lunes, 9 de junio de 2008

ENRIQUE LACOLLA II

“Se sigue careciendo de un proyecto estratégico para el desarrollo”

Quizás el periodista de mayor formación y compromiso de Córdoba, Enrique Lacolla traza un panorama sobre cómo están las cosas en el conflicto gobierno / agro. Y afirma que “las incipientes medidas que apuntan a una renacionalización de la economía son intragables para el establishment”.


_En su artículo “La sedición del campo”, usted señaló que “la protesta, en el fondo, deviene del modelo sistémico impuesto por el neoliberalismo, que a partir de 1976 barrió con la mitad de los productores agropecuarios, permitiendo la recuperación, por la oligarquía y las transnacionales, de inmensas cantidades de terrenos, que antes habían sido un modelo de producción de alimentos”. ¿La disputa entre gobierno y los empresarios del agro es en el fondo una disputa por el modelo económico?, ¿o tan sólo una disputa por la renta excedente de un sector?

_Presumo que juegan los dos factores. El gobierno no termina de juntar el coraje que es necesario para romper con el modelo sistémico que ha pesado como un lastre para el país. Ahí pueden jugar tanto debilidades como complicidades. Pero la disputa también es expresiva de una línea histórica encarnada en el primer peronismo sobre todo, pero también en el desarrollismo de Frondizi. Ambos fenómenos apuntaron a generar una Argentina industrial y técnicamente evolucionada. Desde el ángulo de la debilidad que impregna al actual gobierno y en la cual ciertamente pesa una coyuntura mundial política y militarmente informada por la reacción, la búsqueda de una mayor porción de la renta excedente del sector agrario puede servir para dos cosas: para seguir pateando la pelota hacia delante y esperar el maná del efecto derrame, tan popularizado por los gurúes del neoliberalismo; o bien para lanzar un programa de cambio con sentido nacional y popular. Tal como se lo plantea actualmente, el problema es que las incipientes medidas que apuntan a una renacionalización de la economía y a una redistribución algo más equitativa de la renta, por débiles que sean, son intragables para el establishment y para los sectores que les están económica o psicológicamente enfeudados. Todo lo que huela a regulación del mercado les huele a azufre.


_Usted dejó en claro su posición con respecto al gobierno cuando expresó: “No voy a solidarizarme a pleno con el gobierno, que ha dejado tantos frentes abiertos por su inhabilidad”. ¿Podría enumerar cuáles son las inhabilidades del gobierno, más allá del conflicto con el agro?

_La falta de decisión que hubo en el momento en que el modelo neoliberal había hecho crisis y la opinión estaba madura para receptar positivamente algunas medidas como una reforma fiscal de carácter progresivo y un ataque que apuntase a desmontar el horrible estropicio causado por las privatizaciones de Menem. En realidad, esa predisposición sigue presente en los estratos populares e incluso en amplias franjas de la clase media. Pero esas posibilidades siguen latentes, no se las lleva a la práctica y se sigue careciendo de un proyecto estratégico para el desarrollo, así como de una concepción dirigida a refutar, así sea ideológicamente y en los foros internacionales, la deuda externa ilegítima contraída por el país a partir de un gobierno de facto.


_Y para contrastar, ¿cuáles han sido, a su modo de ver, los aciertos del gobierno en los últimos dos años? –esto, claro, entendiendo la presidencia de Fernández como continuidad de la de Kirchner-.

_Una política exterior positiva, de clara orientación nacional y latinoamericanista; una recuperación industrial parcial, una importante recuperación del empleo, una política asistencial que ha favorecido a los sectores más desprotegidos y, sobre todo, una potencialidad de cambio que, más allá de las debilidades del actual gobierno, no existe en absoluto en los sectores de la oposición, entregados a un juego de masacre y a un discurso cargado de una moralina que no condice con su pasado. Estos últimos datos son, creo yo, decisivos.

_Cuando comenzaba el conflicto, usted señaló que estábamos en presencia de un intento de desestabilizar la situación política. ¿Hoy mantiene esa idea o cree que las fuerzas de choque de los empresarios del agro se han amilanado?

_Me parece que las entidades de mayor fuste están más predispuestas a un diálogo del cual entienden que pueden devengar ventajas apreciables, tras la presión ejercida y a la que cuentan retomar si les conviene; pero que los sectores de los medianos productores, que tienen un mayor apetito y en cuya dirigencia hay elementos muy predispuestos a beneficiarse del relumbrón mediático (caso Alfredo De Angelis, por ejemplo) es probable que sigan en sus trece. De prolongarse ese escenario sería preciso que el gobierno adopte de una vez por todas la decisión de limpiar las rutas y liberar el tránsito. Eso sí, apelando a los instrumentos legítimos de que dispone y que están avalados por la Constitución, (la Gendarmería, para hablar claro) y no por la estimulación a sectores de choque que le son favorables. De ocurrir esto último, ello podría redundar en una anarquía mayor y suministraría argumentos a la oposición, mucho más pesados que los que podría proporcionar una asunción clara de sus responsabilidades por parte del gobierno. Que, justamente, está para eso, para hacerse cargo de sus deberes. En la medida en que no ocurra esto, puede pasar cualquier cosa.

_Cuando usted hablaba de golpe institucional, le daba vital importancia a la manipulación de los medios tanto televisivos como privados.

_No sólo en la Argentina sino en el mundo entero los medios son el arma decisiva para un combate por la conciencia del pueblo. La monopolización de ellos y el recorte a la libertad de expresión que tal cosa supone implican una grave amenaza, pues inducen a la atonía en la población, a la apatía o a una agitación que tiende a reaccionar ante estímulos superficiales, que operan sobre la epidermis sensible de la gente, y jamás la esclarecen respecto de los problemas reales que están en el fondo.

_Usted fue claro al afirmar que ante el lockout empresario había “que estar en su contra de manera categórica”. Pero se ha instalado la idea de que estar contra del campo es estar a favor del gobierno. ¿Esto es así? ¿Cómo se diferencian esas posiciones?

_ Yo estoy a favor de un proyecto nacional que, en el actual espectro político argentino, sólo el gobierno da indicios de poder asumir. Que lo haga o no, es otra cosa.


– La discusión por la cuestión soja, al tener en ella exclusivo protagonismo la parte económica, ha dejado en segundo o tercer plano los daños ambientales que genera la planta, ¿usted los considera secundarios o cree que habría que hacer hincapié en esta cuestión?

_Hasta donde sé –no soy de ninguna manera un experto en el tema-, tengo entendido que el asunto del equilibrio ecológico es grave, y que la soja, con el desmonte que implica, la suplantación que ejerce respecto de otros productos agrarios, y la posible erosión del suelo si no se rotan los cultivos, plantea un problema serio. Creo que el Estado debe intervenir para moderar su expansión. Pero el tema se vincula, en suma, a qué clase de intereses responden los gobiernos que se hacen cargo del Estado…


RECUADRO
CONTEXTO DE SITUACIÓN
Enrique Lacolla trabajó durante 33 años en La Voz del Interior. Hasta el inicio del conflicto agro / gobierno, ya jubilado, publicó cada domingo su columna en el citado matutino, dándole a la publicación una voz diferente a su monotonía discursiva en lo político y en lo económico. La columna de Lacolla de los domingos en La Voz fue, para muchos, la mejor excusa para comprar el diario cada fin de semana.
Lacolla escribió allí hasta abril. Pues tras enviar una columna de análisis sobre el conflicto ya nombrado –cuya línea se condice con lo que señala en esta entrevista- la dirección del diario decidió no publicarla y, tras conocerse en ámbitos ligados a la profesión el acto de censura perpetrado por La Voz del Interior, la empresa decidió cesantear al periodista de mayor carrera que tenía hasta ese momento el único diario de llegada masiva de nuestra provincia. En otras palabras, y como denunciara el Círculo Sindical de la Prensa, se trató de “un episodio de censura que resulta ejemplificador acerca de cómo los trabajadores de prensa y el derecho a la información de la ciudadanía han estado entre las principales víctimas del fuego cruzado de las últimas semanas entre los dueños del Estado, los dueños del campo y los dueños de la comunicación”.

El hecho suma una deuda más a esta Córdoba monodiscursiva y una voz menos al cada vez más pobre nivel de análisis local.

Por ahora, es posible leer a Enrique Lacolla en www.enriquelacolla.com y escucharlo en ‘Hablando claro’, el programa de Ricardo Fonseca que va por Radio Nacional los sábados a la mañana.