesa-, fue exigua.

Así y todo, el ejercicio electoral realizado por el Partido Justicialista –bajo el nombre de Unión de Fuerzas Sociales-, con el derribo de las fronteras ideológicas que caracterizaron históricamente al partido y la apelación al ‘ser cordobés’ por encima de la tradición peronista del pueblo, no dieron sus frutos . Y el antiguo partido de masas debió esperar 8 años para incurrir nuevamente en una experiencia electoral que terminara confirmando las virtudes del nuevo juego político por sobre las tradicionales competencias electorales.

LA CONFORMACIÓN DE UNIÓN POR CÓRDOBA
Tras casi una década de ostracismo, en donde el PJ local volvió a perder una elección provincial en 1995 con la ausencia absoluta de De la Sota y la candidatura de un técnico extrapartidario, el líder histórico del peronismo en la provincia volvió a presentarse a elecciones en 1998, repitiendo la fórmula de las anteriores disputas electorales.
Ahora la experiencia pasó a llamarse Unión por Córdoba y convocó en el mismo espacio a las, hasta ese momento, dos principales fuerzas opositoras de la provincia: el PJ y la UCD, de clara estirpe liberal y alineada al gobierno nacional de entonces.
Además de estos socios mayoritarios, integró también Unión por Córdoba en las elecciones de diciembre de 1998 el partido de origen desarrollista APEC. Así, ampliando el abanico desde el progresismo económico hasta el liberalismo conservador, Unión por Córdoba hizo su bautismo de fuego respetando una regla de oro de los nuevos partidos de corte electoralista: el papel del partido de todo el mundo es hoy procurar el acuerdo, el consenso .

A esto le siguió una profusa campaña comunicacional que tuvo como eje proselitista una medida con una “absoluta primacía de las consideraciones tácticas a corto plazo” : una rebaja impositiva del 30% en toda la provincia. Ésta, más otras ofertas electores de corte genérico, remarcaron la fuerte desidiologización política que, en palabras de Kirchheimer, no significa más que privar a la ideología “de su puesto de centro motor en la fijación de objetivos políticos” . Más aún, si tenemos en cuenta que, como señala Abal Medina, la ideología es “la forma que tenemos de ver el mundo, un conjunto de ideas sobre como son y cómo deberían ser las sociedades”. Así pues, para la alianza Unión por Córdoba –integrada por peronistas reconvertidos, liberales conservadores y laxos desarrollistas- la visión sobre cómo debía ser la sociedad era clara: con 30% menos de impuestos.

Este fenómeno –acompañado por la desvalorización creciente del miembro individual y el esfuerzo por establecer lazos con diversos grupos de interés, aún con aquellos que habían sido enemigos históricos del partido- fue apuntado por Ricardo Gutiérrez en Desindicalización y cambio organizativo del peronismo , cuando señala que “a comienzos de 1988, luego de que los representantes de las 62 Organizaciones Peronistas y los dirigentes políticos ‘ortodoxos’ fueran desplazados de la conducción partidaria, se presentó una situación en la cual, por primera vez en su historia, el peronismo no era controlado ni por el líder carismático ni por el sector sindical, sino por una coalición de dirigentes políticos”.
Y esa reconversión, según Gutiérrez, “fue acompañada por una transformación del perfil doctrinario-prográmatico del partido”, que se vislumbra claramente en el continum histórico del Justicialismo en Córdoba desde 1987 a esta parte .

La elección del 20 de diciembre de 1998 demostró que la apuesta electoral del candidato José Manuel De la Sota tuvo, tras dos intentos frustrados, el resultado esperado. Después de 15 años de hegemonía radical y tras 25 años de no ganar una elección en la provincia, la coalición electoral Unión por Córdoba se quedó con el triunfo por una distancia de casi 10 puntos porcentuales por sobre el candidato de la UCR.
Apenas asumido el nuevo gobierno, no sólo se hizo efectiva la propuesta de orden técnico que prometía una rebaja impositiva, sino que se presentó ante la sociedad una ley de tipo estructural: La Ley del Nuevo Estado, impulsada por el flamante Ejecutivo, elaborada por técnicos de la ya citada Fundación Mediterránea y con la clara intensión de transformar la estructura estatal. La Ley tenía como pilares fundamentales la privatización de la banca pública y de la empresa de energía estatal y la concesión del juego de la provincia a manos privadas. Claramente, como señala César Tcach, “el cath all party latinoamericano (…) opera condicionado por la necesidad de respetar su regla configurativa número uno: evitar la sobrecarga de demandas al Estado” .

No obstante, frente al rechazo mayoritario que generó en la sociedad las privatizaciones de las empresas públicas –rechazo motorizado por las magras experiencias vividas a nivel nacional- el gobierno de José Manuel de la Sota hizo marcha atrás en sus intentos por pasar a manos privadas el Banco de Córdoba y la Empresa Provincial de Energía de Córdoba. Esto, debido a que, como el partido de carácter atrapatodo “se esfuerza por abarcar la parte más amplia posible del electorado” y como “su objetivo es llegar al gobierno y permanecer en él” , está sometido a múltiples limitaciones y a consideraciones tácticas cambiantes.

11 meses después, la coalición gobernante revalidó su título de fuerza mayoritaria de la provincia de Córdoba en las elecciones para elegir intendente de la capital provincial, ciudad gobernada desde 1983 por el radicalismo. En ocasión de la campaña electoral, la maquinaria publicitaria de Unión por Córdoba puso nuevamente en funcionamiento una estrategia similar a la llevada durante la campaña a gobernador y fue más lejos aún. Hizo explícito mediante su discurso publicitario el peso reinante de las demandas sociales y la elaboración de la plataforma política en base a éstas. Concretamente, la publicidad electoral que ‘ofrecía’ a Germán Kammerath como candidato a intendente –pese a que éste había asumido su cargo como vicegobernador hacía apenas 3 meses- decía, haciendo gala de la ‘dictadura de la opinión pública’ propia de estos procesos:
“La gente lo dice y Kammerath lo hará. Germán Kammerath llevó a cabo la Consulta al Ciudadano (…) Los más de 440 mil cordobeses que respondieron a la Consulta señalaron que el horario limitado de funcionamiento de los servicios públicos era el origen de la mayoría de sus problemas”, por lo que la principal propuesta electoral se reducía al slogan de campaña: “Córdoba 24 horas”.
Oferta sin identidad partidaria, promedio de las supuestas demandas sociales recabadas mediante encuestas de tipo cuantitativo, soluciones técnicas a problemas de índole político y ampliación exacerbada del hipotético electorado confluyeron en una sola campaña electoral: la de la acabada coalición electoral Unión por Córdoba.

Las campañas subsiguientes confirmaron la supremacía de Unión por Córdoba y la ampliación de su base electoral a partir de la suma de nuevos socios –la coalición electoral pasó de los tres socios iniciales a más de una decena de partidos de exigua vida electoral en septiembre de 2007 -. Incluso, este último hecho desdibujó por completo la ya desfigurada identidad partidaria que el peronismo había tenido hasta después de 1998.
No obstante, es válido remarcar que la estrategia electoral asumida por el Partido Justicialista fue, sobre todo a partir de las elecciones del año 2003, reproducida por buena parte de los otros espacios políticos competidores de la coalición. De tal modo, ya en los comicios de hace 4 años pueden identificarse similares propuestas electorales entre las distintas fuerzas. Por entonces, la mínima estrategia de diferenciación de Unión por Córdoba se basó en un slogan que amalgamaba por igual calidad y cantidad: “Para hacer más y hacerlo mejor”.
Cuatro años después, en ocasión de las elecciones a gobernador de 2007, por primera vez las tres principales fuerzas que pugnaban por el Ejecutivo provincial coincidieron en términos absolutos en sus propuestas de campaña: Educación, seguridad, salud y empleo. Lo que, en palabras de Kirchheimer, “pone al descubierto una debilidad”, ya que de esta forma, los partidos atrapatodo se exponen “a los mismos riesgos con que se enfrentan todos los productores de bienes de consumo: la competencia produce casi el mismo artículo” .
Tan similar fue el producto, que tras un denunciado supuesto fraude, Unión por Córdoba obtuvo su triunfo por tan solo 1 punto porcentual frente a su inmediato competidor: un descenso de un 14 % de votantes en comparación a la elección al mismo cargo de cuatro años antes. Sin más, el riesgo de ofrecer el mismo producto de la competencia.
































BIBLIOGRAFÍA GENERAL UTILIZADA:

Hernán Vaca Narvaja. El candidato. Biografía no autorizada de José Manuel de la Sota. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. Año 2001.

Otto Kirkeimer. El camino hacia el partido de todo el mundo. En Kart Lenk y Franz Neumann, Teoría y sociología críticas de los partidos políticos. Editorial Anagrama. Barcelona. Año 1980

Juan Abal Medina. Los partidos políticos: ¿un mal necesario? Capital Intelectual. Buenos Aires. 2004

César Tcach. En torno al ‘catch all party’ latinoamericano. En Los partidos y la transformación política de América Latina. Ediciones FLACSO. Chile. Año 1993.

César Tcach. Radicalismo y ‘catch all party’: del partido de masas al partido electoral. En revista Política y Gestión, volumen 4. Universidad Nacional de San Martín. Ed. Homo Sapiens. Rosario. Año 2003.

Angelo Panebianco. Modelos de partido. Alianza Editorial. Madrid. Año 1990.

Inés Pousadela. Los partidos políticos han muerto. ¡Larga vida a los partidos! En ¿Qué cambió en la política argentina? Isidoro Cheresky y Jean Michel Blanquer –compiladores-. Homo Sapiens ediciones. Rosario. Año 2004.

Ricardo Gutiérrez. Desindicalización y cambio organizativo del peronismo argentino. 1982 – 1995. En www.

Andrés Malamud. Partidos Políticos. En www.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

ROBERTO FERRERO

Córdoba pasada por la historia

Prolífico tanto de palabras como de libros publicados, el historiador Roberto Ferrero –considerado por muchos el mejor de la provincia-, traza una panorama sobre distintos hechos y personajes de la provincia.
Además, asume que su rol científico puede estar acompañado por su posición política y que ningún historiador es ‘objetivo’.

QUÉ SOMOS A LA LUZ DE LA HISTORIA
_De Córdoba se ha dicho de todo: clerical, conservadora, rebelde… Y mi duda es saber si desde los hechos históricos es posible interpretar la esencia de una sociedad.
_Pienso que es posible hacer un trazo grueso sobre la esencia de Córdoba, pero no entrar en detalles. De modo genérico, vos tenés observaciones sobre hechos históricos. Córdoba tiene una naturaleza dual, que ha visto mucha gente. La vio José Ingenieros cuando dijo que acá se juntaba la democracia ecuestre y el interior jerárquico y peronista. También Alfredo Orgaz habló de la bifacialidad de Córdoba: de Córdoba al Oeste es otro país: jerárquico, más hispánico. Y de Córdoba hacia el puerto, la pampa, la llanura, la libertad del gaucho. También Montserrat en un librito que se llamaba ‘Tradición y Modernidad’ y Alfredo Terzaga en artículos de ‘Todo es Historia’ dan esta visión. Y el último fue José María Aricó, que habló de Córdoba como una ciudad de fronteras, Córdoba entre el país litoral y país mediterráneo. Todos han dicho lo mismo: acá se chocan dos países, aquí termina la llanura agraria y empieza el país interior. Ahora se nota menos, pero hasta 1810 era neta la división: en Córdoba al Norte y al Oeste pesaba la sociedad que mantenía más la tradición hispánica, más clerical, más organizada jerárquicamente, donde las clases dominantes eran los terratenientes y los grandes comerciantes. Para el otro lado empezaba un país pastoril, con el gaucho vagando libremente, un país que quería ligarse al mercado mundial, especialmente Inglaterra, para vender sus ganados “y sus mieses” como diría Leopoldo Lugones. Y Córdoba, por ser el lugar de encuentro de estos países, tiene esta bifacilidad. Que da lugar a que sea tan cierto lo que decía Sarmiento –que era una ciudad clerical, conventual, llena de Iglesias y de cruces que se veían desde lejos cuando él venía desde Buenos Aires, como señalaba en el Facundo- y que también sea una ciudad que tiene la tradición del Deán Funes, que trajo de España toda la obra de los enciclopedistas, la reforma de los planes de estudio de la Universidad, la conquista del Cabildo en 1808 por su hermano Ambrosio, que representaba a los liberales contra el sector más tradicionalista de los Díaz y los Allende. También Brigadier Bustos, que instaló el juramento laico para el gobernador, ya en 1820 no se juraba ni por Dios ni por los santos evangelios. Además, estableció la junta popular de escuelas, trajo la imprenta que se habían llevado a Buenos Aires, permitió la impresión de varios periódicos en la misma imprenta –algunos en contra de él-. Es la tradición de la Reforma del 18, del Cordobazo. Esa es una. La otra es la vieja Universidad clerical. Esa tradición es curiosa porque se da incluso en los mismos matrimonios. Los liberales de Córdoba –Juárez Celman, Del Viso, Ambrosio Olmos- tenían esposas muy católicas, estaban casados por iglesia, pero ellos eran liberales en política. Eso hizo que en 1918 los muchachos reformistas fracasaran en la primera elección para elegir Rector. Llevaban como candidato a Enrique Martínez Paz, que era liberal y con él habían comprometido el voto de varios liberales. Y sorpresivamente salió elegido Antonio Nores, del riñón de la oligarquía. ¿Qué había pasado? El Arzobispado, a través de las mujeres, había influenciado en varios liberales que votaron finalmente por Nores. Hasta en esas cositas se ve la bifacialidad.

¿Y cómo ha influido esta bifacialidad, en palabras de Orgaz, en la idiosincrasia del cordobés?
Es difícil que lo veamos hoy como en aquella época. Podemos decir que los sectores populares son irreverentes, no clericales. En cambio, en un sector de las clases altas tradicionales se mantiene aún la militancia católica. Pero no creo que se dé en una misma familia. Aunque por ahí sale algún loco de la aristocracia, un Garzón Maceda, el mismo Deodoro Roca, pero en general hay cierta cohesión. Las clases medias son más modernas, más movedizas, producto de la industrialización y de la democratización del poder, la economía y la cultura gracias a Yrigoyen.

A LA LUZ DE LA REBELIÓN
_¿Cómo influye en este panorama las dos mayores gestas que tuvo Córdoba en el siglo pasado? Me refiero a la Reforma y al Cordobazo. ¿Dejan rastros pasado el tiempo o son eventuales para la identidad cordobesa?
_Yo conozco más de la Reforma. Y la tradición reformista, que era latinoaméricanista, antiimperialista y democrática, queda pervertida en el año ‘30 cuando se vuelve contra Yrigoyen, que la había hecho triunfar. Curiosamente los reformistas se volvieron anti yrigoyenistas. Y lo que los arruinó del todo fue la Segunda Guerra Mundial, donde abandonaron toda perspectiva latinoamericana y en lugar de plantear las disyuntivas de nación o colonia, los tipos quedaron embretados en una disyuntiva que nos era ajena: democracia o fascismo. Acá no era así, esa disyuntiva era falsa, porque la democracia significaba la defensa de los intereses de Estados Unidos e Inglaterra. Y fascistas había, pero no había fascismo. No había inversiones ni del imperialismo alemán ni del imperialismo italiano. En el año 30’ la Reforma abandonó todas sus tradiciones latinoamericanas y reformistas y quedó simplemente una cosa formal, ritual, para festejar el 15 de julio. Pero su contenido poco y nada tenía que ver.

_¿Y para aquel entonces el movimiento reformista seguía encabezado por Deodoro Roca?
_Es curioso, porque el papel de Deodoro Roca fue contradictorio: él encarnó la Reforma y después la vació. Una cosa parecida a la de Stalin: encarnó la revolución y después la contrarrevolución.

_De Stalin algo se sabe, ¿pero lo de Roca en qué contexto se explica?
_Simplemente por el hecho de que la Reforma era un movimiento de las clases medias. Todo esto hay que explicarlo en el curso de las primeras décadas del Siglo 20, con el surgimiento de las clases medias, que surgen en una estructura dominada por una elite conservadora, que si bien hasta 1890 había sido progresiva –porque la Generación del 80’ puso los 4 pilares fundamentales de la Argentina, que son: La capitalización de Buenos Aires, la Conquista del Desierto, la inmigración de masas y la secularización de las instituciones-, después se apoltrona. Y la Argentina del Centenario es una Argentina que se enriquece rápidamente y sobreviene una gran prosperidad en el litoral atlántico, que queda en manos de la oligarquía argentina. Y eso da lugar a una clase media artesanal, pequeño comercio, profesional, hijos de inmigrantes. Todo eso que San Martín llamó con asco el ‘aluvión zoológico’, viene a la Argentina y forma el embrión de la clase media. Y sus hijos son la primera generación argentina de clase media, que no se conforma con esa estructura de piedra de la Argentina oficial, sino que quiere participar política y económicamente. Y a medida que se va enriqueciendo aumenta sus pretensiones. En 1912, el Grito de Alcorta, la gran movilización agraria que logra mejorar las condiciones de la clase media arrendataria, es un paso. Y en 1916, con Yrigoyen, la clase media logra su acceso al poder. Sólo faltaba el acceso a la cultura: eso se logra en 1918. Y la presencia de la clase media pujando para que sus hijos entraran en las universidades se une al hecho de que la Reforma inmediatamente se desparrama por La Plata, Buenos Aires, Santa Fe, Rosario. En todas las universidades prende la Reforma Universitaria. Ahora bien, cuando la Reforma consigue sus objetivos, pierde su empuje. Porque la Reforma tenía dos componentes: uno de reivindicaciones posibles y otro utópico, latinoamericanista. Al concretarse el inmediato, la clase media se hace más conservadora con respecto a los objetivos inmediatos. Y lo latinoamericanista queda como una utopía para los días de celebración. Y la Reforma consigue sus principales objetivos en el 55’ al colaborar con la ‘Revolución Libertadora’, que les da el gobierno tripartito, la autonomía, la extensión, la cátedra por concursos. Ahí llegó al máximo. Tanto que la oposición queda en manos del integralismo. Muchos se dieron cuenta que la Reforma se había hecho conservadora y oficialista. Echaban agua al incendio. El Integralismo tomó sus fuentes mientras la Reforma vació su contenido. Recién en los ‘60 vuelve al origen.

_¿Tendrá que ver con ese mito popular que dice que uno a los 20 es incendiario y a los 60 bombero?
_No. Algunos a los 25 años ya son bomberos, mientras que San Martín, Bolivar, Marx o Lennin murieron pensando lo mismo. Yo no sé si esa será una verdad estadística, pero me parece que es más una auto justificación de los que abandonan sus ideas.

_¿Y alguno de los líderes se mantuvo en su cauce original? ¿Taborda, Orgaz, Bermann?
Ninguno. Hasta cierto punto es rescatable la figura de Saúl Taborda, que tomó otros caminos. Se salvó porque se ligó a gente como Scalabrini Ortiz, Jauretche. Cuando llega a viejo, en el 42’, 43’, se encuentra con Jauretche. En esa época FORJA logró hacerse de la dirección de la FUA, proclamó el neutralismo en Argentina, ni aliados ni nada. En el 39’ se hizo el pacto entre la Rusia Soviética y la Alemania nazi. Y eso da lugar a que los partidos comunistas dejen de hablar tanto contra Hitler y a favor del Imperialismo inglés y se vuelvan neutralistas y apoyan a la gente de FORJA, sobre todo en Buenos Aires y La Plata –acá eran muy pocos, Mario Roberto, legislador sabattinista y alguno más-. Y Taborda engancha con ellos, en cambio los otros son aliadófilos. Deodoro Roca llega a decir que las alas de Inglaterra representan la salvación de la libertad.

AMADEO
_ En esta charla ha nombrado más de una vez a Amadeo Sabattini, otro cordobés destacado. Y sobre todo, neutralista.
_Sí, neutralista, por eso fue llamado fascista por Bermann y por todos los reformistas, excepto Taborda. Los reformistas lo atacaron, pero Taborda no y aceptó un curioso puesto en la Dirección de Turismo, él era filósofo y pedagogo pero estuvo ahí. Y le pregunté a su hijo, Gabriel, y no sabía el porqué. Pero él apoyó a Sabattini y fue uno de los grandes creadores junto con Sobral, Montenegro y otros del Instituto Pedagógico y del Garzón Agulla durante el gobierno de Santiago H. del Castillo. Fue un modelo único en Argentina, el máximo orgullo del radicalismo sabatinista, que era yrigoyenista.

_Y volviendo a Sabattini, ¿cómo se podría caracterizar la época del radicalismo en Córdoba con Sabattini y Del Castillo a la cabeza?
_En dos palabras: progresista y antiimperialista –porque hay muchos antiimperialistas que son de derecha-. Sabattini unía esas dos vertientes muy interesantes, con lo cual él probaba que no siempre lo nacional era antidemocrático ni lo democrático antinacional. Él pudo unir eso: lo democrático, lo progresista con el espíritu nacional y antiimperialista. Defendió las riquezas de la provincia, declaró reserva del Estado las minas de Uranio de la provincia, cuando vino el contraalmirante Galíndez a verlo para que privatizara la energía eléctrica lo echó de su despacho. Era un tipo de muy buenas posiciones, junto a Del Castillo. Pero eran únicos, en todo el resto del país el radicalismo era alvearista. Acá en la ciudad tenía la oposición de Latella Frías, que siempre le ganaba en Capital. Fue un fenómeno interesante el de Sabattini, porque en las épocas en que las clases medias eran aliadófilas se daba una versión del radicalismo yrigoyenista nacionalista en Córdoba. ¿Qué pasaba? Él se apoyaba en la clase media gringa. Eran épocas del auge del fascismo. En la pampa gringa surgieron centros fascistas – San Francisco, Morteros, Villa María-, pero no porque fueras fascistas reaccionarios y te fueran a meter aceite de ricina, sino en el sentido del patriotismo italiano. Mussolini les hablaba de la recreación del Imperio, de la grandeza de Italia. Mussolini tenía una oratoria extraordinaria –igual que Perón, que le copió cuando estuvo allá-. Y Sabattini era de origen italiano y presentaba un panorama anti inglés y anti yanqui y entonces esta gente, por otros motivos, se constituye en su base electoral. Esa es la explicación del fenómeno nacionalista de Sabattini. Duró poco, ya que en el 55’ pierde el control de su propio partido a manos del ala liberal.

_También Sabattini fue criticado por haber sido condecorado por Mussolini.
_Sí, fue condecorado, porque Sabattini y Yadarola colaboraron con sus anillos de oro en la colecta para mandar dinero a Mussolini. Ojo, también hay que tener en cuenta otras cosas: no es lo mismo lo que se conocía de Mussolini y de Hitler en ese momento que lo que se conoció después cuando se abrieron las tumbas colectivas. Y de Mussolini mucho menos, porque es una especie de fascismo atemperado. Imaginate que Benedetto Crocce, que era el jefe del ala liberal, vivió en su casa tranquilamente siendo opositor al régimen. Nunca lo molestaron. Las leyes antisemitas se dictaron recién en 1938 por presión de Hitler y casi nunca se aplicaron. En general, el pueblo católico protegía al judío. Mussolini, en una entrevista que le hacen en el 36’, dice que tiene 17 generales judíos en el Ejército. No hubo cámaras de gas y al final no pasó de echarlos de los puestos públicos.

_Y volviendo a Sabattini, ¿qué quedó de ese sabattinismo en el radicalismo posterior?
_Nada. Sólo quedó Ernesto Aracena, que fue candidato al Tribunal de Cuentas de Mestre(h). Tiene un grupito que se llama Movimiento Yrigoyenista, y el tío de él, en la época de Angeloz, siempre amenazaba con ir a internas. Y entonces Angeloz, para evitar todo el gasto, le decía: “Bueno ‘Caimán’, ¿qué querés ser?”. “Y bueno –respondía él- diputado provincial…”. Y le daba el último lugar de los que podían entrar. Eso es todo lo que queda. La tradición sabattinista murió.

EL PODER Y LOS INTELECTUALES
_En Filosofía y Nación, José Pablo Feinmann dice que el mayor desencuentro del Siglo XIX fue de Alberdi y Rosas, ya que cada uno representaba el complemento del otro. En sus escritos, intuyo un paralelismo con esta idea: que el mayor desencuentro en Córdoba durante el Siglo pasado fue entre el peronismo y los reformistas.
_Claro, es una continuación del divorcio que marca Feinmann. Pero la generación de Alberdi y del Salón de Echeverría se acercó a Rosas y trataron de establecer una especie de despotismo ilustrado, donde Rosas fuera el ejecutor y ellos proporcionaban las ideas de modernización. Pero Rosas les falló, representaba la oligarquía más rancia y dura. Mucho después, Alberdi hizo una monografía sobre la unidad de América Latina y ahí ensalzaba a Rosas por su resistencia al bloqueo –hecho por el cual San Martín le dio el sable-. El divorcio entre la ‘intelligentzia’ y el movimiento popular es muy típico de Argentina y no se da en otros países. En Perú o Bolivia la inteligencia se ha unido a las clases populares, pero acá llevamos esa maldita cruz durante décadas. Los movimientos populares son pobres en intelectualidad. ¿Quién había en el Yrigoyenismo? Borges, que después se arrepintió, Laclau padre. Nadie más.

Más acá en el tiempo, pienso en los hermanos David e Ismael Viñas y su acercamiento al frondicismo, con el que duraron poco.
Sí, pero no se si puede hablar del frondicismo como un ala radical, porque se apartó pronto, se ligó a otra nueva orientación, la de Frigerio – ex PC- , quien proporcionaba una visión del desarrollo argentino que se basaba en la visión soviética de la coexistencia pacífica. Frondizi abandonó el Programa de Avellaneda, un programa antiimperialista que no podría haber aplicado porque estaba cercado por el Ejército gorila del 55’. Se lo confesó a Félix Luna. Cuando éste le preguntó cuál había sido su mayor error, Frondizi dijo que haber ganado las elecciones y haberse hecho cargo del poder en el 58’. No estaban dadas las condiciones para que él pudiera llevar adelante ese proyecto y tomó un atajo a través del proyecto que le proporcionó Frigerio, el desarrollo del país con ayuda de las inversiones imperialistas. Frigerio decía que la coexistencia pacífica había hecho desaparecer el peligro de una guerra atómica y que entonces la Unión Soviética y Estados Unidos iban a competir en el plano económico. Y que Estados Unidos, por temor a que pasara lo mismo que en Egipto, donde la URSS financiaba el desarrollo, por temor a ello, ellos nos iban a ayudar. Y fundaron muchas esperanzas en la Alianza para el Progreso y los créditos oficiales. Es difícil establecerlo como una variente del radicalismo.

_Bien, pero volviendo a la nunca realizada alianza entre la clase dirigente argentina y la clase intelectual y tratando de buscar mayores ejemplos, quizás el último encuentro haya sido entre el alfonsinismo y el grupo de Juan Carlos Portantiero y el famoso discurso de Parque Norte.
_Sí, se alió con Portantiero y Aricó (José María) y les entregó el Conicet y la UBA. Pero más de eso no pasó. Además fue una alianza ‘descafeinada’, porque Alfonsín, después del Juicio a las Juntas, aceptó la dependencia del país tal como estaba, sometido al imperialismo. El no se propuso cambiar las relaciones de fuerza, simplemente las aceptó y estableció una democracia dependiente, semi colonial. El posibilismo. Es difícil juzgar si se podía hacer algo o no. Por ahí uno dice que se capituló, pero habría que ver sino no fueron realistas y las condiciones no daban para otra cosa. Quizás hubiera sido posible mantener las tradiciones a nivel teórico, pero a nivel operativo no sé.

LOS NUEVOS EN LA HISTORIA
_Mucho se ha dicho ya de la fiebre neo revisionista en Argentina. ¿Cuál es su opinión?
_Los neo revisionistas no hacen más que repetir las cosas de Jauretche y Jorge Abelardo Ramos. No han descubierto nada, sólo que tienen más olfato para el mercado. Y nada más. Las cosas que dice Pigna ya han sido dichas.

_¿Y a que se debe el furor social por volverse a la historia? ¿Se explica sólo desde el mercado?
_No, hay un interés genuino de la gente. Y el abordaje que hacen ahora es más sencillo que en las épocas más ideologizadas de Ramos o Scalabrini Ortiz. Es más fácil para la gente. Luis Alberto Romero, que lo encara desde el academicismo, lo ve despreciativamente como ‘revisionismo de mercado’. Yo no lo veo tan mal, hay que ver el efecto positivo: ayuda a la gente a reinteresarse por la historia. Y sino conocés la historia, estás frito. A muchos le han adjudicado esta idea de que el que no conoce la historia está obligado a repetirla. Pero es cierto. Y esta gente, estos neo revisionistas, hacen una obra positiva, más allá que ellos lo materialicen en forma inadecuada. Como esta serie que ha hecho Pigna con Pergolini. Tendría que haber buscado un tipo más serio… no es un interlocutor válido, Pergolini no sabe preguntar y no tiene conocimiento.

_¿Y qué pasa en Córdoba con el neorevisionismo? ¿Aquí también fue todo dicho?
_No, nunca está todo dicho. Siempre se pueden encarar las cosas desde otro punto de vista. Lo que pasa que en Córdoba no hay neorevisionistas, yo soy el único. Por eso cuando quieren alguna cosa novedosa me invitan. Y los demás se dividen en dos ramas: los tradicionalistas –que tienen el discurso de siempre: Belgrano, San Martín, una historia escolar- y por otro lado los posmodernistas, que se caracterizan por investigar un periodo corto. Por ejemplo, están en contra de los ‘grandes discursos’. Están a favor de una historia más corta, cuestión que no sólo se explica como una cuestión ideológica: son financiados por Conicet o Clacso u otra institución. Y se les exige producción. Y así, periódicamente emiten un librito de muy poca utilidad. Por ejemplo: ‘Los liberales de Córdoba de 1873 a 1875’ o ‘La historia del pájaro carpintero en Traslasierras entre 1905 a 1907’. Saben mucho, pero es un corte hecho con dos cuchillos. Y se leen entre ellos, la gente no los lee. Sólo sirven para justificar la beca. Son investigadores, no historiadores. Y no producen para el común de los mortales. Hay que tener una visión, una perspectiva para atrás y para delante. Es mi idea, la de un historiador hecho a poncho.

LA CIENCIA Y LAS POSICIONES
_Una de las cuestiones que más se destacan en los historiadores academicistas, formados con métodos rigurosos de la historia, es esta búsqueda de neutralidad valorativa. Esa idea de pretender ser un observador externo, como si fuera posible. Eso en su caso no pasa.
_En mi caso no pasa. Yo pertenezco a la escuela de Jauretche y Jorge Abelardo Ramos. Esa es la mía. Yo lo digo y los cito. No creo que exista la neutralidad absoluta. Lo que existe es la honradez. No se debe deformar fechas, pero la objetividad desaparece en el momento mismo en que vos seleccionas un hecho. Si vos considerás importante un hecho y otro no, ya hacés una selección. Si vos dedicás, como don Efraín Bischoff, un párrafo así de pequeño a los reformistas del año ‘18 y en cambio otro así de grande al gobierno conservador de Rafael Núñez, vos no sos objetivo, ya has hecho una valoración. U otros autores que suprimen hechos, algo que es muy deshonesto. Vos podés decir: ‘Tal era un h… de p…’, pero no lo podés ningunear y hacerlo desaparecer de la historia. Eso es stalinista.

_Usted integra la Junta de Historia de la Provincia. ¿Cómo es ahí la relación entre los historiadores?
_En la Junta de Historia no hay discusión. Es más bien de orden administrativo. El gobierno pide un informe sobre un escudo para la localidad de Luque y entonces alguien dictamina cómo debe ser: una rueda y una espiga… Alguien lee una comunicación. Pero no hay discusiones sobre líneas históricas. Toda gente muy educada, muy tolerante entre ellos. Cada uno sabe lo que piensa el otro y no hay peleas.

_Por lo tanto, es muy aburrido…
_Sí, es bastante aburrido.

_¿Y por qué sigue?
_Estoy por inercia. Voy poco, dos o tres reuniones al año.

_ ¿Y cuál es la función concreta de la Junta?
_Es un organismo paraestatal, elige sus propios miembros por votación secreta. Y la función es asesorar al gobierno, organizar congresos y después editar grandes tomos. Pero no hay funciones investigativas. Somos 24. Y somos amigos todos. Hay buen trato.

_Una cuestión obvia es la relación inexorable entre los historiadores el pasado. ¿Pero cuál es la vinculación del historiador con el presente? ¿El historiador tiene que esperar que el tiempo pase o puede pararse en el presente?
_Eso depende de la actitud política. Yo siempre he actuado políticamente. Acá organizamos el partido de Jorge Abelardo Ramos. Y hay otros que nos. Bustos Argañaraz, que también está en la Junta, ha sido de la UCD. No es ni mejor ni peor una posición u otra. Pero no es obligatorio dejar pasar los años. Es bueno dejarlos pasar, no desde el punto de vista político, sino por la perspectiva y la documentación. Sino se cae en el periodismo.

RECUADRO
ANIMARSE AL COLORADO
_ Hoy usted debe ser el único intelectual que se anima a citar a Jorge Abelardo Ramos, después de la reconversión de este dirigente de izquierda hacia el menemismo al final de su vida.
_Ha habido una diáspora de la izquierda nacional. Algunos abandonaron la militancia, muchos quedamos en la misma y otros se hicieron menemistas, funcionarios y ahí están… llenando nichos e poder. Y nosotros nos quedamos con el Abelardo hasta el año ‘89. Ya se ha dicho que “lo que la pluma ha escrito no lo borra el hacha”. Ha habido una larga discusión de por qué lo hizo, si fue biológica, si dejó de creer en las masas, que estaba muy viejo y no tenías más fuerzas. Yo creo que fue una mezcla de todas. Hoy da más lástima. Al principio nos indignó, pero con los años veo que el aporte de él fue fundamental.


RECUADRO
ALGUNAS DE SUS OBRAS
Abogado, autodidacta en Historia, Roberto Ferrero lleva más de dos decenas de libros publicados. Estos son algunos de sus títulos.

La mala vida en Córdoba.
Topografía curiosa en Córdoba.
Saúl Taborda (de la Reforma Universitaria a las Revolución Nacional).
El Navarrazo y la caída del gobierno de Obregón Cano.
Breve historia de Córdoba.
Historia crítica del Movimiento estudiantil en Córdoba (1918-1943).
Personajes y cuestiones de la Córdoba latinoamericana.
Leopoldo Lugones en San Francisco.
Historia, nación y cultura.

martes, 4 de septiembre de 2007

HUGO ‘SAPO’ CATIVA

Un Sapo de este pozo

De larga fama en estas tierras, estos días vio sacudida la tranquilidad de barrio por su última aparición artística en ‘El resultado del amor’, el nuevo film de Eliseo Subiela.
Hugo ‘Sapo’ Cativa, de intensos 65, recrea en esta charla su pasado y no piensa dejar los escenarios.

Es considerado unos de los mejores exponentes del humor cordobés. Pero nació en Santiago del Estero.
La mayor parte de su vida la pasó a media cuadra de la cancha de Instituto, club del que fue jugador –con el 9 en la espalda hasta los 18 años- y dirigente. Pero se identifica más con Talleres.
Hace años que pisa las tablas del país y es respetado por sus pares como uno de los mejores. Pero recién ahora, a los 65 y de la mano de Eliseo Subiela, debuta en cine.
Parece un atorrante de esos que inundan Córdoba y la noche. Pero es un bohemio lleno de melancolía y poesía.

Hugo. El Sapo. Cativa. A quien el frío le trajo algunos problemas de salud pero un alumbramiento inesperado: su debut en cine en este invierno cruel.
Por estos días se está estrenando en todo el país ‘El resultado del amor’. Eso hizo que el Sapo, por su primera incursión en la pantalla grande y de la mano de uno de los más grandes directores argentinos, ganara buen espacio en los medios.
Pero acabado el estruendo del estreno, todo vuelve a la normalidad de Alta Córdoba, su barrio de casi toda la vida. En una de esas siestas, sol a medias, blanco descorchado, hablamos con él.

EL SAPO DE CÓRDOBA
A sólo media cuadra del Monumental de Alta Córdoba está su casa, la que habitó desde los 11 años con la familia y en la que vive ahora. Pero se siente más azul y blanco por su amistad con otro icono de la Córdoba de entonces, de la de siempre: el Daniel.
“Mi primer trabajo discográfico llevaba el nombre de él, porque Córdoba cumplía 400 años y el título del disco fue ‘De Jerónimo Luis de Cabrera a Daniel Willignton, 400 años de buen humor cordobés’, con las imágenes de Cabrera y la foto del Daniel” cuenta Cativa, recordando los inicios en los 70’

Inicios a los que les siguieron 17 discos -más los compartidos-. También libros. El último, recién salido, no es de humor, sino de poesía, asesorado y prologado por su amigo Alberto Cortés, a quien conoció en Córdoba hace años.
Y tiene en vistas otra grabación. Pero tampoco de cuentos. Quiere grabar un disco de poemas propios en homenaje a sus amigos. Están en un cuaderno Gloria que me muestra, todo escrito, el cuaderno, con lapicera azul. Pretende recitarlos y musicalizarlos. Y no descansa.

_Humorista, ahora actor, libretista, gran improvisador. ¿De qué te nutriste? –es imposible hablarle de usted-.
_De mi vida.

Cativa es mucho más de lo que se sabe. Debutó, como la mayoría de los grandes, en Cosquín. Después el mismo Julio Márbiz –ahora Mahárbiz- lo convocó para hacer Argentinísima. Más tarde Pipo Mancera se lo llevó a Buenos Aires. Y allá se quedó a vivir durante 20 años.
Pero en el interregno, mamó la Córdoba que siembra nostalgia en los que pasan las barrera de los 50. Vecino, amigo y aprendiz de los Bombos Tehuelches, los considera los precursores del humor autóctono. También fue el ‘dueño simbólico’ de El Boliche de Santiago, una iglesia pagana para los nocturnos, bohemios y soñadores de Córdoba, ahí sobre la Castro Barros: “Sí… ya no existe más… Estuve ahí prácticamente desde que se abrió… y todos creían que el Boliche era mío. Antes iba la familia. Ahora los negros van a chupar a los bares nomás…”.

Además, fue parte de ‘El Viejo Bodegón’, una peña donde se juntaban él, el Negro Álvarez, Alberto Cognini y otros tantos. Precisamente, junto al último estuvo desde la parición misma de Hortensia, de la cual fue escritor, escribiente, cuestista. Como se quiera llamar.
Y de ahí su amistad con los otros grandes: “Fontanarrosa siempre decía que si Inodoro Pereyra iba al cine, el protagonista iba a ser yo. En el cine nunca lo pude hacer, pero sí en el teatro. Éramos íntimos” dice y reconoce: “Estuve llorando dos días seguidos…” refiriéndose a la muerte del rosarino, que cada vez que hablaba de humor cordobés nombraba al Sapo como emblema y por preferencia, indefectiblemente.

SAPO DE LA NOCHE
_¿Cuánto tuvo que ver la noche cordobesa en tu obra?
_Tuvo mucho que ver. En el libro hay anécdotas e historias sobre la noche cordobesa que me han pasado a mí y a mis amigos. Eso sirvió mucho para después. Muchos de las cosas que he escrito ya están traducidas hasta en catalán.

_¿Y cuánto hay de cierto en esas historias?
_Ehhh, 50 y 50…

_ Y en tren de comparaciones, ¿cómo está la noche ahora?
_La noche no es la de antes. Se acabó la milonga. Se ha perdido mucho por una cuestión comercial. Ahora hay personas capaces de orinarte en la pared cuando estás bailando. Era más divertido antes. Los amigos se juntaban con más asiduidad; salir a reírse, a divertirse.

_ ¿Y qué es lo que más se extraña de cuando eras protagonista de esa noche?, ¿genera melancolía?
_No es que la extrañe, la tengo como lindos recuerdo. Pero no es que las extrañes y no pueda vivir sin ella. Es el pasado. Pero no voy a dejar de vivir por recordar. Ya pasó, ya fue…

_¿No te seduce más la noche?
_No, ya no. Me gusta salir a cenar con mis amigos, jugar un partido de truco. Nada más. Pero por ahí estoy cenando, charlando de fútbol con mis amigos y viene la gente y me dice ‘eh Sapito, nos saquemos una foto’, ‘Sapo, contate un chiste’ y después termino comiendo la comida fría, no pude charlar con mis amigos.

_¿Entonces?
_Me hincha las pelotas, pero en cierta manera me debo a la gente. Hay momentos y momentos. El ‘contate un chiste Sapo’ es lo que más me envenena.

_¿Por qué?
_Porque yo no soy un artista callejero. Yo necesito un teatro y que me vengan a ver.

No piensa en descansar. Ni tampoco cree que lo hayan llamado en el crepúsculo de su carrera. Está esperando que pase el frío, recuperarse un poco de salud y a seguir con el show: “Me super ayuda. Hay que salir a trabajar hermano. Trabajos leves, sentado, con mi banqueta” dice

_¿No tenés ganas de descansar?
_¿De descansar? Si ya he descansado, hace tres meses que estoy descansando. Ya estoy inquieto.

EL SAPO DE BUENOS AIRES
“A Buenos Aires lo odio –afirma sentencioso- A mi me hizo mucho daño: salía todas las noches. Con el Flaco Menotti, con Cacho Castaña, con toda la banda esa…”.

_¿Te arrepentís?
_No, no me arrepiento, pero me gustaría estar sano ahora. Yo no me quejo. Pero me gustaría seguir sano

_ ¿Fueron 20 años de noche?
_20 años de noche. Recorriendo el país. Y un poco en Europa.

El país, por trabajo. Europa, porque el Sapo es de saltar alto, incluso el charco más grande: “Estuvimos navegando por dos años. Cruzamos el Atlántico con un velero con dos amigos. De Estados Unidos a las Islas Canarias y de ahí a África, al Mediterráneo, a Maruecos, a las Islas Baleares, a Sicilia, Cerdeña. Era un velero de 14 metros. Nos fuimos cuando terminó el Mundial 78 y volvimos en el ‘80” cuenta.
Y no era que el Sapo supiera mucho de navegación y por eso la aventura: “No sabía nada. Me preguntaron si quería venir y dije ‘vamonós’. Recién me separaba. Después actué en España, a unas cuadras de donde vivía Serrat, con quien después nos juntábamos…”.

_Cordobés por adopción, 20 años en el puerto. Pero sos santiagueño -sus padres lo trajeron a los 2 años- ¿Te queda algo de tu provincia de origen?
_No… lo único –dice imitando la tonada santiagueña- es que le ando esquivando al fuentón…

RECUADRO
LA PELÍCULA DEL DEBUT
En ‘El resultado del amor’, como ya han informado todos los medios provinciales y nacionales, Cativa hace de ‘El payado Paparulo’, clown que le enseña las destrezas de la profesión a la protagonista, encarnada por Sofía Gala.
Cativa tose bastante seguido cuando habla. Pero aclara: “Te aviso que la tos está grabada en la película. El personaje que yo hago es el de una persona enferma y tiene esta tos” asegura.
El cómo lo descubrió Subiela, él mismo lo dice, “ya lo he contado un millón de veces”. Lo concreto es que lo vio gracias al zaping y a la televisión. Lo llamó, se pusieron condiciones y filmaron: “Yo quería estar cómodo, evitar esfuerzos. Y me facilitaron todo. Nos pusimos de acuerdo (tose un poco más). Me dieron el libro, lo leí, lo aprendí en un anoche, soy muy memorioso. A los poemas de García Lorca me los aprendía en un día. Y ha salido una muy buena película”.

_¿Antes eras sólo un humorista? ¿O ya eras actor?
_No, actor no… aunque sí, en el escenario hacía unas cosas. Pero yo hago un unipersonal, la banqueta alta y hablo de mis cosas. Ni libretista tengo.

HERNÁN VACA NARVAJA

“Schiaretti asume rengo”

El periodista Hernán Vaca Narvaja, apenas asumida la derrota de Luis Juez, hace un análisis de los comicios y de la provincia que se viene.
La legitimidad faltante en el gobernador electo, las sospechas sobre el financiamiento de la campaña de la UCR y las diferencias y similitudes entre Schiaretti y De la Sota.


¿Cuál es la primera lectura que hacés de estas elecciones?
Si se confirman los datos oficiales, creo que es un triunfo a lo pirro, porque es un gobierno que va a arrancar con una legitimidad muy dudosa, con una diferencia sideral en los recursos que se utilizaron para la campaña entre uno y otro candidato. Y me parece que es un severo llamado de atención a cierta soberbia y a cierta actitud triunfalista demostrada a lo largo de la campaña. Me parece que aquí ha habido un voto castigo después de 8 años de gobierno que implica también un desgaste importante.

Y qué lectura se puede hacer sobre las demoras en la apertura de las mesas, que derivaron en esta pereza electoral.
Yo creo que, a esta altura y con la tecnología que impera en todo el mundo, que nos sigamos manejando con telegramas de correo, con fax y con un sistema electoral que no facilita para nada la participación ciudadana es un tema a revisar. Y es parte de esta reforma política que la gente pidió a gritos en 2001 que lo dirigentes no han sabido realizar. Sigue vigente la lista sábana, por más que se redujo la Legislatura. La gente ha dado clara muestras de participación, de independencia ciudadana a la hora de votar. Y creo que la crisis de los partidos tradicionales es una crisis terminal que no tiene retorno y habrá que poner atención en mejorar el tema electoral porque no puede ser que en los tiempos que estamos viviendo haya que esperar hasta las 5 de la mañana para saber quién ganó la elección.

El actual sistema electoral es, entonces, más que un problema tecnológico, un problema político.
Me parece que obedece a las prioridades. Hemos presenciado un verdadero festival de subsidios, vaya uno a saber con qué fines, con qué objetivos y con qué racionalidad. Y no se ha mejorado la calidad institucional de Córdoba, ni en el sistema electoral ni en las instituciones. La clase política tiene que tomar esto como un llamado para fomentar la participación ciudadana y no valerse de un sistema arcaico y caduco que genera este tipo de sospechas.

En ese sentido, apenas terminado los comicios, los integrantes del Frente Cívico admitieron un posible triunfo pero a su vez hicieron un enérgico llamado a cuidar las urnas. ¿Fue una sospecha prematura o una forma de atajar una posible derrota?
Creo que hace al control ciudadano de una elección. Yo insisto con la desproporción de recursos. Antes del comicio se difundió un relevamiento de una fundación privada donde se hablaba de la cantidad de inversión publicitaria de los candidatos de Córdoba. Entre el gobierno y Schiaretti se llevaron el 88.7%, detrás estaban Mario Negri, Eduardo Acastello, Eduardo Di Cola y por fin Luis Juez. Parece que la desigualdad de recursos derivó en la necesidad de preservar y contar con fiscales para que, ante la paridad que indicaban las encuestas boca de urna, no le robaran la elección.

EL 60 EN CONTRA
La primera lectura que se puede hacer de los comicios es que el 60% de los cordobeses votó en contra del actual gobierno y su candidato. ¿En contra de qué precisamente se expidieron estos cordobeses?
Me parece que la derrota de De la Sota en Capital es doble, es lapidaria. Todavía se le pasa la factura por lo de Germán Kammerath. Por otra parte, se ratificó la gestión a un candidato alterno pese a que la gestión de Juez no ha sido buena. Y en tercer lugar, Olga Riutort, a quien De la Sota le ganó a través de su delfín Roberto Chuit la interna partidaria, terminó ganándole la elección general. Ha perdido una interna abierta, donde el peso del aparato y el fraude que denunció Riutort, se dio vuelta. Es una derrota lapidaria para una concepción política autoritaria.

¿Y esta manifestación demuestra también un rechazo a la política de De la Sota?
No sé si la gente se ha planteado tan puntualmente estos temas. Me parece que 8 años gobernando son suficientes y que la gente optó por la alternancia sin estar enamorada del candidato por el Frente Cívico y Social. Juez en el Interior no logró hacer demasiado pie y tampoco logró hacer una buena gestión. Ha habido un voto que mezcla una necesidad de cambio y un voto castigo por la soberbia y el autoritarismo del candidato del oficialismo. La gente terminó votando en contra de esta actitud de soberbia. Y si bien el radicalismo hizo un papel decoroso con la candidatura de Ramón Mestre, fue absolutamente funcional a la ingeniería política de De la Sota. Le ha sacado votos a Juez y ha permitido que el oficialismo tenga 4 años más en el gobierno de la provincia.

Sin ánimos de hacer futurología, ¿cómo te imaginas que van a ser estos 4 años de Schiaretti sin haber superado el 40% de so votos?
Me parece que Schiaretti va a tener que tener un gesto de grandeza. Es un gobernador que asume rengo, con una legitimidad que dan las urnas que ha sido muy escasa. Va a tener que hacer un gobierno distinto, va a tener que abrir el juego y terminar con la pelea entre la Provincia y el Municipio. Va a tener que llamar a una concertación lo antes posible y buscar legitimar un gobierno que a todas luces asume con muy poca legitimidad.

¿Y cómo se prefigura el futuro de la UCR?, ¿tiene posibilidad de alternancia o su destino es sumarse al PN para evitar el mayor ascenso del PJ?
Me parece que el radicalismo está pasando una crisis terminal, que es la misma que están pasando los partidos tradicionales. Si algo ha mostrado esta elección es que el apego al voto peronista o radical no existe más. Los lineamientos políticos tienen más que ver con la credibilidad que inspiran ciertas figuras y no con la estructura partidaria. Si el radicalismo no cambia el discurso está condenado al fracaso.

Mencionabas recién la inversión publicitaria de la UCR. ¿Qué grado de veracidad se le puede otorgar a las versiones que indicaba que el mismo PJ habría financiado la campaña de Mario Negri?
A mi me gustaría que quienes lo han denunciado, sobre todo la gente de Juez, aporte las pruebas y la Justicia se ponga a investigar. Yo tengo indicios de que esto habría sido así, pero si tuviera la pruebas ya las hubiera presentado en la Justicia y publicado. Uno de los que denunció esto, Miguel Ortiz Pellegrini, ahora que fue electo legislador y por lo tanto tiene fueros, tiene que profundizar esa denuncia y aportar los elementos a la Justicia. Porque si esto ha sido así es un hecho grave. Y también es grave que a esta altura del partido aún no sepamos de dónde salen los cuantiosos fondos que se han gastado en esta campaña.

COMPARANDO
Como biógrafo de De la Sota y Angeloz, ¿qué similitudes se pueden encontrar entre estos dos hombres fuertes de la provincia y el gobernador electo?
Yo creo que De la Sota aprendió mucho de Angeloz, especialmente en lo que hace a caminar la provincia. De la Sota ha valorado mucho al Interior y esto le ha dado resultados. Y a diferencia de Angeloz, supo irse a tiempo y los resultados le están dando la razón. Schiaretti va a tener que hacer muchos esfuerzos para que su gobierno no sea una continuidad de estos 8 años porque la gente ha expresado y pedido un cambio de rumbo.

¿Notas en Schiaretti los rasgos carismáticos y la habilidad política que ostentaron en su momento tanto Angeloz como De la Sota?
No, hay una diferencia, en cuanto a calidad de dirigentes, muy grande. De la Sota es una figura nacional, Angeloz en su momento también lo fue y Schiaretti me parece que tiene un vuelo más corto. Y por eso va a tener que poner el acento en lo institucional y en abrir el juego, buscando consensos porque no tiene ni el carisma ni el liderazgo que sí tiene De la Sota.


RECUADRO
PERFIL VACA NARVAJA
Hernán Vaca Narvaja pertenece a la joven generación de periodistas políticos de la provincia. Actualmente reside en Río Cuarto y dirige la Revista El Sur, además de haber sido colaborador de la Voz del Interior y Página 12 Córdoba, entre otros medios.
Entre diferentes premios y publicaciones, se destacan en su obra las biografías sobre Eduardo César Angeloz –‘Ave César’- y José Manuel De la Sota –‘El candidato’-.


RECUADRO
EL INTERIOR
¿Por qué crees que Schiaretti eligió Río Cuarto para cerrar la campaña?
Yo creo que en Río Cuarto ha habido un reconocimiento a una gestión que ha tenido un marco político muy importante de parte del gobernador De la Sota. Desconocer esto sería una necedad. Se han invertido muchos recursos, se la reconocido como capital alterna y se ha hecho mucha obra pública. El voto del Sur y espacialmente Río Cuarto es un voto de agradecimiento y reconocimiento por lo que ha hecho De la Sota y no tanto Schiaretti. No nos olvidemos que en los últimos días, incluso violando la veda electoral, fue el propio De la Sota el que se puso al frente de la campaña en Río Cuarto, que por otra parte es la ciudad que ha elegido para vivir.

RECUADRO
EL VICE
Héctor Campana terminó ejerciendo un cangurismo peor que el de los políticos tradicionales. Campana en definitiva restó más que lo que sumó. Terminó siendo una figura decorativa. Si ese es el espacio que se le asignan a las figuras que vienen por fuera, tampoco le estamos dando una respuesta al reclamo social del 2001 y que insisto, no ha tenido aún una respuesta institucional adecuada.

martes, 14 de agosto de 2007

La agenda en Córdoba, cuestión de dos

Mientras que en el mundo de la libre oferta y demanda diferentes actores económicos juegan y se disputan la construcción de la realidad, Córdoba marca un precedente poco común: la construcción de la realidad mediante la instalación de la agenda pública es sólo tarea del mismo bolsillo y sus dos medios.

Es sabido que la llamada ‘agenda periodística’ es aquella que el sistema de medios de una sociedad dada planifica y ejecuta sobre la base de unos criterios editoriales que la configuran y la definen como “el conjunto de los temas noticiosos, enfoques y tratamientos que se incluyen en el espacio o tiempo de que disponen los medios para cumplir con su función” tal la definición utilizada por McCombs y Shaw en ‘The agenda-setting functions of the mass media’.
Mientras, también es de conocimiento acabado para aquellos que tienen como objeto de estudio a los medios de comunicación, como así también en aquellos que trabajan en estos, que la ‘competencia’ periodística en una zona determinada –más allá de cuestiones comerciales, pero apuntadas a éstas- está dada por la presencia de los medios en la sociedad. Y esta presencia, se evidencia, claro está, en la instalación de aquellos temas que por diferentes circunstancias y conveniencias –periodísticas, políticas y/o económicas- el medio ha difundido con mayor o menor importancia.

De este modo, cuando un tema gana, como suele decirse, la calle y es la sociedad la que prosigue con el desarrollo del tema propuesto, el medio ha logrado su fin último en la naturaleza de las empresas de comunicación: haberse convertido en espacio de consulta, autoridad y de formación pública de la sociedad en la cual se desenvuelve. En síntesis, ha logrado instalar agenda a partir de sus definiciones políticas, económicas, culturales y sociales, las cuales determinan la importancia o no de un tema particular.

Ahora bien, dice Ignacio Ramonet en ‘Comunicación contra información’ que en la lucha por la imposición de la agenda periodística como agenda pública, “numerosas cabeceras de la prensa escrita continúan adoptando, por mimetismo televisual, por endogamia catódica, las características propias del medio audiovisual” y enumera las características que definen al medio en cuestión y que para Ramonet, han ganado la batalla tecnológica y periodística: “La primera concebida como pantalla, la reducción del tamaño de los artículos, la personalización excesiva de los periodistas, la prioridad otorgada al sensacionalismo y la práctica sistemática de la amnesia en relación con las informaciones que hayan perdido actualidad” . Por fin, concluye afirmando que, en esa lucha, los medios tradicionales “compiten con el audiovisual en materia de marketing y desprecian la lucha de ideas”.

Si bien, en principio, lo expresado por Ramonet sería indiscutible dado el avasallamiento del sistema audiovisual por sobre los otros medios conocidos, presentaremos una digresión a lo señalado por el periodista francés en relación a los criterios actuales asignados en el mundo para la imposición de la agenda. Y nuestra digresión frente a la cuasi verdad revelada precedente tiene como objeto principal demostrar que en la ciudad de Córdoba, la imposición de la agenda no pasa por una tecnología en particular, sino por un motivo que excede lo tecnológico.

Se ha dicho infinidad de veces que el capitalismo, y su modo de desarrollo actual, el Libre Mercado, funciona de manera tal que la competencia –más el agregado de su adjetivo calificativo predilecto: ‘sana’- es la que regula las relaciones económicas en el seno de una sociedad desarrollada. No obstante y retrotrayéndonos a la suma de las siguientes variables:

Sistema de Libre Mercado,
Preeminencia de los medios audiovisuales
Competencia entre diferentes medios
Imposición de la agenda pública por parte de los medios audiovisuales

Podríamos caer en la cuenta que esta teoría, ampliamente desarrollada y hoy casi innegable, encontraría su excepción en la ciudad de Córdoba. Esta hipótesis –que precisa de mayor definición y desarrollo de la que se le pudiera dar acá- se verifica en el siguiente hecho: quien tiene el poder de instalar la agenda periodística en Córdoba no es un medio o tecnología determinada, sino el grupo económico que controla los dos medios más influyentes de la ciudad: el diario de mayor tirada y antigüedad –y en términos reales, el único con peso real en el negocio editorial- y el canal televisivo de mayor audiencia.

Si bien es cierto que la concentración de capitales, sobre todo en lo que concierne al negocio de la comunicación y el periodismo, se ha dado en todo el planeta y más específicamente en Argentina –por la reforma del código legal que regula el funcionamiento de las empresas periodísticas-, también es cierto que en el resto de las zonas geográficas desarrolladas la lógica económica citada ha permitido la participación de más de un sujeto económico en el juego del Libre Mercado.
Así también, se podría objetar la existencia de otros medios gráficos y audiovisuales existentes en Córdoba, lo cual es innegable. Mas, la sola existencia de otros medios no garantiza per se la posibilidad de la libre competencia en la instalación y puesta en juego de ideas que hacen a la vida social, política, cultural y económica de una sociedad determinada.

Para tal comprobación, proponemos desde aquí un ejemplo:
Tras la devaluación sufrida en nuestro país en el año 2002, Córdoba conoció el surgimiento de una aceptable cantidad de medios gráficos, en su mayoría revistas de análisis político y cultural de relativo alcance: La Intemperie, La Orilla –de la cual quien escribe fue fundador y Director Periodístico-, Culturas –publicación nacida en el seno del Museo de Antropología de la UNC-, Contramano y otras de menor regularidad.
Todas estas publicaciones -de las que hoy sólo sobrevive, a duras penas, La Intemperie- compartieron no sólo públicos objetivos, ideas afines en lo político y lo cultural y cierta esencia periodística en lo discursivo, sino también el mismo impedimento: no sólo la imposibilidad de crecer económicamente –factor al cual se le podrían objetar falencias propias- sino también la trabazón real de poder instalar temas de debate en la agenda pública.

Esto último traía aparejados dos graves problemas para cualquier emprendimiento periodístico genuino: por un lado, no se lograba instalar en la sociedad la temática presentada, la cual era concebida, por cada publicación, como ejes y problemas que la sociedad cordobesa no sólo debía conocer (por valor testimonial, documental y/o denunciativo), sino también discutir. Por otro, la ausencia de las temáticas presentadas en la agenda pública traía consigo la disminución de las posibilidades económicas, dadas las bajas a nivel de ventas de ejemplares y por consiguiente, de espacios publicitarios.

A través de la experiencia personal y de las compartidas por colegas, a la hora de buscar explicaciones en estos inconvenientes, un lugar común se fue instalando en los debates que se daban en el seno de la ciudad de Córdoba. Y ese lugar común -como tal, necesario de ser superado-, supuesto indicio del problema que incidía en el bajo crecimiento de las revistas nombradas, no tenía que ver con la influencia de los medios audiovisuales y menos con el crecimiento tecnológico de algunos sectores vinculados al negocios de los medios masivos, sino con la concentración del discurso periodístico hegemónico en dos medios del mismo grupo comercial.
Esta concentración, a su vez, generaba un doble efecto adverso: por la lógica económica de la competencia, ambos medios fueron absolutamente reacios a cualquier difusión de las nombradas publicaciones. Esto, aún cuando ninguna era competencia real y directa y más allá de si los hechos presentados en estas publicaciones eran noticiables o no. Mientras, la no existencia en las páginas e imágenes del discurso periodístico hegemónico de las temáticas presentadas por fuera de este discurso, hacía que las temáticas, directamente, no fueran parte en la agenda pública. Es decir, eliminándolas de la agenda periodística es como se las eliminó de la posibilidad de ser asunto de discusión y cuestionamiento por parte de ciertos sectores de la segunda ciudad del país.

Yendo al inicio de todo esto, comenzábamos recordando la esencia y naturaleza de la agenda periodística, planificada y ejecutada en función de los temas noticiables que los medios buscan instalar. De modo que es la agenda la que, en términos de construcción simbólica, define lo que es la ‘realidad’. Después, Ignacio Ramonet argüía que ésta se lograba imponer, tanto en su temática como en su técnica metodológica, a través del reinado de los medios audiovisuales.

La hipótesis propuesta aquí, en términos pocos acabados, pretende comprobar que más allá de la imposición de la técnica, las nuevas tecnologías y de los recursos de la mercadotecnia puestas en juego, la concentración del sistema de medios en pocas manos –en el caso de Córdoba, en una sola- imposibilita no sólo el crecimiento de los medios no pertenecientes a un grupo económico particular sino también da por tierra con la posibilidad de brindarle a la sociedad la pluralidad de discursos y opiniones que emergen de su seno. Y por más que la lógica del sistema económico actual pueda aducir que son ‘las reglas del juego’, el sistema democrático imperante –base de la organización social y por ende superador de las estructuras económicas- exige para su supervivencia y desarrollo, la convivencia de un estado discursivo múltiple que rompa los límites monocordes que impone la concentración económica.

jueves, 2 de agosto de 2007

Una aproximación socio-histórica a la resignificación de lo colectivo y lo individual en los ‘90

INTRODUCCION
Intentaremos, en esta breve exposición, aproximarnos a ciertas marcas simbólicas o huellas de la década del ‘90 que de alguna manera resignificaron la pertenencia individual a la sociedad en el nombrado lapso de tiempo. E incluso, observar cómo éstas conformaron el paradigma socio-cultural que sostuvo el discurso hegemónico de tan característicos años.
Es decir, buscaremos acercarnos a ciertos particularismos que signaron las prácticas individuales y sociales de manera privativa, de modo tal que hoy prosiguen como símbolos del desenvolvimiento individual en una sociedad cada vez más fragmentada.
Los cambios introducidos a nivel global (quiebre del sistema bipolar, constitución de una centralidad de poder único, anulación de las fronteras y los límites físicos y culturales, etc.), sumados estos a la transformación tanto política y económica como cultural que se llevó a cabo desde 1989 en nuestro país y América, enraizaron, de manera alguna, ciertas prácticas sociales que hoy se extienden y que pueden interpretarse como cambios que desde la individualidad conformaron lo social y viceversa.
Diversas condiciones socio culturales (entre las cuales se destacan los cambios a nivel laboral) desembocaron en un sinfín de consecuencias en la sociedad. Un cortoplascismo exacerbado, la privatización y negación de diferentes ámbitos públicos, el intimismo y guetización de la sociedad, la presencia del Mercado y su prácticas por sobre las demás esferas del mundo de la vida, la existencia de un presente omnipresente: todo ello atraviesa de manera tal lo social que produce una resemantización del espacio en donde se desenvuelven las prácticas humanas y, en última instancia, genera la resiginificación de la existencia personal, ahora fundada en cuestiones bien diferenciadas de aquellas que cimentaron los paradigmas socio culturales de décadas pasadas.
Abordaremos, de esta manera, la resemantización de los espacios sociales que desembocan , en última instancia, en la la cotidianeidad como espacio invisible, urgente y único lugar del desarrollo individual, como exclusivo escenario desde donde pensar el presente y desarrollar la existencia, acotada a un aquí y ahora insalvable.


1) Lo cotidiano como único horizonte
Al cúmulo y entretejido de incertidumbres por las que pasó y pasa el mundo entero desde 1990 (nula resistencia antiimperialista reemplazada por diversas facciones fundamentalistas, explosión de nacionalismos frente a los antiguos deseos unificadores de la Europa Oriental, polarización creciente de los extremos económicos, etc.), sumado esto a la fragmentación social y cultural de América Latina, Martín Hopenhayn (1) lo define como el despertar de un dulce sueño o de una posible pesadilla denominada revolución.
Si la revolución fue socialmente imaginada –señala Hopenhayn- como un incendio caliente en que se consumían y revertían las estructuras básicas de la sociedad capitalista-dependiente, ahora nos enfrentamos a las cenizas refrigeradas de la misma idea de revolución.
El autor no sólo re refiere a una cuestión de giro político, estratégico o ideológico. Más bien, abandonar la imagen de una revolución posible, por el contexto de situación antes mencionado, es también una mutación cultural, “una peculiar forma de morir”.
A lo que se refiere Hopenhayn es a una muerte, en primer lugar, por ausencia de acontecimientos. Si la revolución era pensada como el momento en que la historia se rompía mediante una acción consciente y colectiva, hoy, sin ella, nos quedamos sin la emoción del gran acontecimiento.
De igual manera, se produce una muerte por ausencia de redención. La revolución nos redimía a todos de la “alineación capitalista, de los dramas del individualismo burgués y de la viscosa contaminación de la explotación”. Sin revolución no nos queda otra cosa que cargar con ellas.
Por último, esta peculiar forma de morir se da por ausencia de fusión. La imagen de una revolución posible y plena de sentido suponía la plena compenetración de la vida personal con la vida de los pueblos, la comunión entre un proyecto de vida y un proyecto de mundo. Sin revolución, la vida presente pierde la virtualidad de una epopeya.
Así pues, la privatización y negación de todos los ámbitos de carácter colectivo y social fueron suplantados por una política autista de movilización individual. La pobreza de más de la mitad de los habitantes de Latinoamérica condiciona todos los aspectos de sus vidas, incluso las de aquellos que aún no han ingresado en la categoría de indigente. Pues la fragmentación social producida por el deseo ahora de no-pertenecer genera una nueva desarticulación entre los expulsados ‘de por vida’ y entre los que no ansían, en absoluto, estar encuadrados bajo esas características.
De manera tal, la pulverización del colectivo social concluye en la llamada ‘guetización’ (2) de la sociedad, una separación particular que provoca esa “peculiar forma de morir”: morir por la ausencia de expectativas de cambio, por la poco probable posibilidad de salvación colectiva y por inexistente integración individual al tejido social.
Hopenhayn define la actual situación como la de “un domingo pobre”, donde estos diversos factores nos llevan a una cotidianeidad y a una vida vivida al corto plazo que se torna cosa frágil. El neoliberalismo, “que es esencialmente cortoplacista” (3) imprime allí su sello. Y pensar la idea se convierte en una quimera impracticable que envía a cada ser humano al ámbito privado de la cotidianeidad como lugar indiscutible del desarrollo particular.

2) La velocidad y la salvación individual
Señalábamos más arriba que el ámbito privado de la cotidianeidad se presenta entonces como el lugar indiscutible y exclusivo del desarrollo particular, a causa de la fragmentación del colectivo social.
Como indica Pedro Güel (4), en el proceso que llamamos globalización, fin de las ideologías o diferenciación de los mundos de vida, las identidades de las personas, sus sueños, opciones y vínculos se hacen más volátiles y contingentes. Esto significa que cada vez menos los sistemas sociales – entre ellos sobretodo las estrategias de desarrollo y los proyectos políticos – pueden dar por supuesto el compromiso de la subjetividad con ellos por el sólo hecho de la racionalidad de sus argumentos o la abundancia de sus beneficios.
Por tal motivo, la disposición de las personas a participar y a confiar en los escenarios institucionales y estratégicos que les ofrece el desarrollo parece depender cada vez más de una condición muy básica: del grado de seguridad, certidumbre y sentido que las personas obtienen de ellos para sus vidas cotidianas.
Así, la búsqueda del nirvana de las sociedades occidentales, alejadas del progreso y subsumidas en el neoliberalismo, se traduce en esa necesidad de seguridad cotidiana perseguida como un imposible posible. Este escarbar hacia algo que se presenta cercano, en tanto también lo es seguro y personal, desplaza la noción de una emancipación colectiva hacia la salvación particular.
Este alejamiento del control y conformación de lo social por parte de una comunidad, tiene directa correlación con el intimismo exagerado que caracterizó la década del 90’ y nuestro principio de siglo. Intimismo marcado por la interpretación de la realidad como guiada, pura y exclusivamente, por los entornos objetivos que se manejan solos. El sujeto individual no actúa en la conformación del sujeto social, en tanto mecanismos reguladores objetivos suplen esa función por él.
La visión liberal del Mercado como regulador natural de la economía imprime así su visión sobre el diario vivir. En la medida que el Estado se aparta del control de la macroestructura económica, de acuerdo a una de las premisas del neoliberalismo, la sociedad imita su comportamiento, apartándose de las cuestiones que le atañen por ser sujeto protagónico en la conformación del tejido social. Todo este proceso funciona, a la vez, en consonancia con el cortoplacismo, característica tanto de la cotidianeidad como del neoliberalismo.
“Entonces –señala Güel- hay que centrar todos las finalidades, explicaciones y aspiraciones en una interioridad desprovista de vínculos y capacidades colectivas y públicas” (5). Se legitima, de esta manera, una suerte de irresponsabilidad social que excusa a la búsqueda de soluciones intencionales a los problemas colectivos.
No hay culpable objetivo del nulo desarrollo como totalidad, pues la ineptitud y lo inconsistente para y por un progreso colectivo es norma que regula el cotidiano acontecer. Esta acriticidad acerca de la evolución social es aceptada tal como es presentada, desprovista de vínculos internos y externos que realicen una común unión entre el sujeto social y el sujeto individual.

En tanto, la conformación del nuevo paradigma social iniciado en la década del 90’ conlleva en sí mismo una idea que fue base de su desarrollo y expansión en gran parte del planeta: el concepto de velocidad. En la medida que se desvanecen otros, la noción de velocidad asume cada vez mayor importancia.
Por lo tanto, el discurso social que expresa este nuevo paradigma del que hablamos debe verse como una yuxtaposición de campos discursivos con lenguajes fuertemente marcados y con finalidades establecidas y reconocidas (6). Aquí, la idea de velocidad, relativa por cierto pero no por ello de absoluta importancia para la construcción de la vida diaria, funciona a modo de motor energético de las palabras que sostienen la visión hegemónica del discurso.
Ahora, esta velocidad post moderna, definida sólo en términos virtuales, inviste de sentido el discurso al posicionarse ella, y no lo que señala el discurso en sí mismo, como el sujeto protagónico del constructo que supone un discurso social como expresión de la realidad y pasaje del sentido.
De forma tal, una suerte de velocidad virtual y relativa inviste todo cuerpo social: las identidades se entremezclan en una danza mundial de símbolos mutantes y de rápida obsolescencia en las pantallas de televisión. La ideología de turno puede perdurar lo que dura un aviso publicitario (7). En tanto, un aviso publicitario se conforma como el soporte de una ideología de turno.
Por tal motivo y en todos los niveles de vida social, los cambios adquieren un ritmo vertiginoso. No hay identidades que resistan en estado puro más de dos horas ante la fuerza de estímulos que provienen de todos los rincones del planeta. (8)
Así, en la medida que el concepto de velocidad se impone, las distancias se anulan. Según Paul Virilio (9), la velocidad es poder, y la sociedad se reconstituye a partir de este nuevo vector. El que posee la velocidad gobierna con ella.
Estos nuevos ejes modifican la noción del tiempo. “El espacio tiempo del mundo habrá dejado de existir porque habremos perdido la extensión y la duración del mundo por culpa de la velocidad” (10).
Si en la modernidad –señala Nelly Arenas- el tiempo marcaba un desarrollo donde pasado, presente y futuro eran distintos pero encadenados, y en el presente podían leerse los signos de futuro, ahora la distribución entre pasado, presente y futuro se diluye: las experiencias del pasado son cada vez menos útiles y no hay modos confiables de pensar el futuro. Vivimos en un presente que lo soluciona todo, un presente omnipresente (11).
Un presente que no avanza más allá de lo que la cotidianeidad, de acuerdo a su cadencia y orden propio, lo permite. No obstante, ahí está siempre la velocidad que borra los límites y las fronteras para imprimir una virtualidad de avance que ya no existe de otro modo por la imposibilidad de una salvación colectiva.
Pues ahí está la explicación del por qué entablamos esta relación. La velocidad imprime lo que la idea de una organización colectiva articulada bajo lazos solidarios ya no ofrece por inexistente. La velocidad virtual estampa la noción de un vértigo de la cotidianeidad que en realidad no existe. Los pequeños cambios, pequeños pero rápidos, son vividos así como el despegar de una inmovilidad que sigue siendo tal, pero que es percibida como un vuelo. Un vuelo sobre el cuerpo social y discursivo en sí mismo, un vuelo que no despega en absoluto de este cuerpo, pero que por la presteza interpretada de estos cambios, se vive como la única manera de ser cambiantes en un mundo invariable y homogéneo.

3) La resignificación de la existencia
Lo que primero se mencionaba como consecuencia del modelo político económico social y cultural dominante, la atomización, y lo que más tarde se caracterizaba como un nuevo espacio privado de desarrollo, la cotidianeidad, transforma el antiguo lugar del colectivo social en un objeto vacío de sentido. Todo un acontecimiento cultural del cual emanan consecuencias que contribuyen a moldear una cierta cultura del desencanto.
Un desencanto que nos remite a aquella peculiar forma de morir por la ausencia de las expectativas de cambio radical. Ausencias que ayudan a la resignificación de nuevos escenarios por la conjunción del proceso de atomización social y de la cotidianeidad, causa y consecuencia del mismo fenómeno.
Señala Hopenhaym (12) que la conformación de estos nuevos escenarios del desarrollo particular tiene, en primer lugar, la necesidad de resignificar la existencia personal sobre la base de una suma de ‘pequeñas razones’ que nunca suman una ‘razón total’, pero que conjuran, parcial y provisoriamente, la pérdida de ese referente meta histórico llamado ‘revolución’.
“Sustituimos el programa único por una colección de ‘softwares’ que nos ponemos y nos sacamos según la ocasión: el software del crecimiento personal, del pragmatismo político, de la promoción profesional, de las transgresiones morales. A falta de coherencia, reemplazamos el énfasis en lo sustantivo por la complacencia en el estilo. Partes de nosotros adhieren a partes de proyectos colectivos de pequeña escala o de pequeño calibre. La palabra ‘individualista’ nos resulta ahora más musical que la palabra ‘colectivista” (13).
En segundo lugar, pasamos de la utopía al ‘adhoquismo’. La falta de un estado terminal en que todo se concilia con todo nos ha llevado a un ejercicio constante de readecuación, donde las estrategias no son el medio para un fin glorioso, sino el fin en sí mismo. “Si con la imagen de la revolución las acciones podían inscribirse sobre un horizonte claro y distinto, sin esa imagen la visión tiende a conformarse con el corto plazo, el cambio mínimo, la reversión intersticial. La falta de utopías no es sólo la disolución de los sueños, sino también la perpetuación de una vigilia somnolienta y puntillista” (14).
En tercer lugar –sostiene Hopenhayn- hemos renunciado a la voluntad de ruptura. Antes, el imperativo categórico siempre podía encontrarse en un asesinato necesario, fuese real o simbólico: el del burgués, el del capital o del imperialismo. Hoy día jugamos con esas figuras y a lo sumo las burlamos. El verbo romper tenía un encanto irresistible que ahora ya no existe. Incluso la violencia implícita en el verbo podía ser revestida de belleza.

4) Intrascendente minimalismo
El ámbito del desenvolvimiento individual, único ámbito de desarrollo, se refugia a partir de una búsqueda de la seguridad cotidiana. A pesar de lo volátil, contingente, eventual y azaroso, el pequeño espacio privado da la sensación de protección que ya no brindan los extintos lugares públicos.
Así, este reparo en lo cercano y personal se traduce en un intimismo exagerado a partir de le creencia en mecanismos objetivos como reguladores de lo externo e impropio.
Sin embargo, y como el transcurrir del devenir no puede estar ajeno del desarrollo capitalista impuesto por el modelo, se introduce una noción que rompe la barrera de la monotonía. El monólogo de la vida recluida adquiere una fuerza virtual expresada por el discurso social hegemónico, cambiante pero siempre igual, que brinda el sentido que la reclusión no contiene.
Esta redefinición de los límites que obliga la velocidad, nos asienta exclusivamente en el presente omnipresente y genera la re-conformación de nuevos espacios.
Con los físicos públicos ya extinguidos, queda sólo reconfigurar la cotidianeidad veloz desde la cual estamos creciendo. Cómo lograrlo en esta nueva cultura del desencanto: a través de la resemantización del espacio.
Poseyendo pequeñas razones que den sentido al transcurrir, cuestiones de mínimo calibre que relevan, en forma incompleta por cierto, a la idea de un gran cambio unificado. Convirtiendo nuestras estrategias no en medios para alcanzar un fin deseado, sino el fin en sí mismo. Cada paso dado no es un escalón menos para alcanzar el desarrollo final, sino que se constituye en un triunfo que debe ser lisonjeado como lo único posible, al menos por el momento. Más tarde la experiencia comprobará si es posible continuar el camino, pero el corto plazo y el mínimo intersticio son válidos como prueba y pericia.
De esta manera, se reconfigura el nuevo escenario de desenvolvimiento en el que, entre otras cosas, se reproducen, resignifican y receptan los diferentes discursos sociales: pulverización de los grandes proyectos, pérdida de convicción en un progreso homogéneo y de beneficio universal, el refugio en la pequeñas empresas de la vida, el relevo de lo sustantivo por lo procedimental en nuestro orden simbólico, la impotencia para pensar rupturas radicales o iniciativas en grande y una cierta complacencia con lo discontinuo fragmentado en todos los ámbitos de la vida sociocultural.
Lo cotidiano se convierte así en una inmediatez circular que se termina en la vida de cada día y de todos los días. Es el campo de lo inmediato, pero también es el sustrato de repetición que nos prolonga en el tiempo y en el espacio. Allí se desenroscan las esperanzas, los pálpitos y los desencuentros (15).
¿Sano minimalismo? se pregunta Hopenhayn. “Todos tienen sus pequeños proyectos capaces de colmar y justificar el día, la semana, el mes o a lo sumo el año. Los académicos con sus proyectos de investigación, los animadores con sus proyectos de acción, los informales con sus proyectos de desarrollo comunitario. Nada de esto dura demasiado” (16).
Así, el objeto de referencia ineludible para cualquier comparación, la cotidianeidad, hace grande lo que en realidad es pequeño. Pues la vara relativa de medición engrandece hechos, objetos y sucesos que en otras circunstancias pasarían desapercibidos. El corto plazo y el minimalismo se convierten en el horizonte total de la vida diaria, en valores bien vistos para la acción de todos los días.
Signos actuales que las condiciones sociohistóricas de Argentina imprimen sobre la realidad: nuevos espacios reducidos, una menor continuidad, una mayor repetición, una mayor velocidad, un cortoplacismo exacerbado, una cierta complacencia minimalista. Y una desesperada constatación de intrascendencia.


Notas:

1. Martín Hopenhayn. Ni apocalípticos ni integrados (aventuras de la modernidad en América Latina). Fondo de Cultura Económica. Chile, 1994, pag. 18, 19 y 20.
2. Ana Esther Ceceña. La resistencia como espacio de construcción del nuevo mundo. Ediciones ERA. México. 1995, pag. vs.Jesús González Schmall. La Revolución olvidada y sepultada. Universidad Salesiana. Máxico. 1995, pag. 2.
3. Alan García. Neoliberalismo y neofacismo. La Falsa Modernidad. Colombia. 1997, pag. 6, 7 y ss.
4. Güell, Pedro. Jornadas de Desarrollo y Reconstrucción Global. Subjetividad Social y Desarrollo Humano: Desafíos para el nuevo siglo. Barcelona. 1998, pag 23.
5. Güell, Pedro. Ob. cit. pag. 25.
6. Paulinelli, María Elena. Discurso e identidad. Comunicación y cultura en Argentina. Cátedra de Movimientos y Cultura Argentina. Escuela de Ciencias de la Información. UNC. Argentina, 2001, pag. 11.
7. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 21.
8. Nelly Arenas. Revista Nueva Sociedad. Globalización e identidad en América. Latina. Cátedra de Movimientos y Cultura Argentina. Escuela de Ciencias de la Información. UNC. Argentina, 2001, pag. 122.
9. Paul Virilio cito en Nelly Arenas. Ob. cit. pag. 128
10. Paul Virilio cito en Nelly Arenas. Ob. cit. pag. 128.Ana Esther Ceceña. Ob. cit. pag. vs.
11. Nelly Arenas. Ob. cit. pag. 123.
12. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 21.
13. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 21.
14. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 21.
15. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 25.
16. Martín Hopenhayn. Ob. cit. pag 24.