lunes, 8 de septiembre de 2008

Política en Marx y en la izquierda vernácula: poco marxismo en el marxismo

INTRODUCIÓN
En tanto la política es concebida, en la actualidad, elemento indispensable para el desarrollo y la transformación de una sociedad determinada –esto, aún desde lecturas ideológicas antagónicas - es posible encontrar visiones opuestas a esta especie de modus insuperable en autores clásicos cuyas teorías generales se han trasladado a la actualidad. Autores que inspiran, en rasgos universales, a ciertos movimientos y espacios que retoman para sí, de modo, a priori, contradictorio, la ‘verdad’ del concepto ‘política’ como elemento transformador.

Concretamente, aquí nos interesa analizar la visión de política en Karl Marx para luego verificar las continuidades e interrupciones de su visión de la política en ciertos espacios de la izquierda local organizados como partidos o coaliciones políticas. Es decir, nuestro objetivo es intentar reconocer en el corpus discursivo e ideológico general de ciertos espacios de la política real inspirados en las nociones más generales del marxismo –anticapitalismo, sociedad sin clases- la identificación real y las disrupciones con la teoría general marxista que los moviliza.

Marx: Política y Estado como las pinzas de la misma opresión.

La explicación más elemental, difundida y reinterpretada por diversos autores sobre la visión marxiana de la política es aquella que, de modo general, entiende a esta actividad como herramienta de poder de una clase para dominar a la otra. Igualmente, esta lectura atribuye a la política no ser más que una esfera de la economía, base real sobre la cual se sustenta la superestructura marxista. Ello representa, a su vez, que la política no es autónoma, sino que depende de lo social. Seremos más precisos.

Según ha señalado Norberto Bobbio en Ni con Marx ni Contra Marx, el autor alemán claramente subordina la política a la economía. Y aún más: para el italiano, en Marx “la esfera de la política es la esfera de la fuerza” . En ese mismo sentido se expresa Robert Nisbet cuando señala que, para Marx, “el poder político es alienación” . Según Nisbet interpreta de Marx, esta alienación concluirá cuando el hombre llegue, “bajo el socialismo, a la emancipación plena de todas las limitaciones” . Es válido resaltar en este punto que para Marx, “la emancipación política significa reducir al hombre a miembro de la sociedad civil, a un individuo independiente y egoísta por una parte, y a un ciudadano, a persona moral, por la otra. La emancipación humana será completa únicamente cuando el individuo real absorba en sí mismo al ciudadano abstracto”. . Es entendible pues, que, siempre según Nisbet, la ciudadanía política, para Marx, representa una forma de alienación en sí misma.

Esta concepción negativa de la política en Marx es más expresa aún cuando en La Miseria de la Filosofía el mismo Marx señala que “la clase trabajadora sustituirá, en el curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil, una asociación que excluirá las clases y su antagonismo, y no habrá más poder político propiamente dicho” . No obstante, sin desconocer que una revolución es un acto político y que el socialismo no puede desarrollarse sin revolución, el autor de El Capital considera que una vez comenzado el proceso de organización, “tan pronto se manifiesta su propósito y espíritu, se quita esa capa política” . Y para ser aún más claros, es recomendable repasar el fragmento de El Manifiesto Comunista en donde se señala que el poder político es “el poder organizado de una clase para la opresión de otra” .

Si bien resultaría, hasta aquí, clara la visión marxista sobre la política y el rol jugado por ésta en la sociedad de clases, objeto de crítica permanente en la obra del autor alemán, es necesario repasar brevemente el rol del Estado en el mismo sistema social clasista para comprender en términos más acabados esta concepción negativista de la política.

Según Bobbio en Ni con Marx ni Contra Marx, Marx considera al Estado “como el conjunto de las instituciones políticas en que se concentra la máxima fuerza imponible y disponible de una determinada sociedad” . En Marx, “el Estado es la forma en que los individuos de una clase dominante hacen valer sus intereses comunes” , a la vez que es “el conjunto de aparatos, de los cuales el determinante es el aparato represivo ( ) contribuyendo a mantener el dominio de la clase dominante sobre la clase dominada” . En La Ideología Alemana, Marx sostiene que, en definitiva, el Estado no es más que la forma de organización que los burgueses se dan por necesidad, tanto hacia el exterior como hacia el interior, a fin de garantizar recíprocamente su propiedad y sus intereses. Por lo tanto, señala Bobbio, el Estado es el aparato del cual se ha servido la burguesía para su propio dominio.

Igualmente dice Hugo Quiroga en Marx y la Teoría del Estado, que para el autor de El Capital el Estado no es el momento positivo del desarrollo histórico ni tampoco momento de superación del Estado prepolítico, sino “un instrumento de dominación. El Estado oprime, no es la ‘realización de la libertad’, ni la superación de la inseguridad que resulta del estado de naturaleza” .

El Estado es visto entonces desde la concepción marxista como una maquinaria puesta en juego para la opresión de la clase dominante sobre la clase subordinada. Sólo que esta clase dominante -identificada claramente con la burguesía- busca unificar políticamente un colectivo dado bajo la creencia de que existe un interés general, interés que es, para Marx, ficticio. En realidad, lo que sucede es una conversión de los intereses particulares de la clase dominante en interés general. “Los intereses que se están defendiendo son los de la clase dominante, la que se vale de ese estado para organizar la dominación de clase” explica Quiroga.
Es el mismo Marx el que dirá en La Sagrada Familia que “el estado político es el producto de la sociedad burguesa” . A partir de lo cual, interpreta Quiroga, si se elimina la propiedad privada, fuente de división entre los individuos, “desaparecerán los intereses divergentes, y en consecuencia, ya no tendrán razón de ser el estado ni la política”, entendida esta última, en palabras de Colletti, como “instancia de mediación de intereses” . Ya sin los intereses contrapuestos, en una sociedad sin clases se vuelve innecesaria esa instancia de mediación de intereses. Es decir: se vuelve innecesaria la política. Por tanto, la política es herramienta de ese Estado que, señalándose expresión organizativa de una sociedad, encubre que no es más que el ente, para Marx, regulador de los negocios de la burguesía. Y la política, su más fiel herramienta.

Haremos aquí una digresión. Esta visión marxista sobre la política, propia de lecturas de corte más liberal, no necesariamente expresa el sinfín de los enfoque sobre el tema. Puntualmente, es Atilio Borón quien introdujo, frente a estas interpretaciones, un nuevo modo de entender la visión marxiana de la política.
Para Borón, el marxismo es una teoría de la sociedad, por lo que no deberíamos buscar en él una teoría de la política, crítica bobbiana por excelencia que llevó al autor italiano a hablar de la inexistencia de la política en Marx. En ese sentido, dice Borón que el hecho de tener una concepción ‘negativa’ de la política, lleva a Bobbio a confundir negatividad con inexistencia. “Marx sí tenía una concepción negativa de la política y del Estado” , señala el argentino.

Para Borón, la teoría marxista de la política ha de buscarse en la explicación marxista de la sociedad. De este modo, se comprenderá que para Marx, la política es un factor más dentro del sistema capitalista en su conjunto. “La concepción negativa de la política en Marx tiene como uno de sus fundamentos la teoría de la alienación” , ya que el estado y la política eran “estratégicas instancias de la alienación que contribuían a encubrir la explotación del trabajador asalariado y, de ese modo, a preservar una sociedad radicalmente injusta” . Y desaparecida la sociedad de clases, “la política pasa a ser otra cosa” , señala Borón.

No obstante, lo importante de destacar en este punto es que Marx, para Borón, considera a la política en toda sociedad de clases como una esfera alienante y alienada. Tal condición la genera, insistimos, su pertenencia a una sociedad de clases. “En las sociedades clasistas, la política es la principal esfera de la alienación y, en cuanto tal, espacio privilegiado de la ilusión y el engaño” dice Borón. Y es más claro aún cuando expresa que la política jamás pone en cuestión al estado realmente existente, “un complejo dispositivo institucional puesto al servicio de intereses económicos bien particulares, y garante final de una estructura de dominación y explotación” .

Más allá de las diferencias de enfoque entre los primeros autores citados y Borón –que asegura no sólo que no hay, sino que no puede haber una teoría ‘política’ marxista, porque para el marxismo no hay aspecto de la realidad social que pueda teorizarse con independencia de la totalidad-, lo realmente importante aquí es la coincidencia en la visión negativista de la política en tanto ésta es instancia de mediación de intereses del Estado representante de los intereses de la clase dominante. Tanto la lectura bobbiana como lo expresado por Borón coinciden en que la visión marxista de la política se expresa en esa concepción negativista que la entiende como instancia mediadora a favor de los intereses de la burguesía.

Frente a esto, lo que nos interesa ahora es verificar la continuidad y las interrupciones de esta visión marxista de la política en una sociedad de clases en aquellos espacios políticos vernáculos organizados bajo preceptos más o menos generales vinculados al marxismo o, si se quiere, a las nociones más generales de una izquierda anticapitalista.

La izquierda vernácula, entre una declamación y otra realidad

Como señaláramos al comienzo de este trabajo, es nuestra intensión poder verificar y contrastar la idea de política en Marx en un reducido grupo de expresiones/partidos/coaliciones políticas de nuestro país, cuyos lineamientos ideológicos generales las ubicaría, en una especie de continuum político absoluto, a la izquierda de otras visiones ciertamente moderadas.
Concretamente, para este reducido trabajo se ha optado por tomar como corpus a los fines de examinar las continuidades de la visión marxista de la política, a 2 partidos que se presentaron en las últimas elecciones presidenciales –octubre de 2007- en nuestro país. Ellos son el Movimiento Socialista de los Trabajadores –MST, de orientación troskista, abierto a espacios independientes- y el Partido de los Trabajadores Socialistas –PTS, troskismo más ortodoxo-. De estos espacios sólo retomáremos visiones generales de cada uno, expresadas en las elecciones citadas mediante su propaganda política electoral. A partir de ésta, es posible, en parte, -y sólo en parte-, trazar un lineamiento general sobre la concepción política general a partir de la cual llevan adelante sus acciones. Y en base a esto, comprobar las continuidades e interrupciones existentes con la visión marxista de la política vista precedentemente.

En el caso del MST, es posible leer en su plataforma de octubre de 2007 una breve visión crítica de la realidad de modo coyuntural y no estructural. En esta visión crítica a modo de repaso que ensaya el espacio político de orientación troskista, no se hace mención ni del sistema capitalista, la propiedad privada o la división de clases como causas de los diferentes problemas nacionales, sino que se enumera que los diversos generadores de los problemas nacionales son “la inflación, la corrupción, las truchadas del INDEC, el fraude en Córdoba, los hechos de Santa Cruz…”.
Frente a esto, el concepto más utilizado como contracara es el de ‘cambio’: “Cambiá por la izquierda, por los socialistas que proponemos cambios de fondo”, expresan en su plataforma. Cambios cuyos objetivos, señalan, son “la vida y el bienestar del pueblo y no la ganancia de unos pocos”. No hay, en estas palabras, una alusión a la concepción marxista de la política y el Estado como los medios de las clases dominantes, sino más bien una utilización de los mismos recursos –la política y el Estado, aún pergeñados en la sociedad de clases- como la herramienta y el ámbito desde donde generar el ‘cambio’. Más tarde insistirán en un modelo de país “donde se asegure la vida y el bienestar del pueblo y no la ganancia de unos pocos privilegiados”. No hay seguridad, en este proyecto político, del cese, al menos a largo plazo, de una sociedad sin clases y sin opresores ni oprimidos. Sí la creencia en las concepciones más generales del ideario político convencional: “Un país con verdadera democracia, libertad, justo, igualitario, independiente…”. Estas nociones –democracia, libertad, justicia, igualdad, independencia- si bien pueden tener en su origen o en determinado momento de su desarrollo -dentro del directorio de conceptos políticos- alguna vinculación estrecha con el ideario de la izquierda revolucionaria, lo cierto es que hoy son tomadas y utilizadas por buena parte –sino toda- del espectro político electoral, desde la derecha liberal hasta, como corroboramos aquí, la izquierda troskista. Pues estas concepciones de corte generalista hoy ya no expresan antagonismos ni son objeto de fuertes rechazos sociales, como si lo serían, por caso, declamar la necesidad de abolir la propiedad privada o de comenzar un camino hacia la sociedad sin clases. Y, más aún, señalar que la política tal como es puesta en juego en este sistema socio económico, regula intereses a favor de una clase social determinada.
Frente a estas disrupciones políticas con la visión del marxismo, es posible hacer mínimas lecturas de continuidad en las ideas de “poner bajo control popular” todos los servicios, nacionalizar los recursos naturales y explotarlos bajo un plan “controlado por los trabajadores, los vecinos y las organizaciones ambientalistas”. Pero aún así pudieran entenderse estas soluciones a problemas estructurales bajo clave materialista, el llamado a “una Asamblea Constituyente libre y soberana que reorganice de raíz toda la economía” está marcando dos puntos fuertemente disruptivos: no hay espacio para el punto álgido y último de la política bajo la sociedad de clases: la Revolución. Ésta se reemplaza por el democrático y justo llamado a una Asamblea. Y, por otro lado, la llamada ‘reorganización’ que expresan deja sin posibilidad alguna toda capacidad de realizar. Pues, reorganizar hablar de volver a poner en su lugar –re organizar- elementos ya existentes y constituidos. En cambio, la idea de realización trae consigo la noción del comienzo de algo nuevo –por caso, dictadura del proletariado - que aquí, al menos en esta breve lectura, no existe.

En tanto, un rápido análisis de la opción del Partido de los Trabajadores Socialistas marca una clara continuidad. Pero no con el inspirador máximo de los movimientos de izquierda, sino con su rival directo en las urnas: el MST.
El repaso sobre la realidad nacional cae en los mismos tópicos: los problemas nacionales han sido generados por “la inflación, los corruptos, los genocidas y los oligarcas”. Descripción que aspira a un grado de análisis que no consigue –ya que flota en la enumeración descriptiva sin pretensiones de explicación causal- y que, además, es compartida no sólo por estos dos grupos de izquierda aquí analizados, sino también por, en alguna medida, la visión instalada por los grandes medios de comunicación y la percepción más o menos relativa de buena parte de la sociedad –si bien la categoría de ‘oligarcas’ no está asumida con absoluto grado de aprobación social, si lo están las otras: la inflación, los corruptos, los genocidas, el INDEC…-. Y aún en el esfuerzo de reinterpretar a algunos de estos sujetos –‘corruptos, genocidas, oligarcas’- como pertenecientes a las clases que ostentan el poder desde el Estado u otras situaciones de privilegio –corporaciones empresarias, por caso- y utilizan tal posición para unificar políticamente un colectivo dado bajo la creencia de que existe un interés general, interés que para Marx es ficticio -ya que lo que sucede, como hemos visto, es una conversión de los intereses particulares de la clase dominante en interés general-, lo cierto es que no hay mención alguna de ello.

A continuación, traen a colación, en tren de análisis de coyuntura, el presunto fraude sucedido en la provincia de Córdoba en septiembre de 2007 y en la incapacidad del actual sistema político de resolver la disyuntiva. Pero la causa de la imposibilidad de resolver el problema está en la llamada “sumatoria de votos” –“una ley de lemas encubierta”, según el PTS- y no un sistema político pensado desde y para el mantenimiento de una sociedad dividida en estratos bien diferenciados. Frente a esto, proponen eliminar la sumatoria de votos y que la gente vaya “a votar” y “castigar a los políticos del fraude, los tarifazos y la miseria salarial”. Nuevamente, se recurre a la enumeración descriptiva sin buscar causalidades ni definiciones más precisas de estas problemáticas. Además, en este caso y para el PTS, el voto no es una herramienta de cambio de roles –por ejemplo, los trabajadores al poder-, sino tan sólo un castigo a los sujetos que fraguaron una elección, aumentaron las tarifas y pagan bajos salarios. Es decir, en caso de no haber fraguado elecciones, no haber aumentado las tarifas y pagar salarios acordes a los exigidos –y sólo nos limitamos a reproducir sus propias palabras-, el problema estaría resuelto y no habría que discutir el modelo ni la necesidad de un Estado en manos de un grupo social mayoritario y, menos aún, la posibilidad remota de un movimiento revolucionario para dar fin con el sistema de cosas dadas. En esta primera lectura –incompleta, es cierto- la sola idea de “corregir errores” sería suficiente para enderezar algunas cuestiones puntuales.

Estas claras disrupciones con la visión marxista –no sólo de la política, sino, retomando palabras de Borón, del sistema social como un todo inseparable- son continuadas en las llamadas “propuestas” del espacio político, aunque es posible leer algunos signos de corte materialista: Reestatización de empresas privatizadas bajo control obrero, necesidad de nuevos dirigentes clasistas, antiburocráticos y combativos y la declamación de un gobierno de los trabajadores y una Argentina socialista son los puntos que más se acercan al orden de lo deseable expresado por Marx.
No obstante, el diagnostico inicial y el resto de las propuestas –eliminación del IVA de la canasta familiar y salarios de $2800, entre otros- se acercan claramente al orden de lo posible, sólo que en ese posibilismo no hay ni una mención a, por ejemplo, la propiedad privada como germen de la desigualdad o a la sociedad de clases como causantes de la marginalidad y la pobreza, lecturas que hiciera Marx en su momento y que, en una lectura en clave materialista, podría hoy mantenerse.

Resumiendo una y otra postura, y sin caer en la tentación de dar juicios acabados, ambos espacios reducen sus acciones políticas a una preocupación por analizar un orden posible de la realidad. Y lejos están siquiera de plantear en términos más bien generales y vinculados a la historia política de la cual se desprenden, la posibilidad de un orden deseable. El posibilismo –es decir, este análisis y diagnóstico desde un orden posible y el modo de comprender el complejo sistema social -, desvincula, en parte, tanto al MST como al PTS, del ideario político de la izquierda inspirada en Karl Marx. Y sí es posible pensarlos en las antípodas teóricas del marxismo, tarea de un futuro análisis.


BIBLIOGRAFÍA
Norberto Bobbio. ¿Existe una doctrina marxista del Estado?. En libro: ¿Qué socialismo? Discusión de una alternativa. Barcelona: Plaza y Janes. 1978
Norberto Bobbio. Ni con Marx ni contra Marx. Fondo de Cultura Económica. DF.

Robert Nisbet. La formación del pensamientos sociológico 1. Amorrortu editores. Buenos Aires.

Karl Marx. Miseria de la filosofía. Editorial Orbis / Hispamérica. 1984.

Karl Marx y Frederic Engels. Manifiesto Comunista.

Hugo Quiroga. Marx y la Teoría del Estado. Publicaciones de la UNR.

Lucio Colletti, La Superación de la ideología, Cátedra, Madrid. 1982.

Atilio Borón. Teoría política marxista o Teoría marxista de la política.

Atilio Borón. Reas el búho de Minerva. Fondo de Fultura Económica. . 2000. Buenos Aires.

5 comentarios:

Nano dijo...

Correcto el pase. El conflicto del campo, por caso, fue un claro ejemplo de la política entendida como construcción de hegemonía, como una conversión de los intereses particulares de la clase dominante en interés general. Respecto a los partidos marxistas tal cual,es así, de una, quedan presos de su nominación. Me parece que es saludable que vayan cambiando aunque, un partido político construido desde y para la negación, queda a mitad de camino. Digo, los cambios no llegan sin poder, al menos dentro de la política partidaria. Me dejó carburando el ensayo.

JQ dijo...

Es una boludez, pero la izquierda argentina me hacer acordar al peronismo pos dictadura. En el sentido de desortientación. Como si no tuviera claro el lugar que ocupa. Sin hablar de Laura Sesma y sus alianzas (que de alguna manera hasta me parecen más saludables, en la coyuntura actual). En las últimas elecciones, Liliana Olivero se mostraba renovada, abierta, participaba en debates, salía en la tele, pero por otro lado, su slogan decía "mujer, socialista y bien de izquierda" (o algo así). Eso no tiene nada que ver con ser coherente ni defender una posición. Porque si un partido acepta participar a las elecciones conoce las reglas de juego y se somete a ellas. Y, por supuesto, intenta ganar. No obstante, ese slogan sectarista sólo se entiende si no te interesa ganar unas elecciones, y coincido con el nano, construir poder.

Bueno, Juan Cruz. Lindo ensayo. Es mi opinión y me gustaría seguir discutiendola. Abrazo.

Javier Quintá

Anónimo dijo...

no existis juan, no existis

daniel dijo...

muy buen artículo. Creo que la visión de Gramci es la que enriquece y hace posible una interpretación de Marx por fuera de los dogmatismos del marxismo mecanisista. Althusser y Poulantzas son continuadores de esta tradición; en la actualidad Robinson y Harvey tienen algunas posturas claras e interesantes sobre como interpretar el sistema capitalista en clave materialista histórica en el actual proceso de globalización.
La bajada que hacés a la realidad de la izquierda local es muy interesante.

saludos desde Santa Fe (uno que tb. vivió en Cba.)

Anónimo dijo...

"entre intelectual y argentino, elijo lo segundo y con todo" Sesma-Marx- Althuseer,jajaja Genial el comentario!! Me encantó. La verdad que este grupo de "intelectuales" no se muy bien de que la van... Me rompe un poco las bolas que haya tanta gente con aspiraciones de patriotismo en este momento y durante los 90' no vi a ninguno armar ningun grupo para "salvar al pais". Me resulta raro...ni el bizco, ni la Botox,ni ninguno... Nada mas....saluda a los cumpas
Cecilio Koloko