viernes, 9 de abril de 2010

HERNAN LANVERS

El extraño hombre de las letras

Es, por lejos, el cordobés que más libros vende en la provincia y fronteras afuera. Sus dos obras son best sellers y, sin embargo, no busca prestigio de escritor: “Lo único que quiero es entretener”, asegura.
Hernán Lanvers, el extraño hombre de las letras de Villa Belgrano.

Es médico, pero nunca ejerció. Escala, pero le tiene miedo a las alturas. Es deportista, pero carece de habilidad manual. Es de tez blanca como esta hoja, pero sueña con el continente negro. Jugó al rugby en el distinguido Jockey Club, pero lo hacía cuando era pobre. Es escritor, pero no tiene relación alguna con sus pares. Dice que no podría escribir novelas románticas, pero se la pasa hablando de las africanas.
Hernán Lanvers es un caso único. Desde Villa Belgrano explica cómo pasó de ser un profe de medicina en una academia para ingresantes a ser uno de los argentinos más leídos. Sus dos únicas novelas escritas y publicadas –África. Hombres como dioses y África. Harenes de Piedra, ambas inspiradas en aventuras en el continente negro-, rompieron récord de venta y se mantienen al tope de los principales ranking. Sin embargo, H. Lanvers –como firma sus trabajos-, sigue diciendo: “No me conoce nadie”.

_Sin embargo, saliste en la tapa de La Nación, en el suplemento cultural de Clarín.
_ Pero soy el desconocido de siempre.

“ERA UN GORDITO DE LENTES QUE LEÍA TODO EL TIEMPO”
Tomando la historia de Lanvers descontextualizada de su propia personalidad, es inconocible entenderla. Un hombre de 46 años que se puso escribir cuando pisaba las 4 décadas y que, de la nada, logró lo que ningún otro escritor cordobés: que lo editara uno de los principales sellos editoriales del mundo y que, como si fuera poco, vendiera al lado de los más vendedores, al lado de apellidos como Coelho, Grisham y Auster.

Lanvers ostenta título de médico, profesión que nunca ejerció. Mientras estudiaba se puso a dar clases para costearse la carrera. En un mes ya tenía 60 alumnos. Y cuando se recibió, había levantado una academia para preparar ingresantes con casi 400 alumnos. Hoy se dedica a eso: nunca un consultorio. Y se dedica a otras cosas.

_ Médico, profesor, deportista, aventurero y escritor Es una mezcla rara.
_ Es rara. Yo leo mucho. Cuando era chico era un gordito de lentes que leía todo el tiempo. Pero no leía a James Joice, leía un par de hojas y me aburría. Pero leía mucho. En la biblioteca debo tener unos 400 libros de África. Toda mi vida leí sobre aventuras en Kenia, en el Kilimanjaro, en Zanzíbar, en Tombuctú. Leo mucho, todo el tiempo, un libro cada 2 ó 3 días, leo hasta que la persona que me acompaña me dice de todo. Leo hasta que me echan al carajo.

_ ¿Se cansan de vos porque lees mucho o porque te fuiste 9 veces a África a escalar montañas?
_ Es todo un conjunto. Cuando vos te vas a escalar una montaña, estás dejando de ir con ella a la playa. Y aún yéndome a la playa, si después quisiera irme una semanita, me va a decir ‘porqué no cambiamos el juego de muebles’, que yo lo tengo todo comido por los perros. Siempre hay algo que quieren cambiar, y al final terminan cambiándome a mí. Es difícil.

Lanvers se ríe, todo el tiempo. A veces desmedidamente: no tiene pose de escritor. Y no le preocupa. Sigue pensando en su vida solitaria y se ríe. Y da ejemplos de esa convivencia diaria que explica su soledad eterna.

_ Vamos por el principio: tus marcas son las novelas de aventuras en África. ¿Cómo llegás a esa combinación?
_ Después de haber leído todas esas novelas de África que leí, en donde pensaba que esas aventuras eran para los norteamericanos, un día me pregunté si yo no podía ir a vivir eso. Y fui al Monte Kilimanjaro y subí con guías nativos, y subí y subí. Tenía 38 años, no era tan chico. Yo pensé que estaba reservado para gente especial, pero no es así. Después escalé el Monte Kenia, después fui a Borneos, en Malasia, y escalé la montaña más alta del Sudeste Asiático. Me di cuenta que se podían hacer una serie de cosas sin necesidad de ser un héroe de una novela de aventuras. He estado en los 5 continentes 2 veces, al menos, en cada uno.

_ ¿Siempre metiéndote en las partes más densas?
_ Más o menos, más o menos. Yo tomé la excusa de escalar montañas para estar en solitario, sólo con guías nativos. Estoy 15 días charlando con ellos y cuando vuelvo a las ciudades me quedo en las casas de ellos otros días más, me presentan la hermana, la prima, las madres. Estoy mucho tiempo con ellos. Hace más de un año estuve en el Norte de África y contraté un guía bereber y eso me hizo conocer muchas cosas que están en el último libro. Y ésa la única forma.

_ Y cuando escalaste tu primer gran montaña a los 38…
_ Era mi primera montaña, no había escalado ni el Uritorco.
_ ¿Ni siquiera el Uritorco?
_ En realidad, le tenía miedo a las alturas… Pero en la montaña no se siente tanto porque no te das cuenta. Pero no me podía asomar de un 4to piso. No me arriesgo mucho.

_ Sigamos: ¿cuándo sale la idea de la novela?
_ No estaba aún. La cultura africana me gusta de antes, mi papá también era un enamorado. Y a mi me gustan mucho las mujeres africanas, me gustan mucho las negras, más que la blancas, lo que pasa es que acá no hay…

_ No hay oferta
_ A veces veo una, pero tampoco la puedo correr por toda Córdoba… Me gustan mucho las mujeres negras. He tenido novias africanas, a las que ido a ver muchos años. He ido 9 veces a África. También he ido con la que era mi novia de acá, pero África es muy pesado para ir con una mujer. El único lugar donde podés pasear sin que te afanen todo, por ciertas calles, es en Ciudad del Cabo. En el resto, corrés un riesgo muy grande.

_ Escalaste montañas en África. Pero de ahí a escribir 2 novelas hay una distancia importante.
_ A la noche, después de escalar, los africanos se sientan alrededor del fuego en los refugios, hay refugios para blancos y para negros. En general están separados, comen separados y algunos se juntan, pero es muy raro. Y en esos fogones hablan mucho, y yo conversaba mucho con ellos. Y ellos me decían que yo era bueno contando historias. Y cuando fui a escalar al otro año, me dijeron lo mismo y me preguntaron si no era escritor. Y quizás por eso me puse a escribir. En el fondo creo que hay un destino definido y a veces se tarda un poco en elegirlo.

_ Previo a esto habías escritos cuentos, o algo por estilo.
_ Nada, era bueno escribiendo composiciones en el primario. En eso era bueno, hasta 7mo grado. Después no escribí nada. Pero leí mucho, leo mucho…

“YO NO SOY MUY PROFUNDO”
África, literatura y aventuras: Lanvers tenía todo listo y así escribió África. Hombres como dioses, su primera novela. Costeó de su propio bolsillo la edición y con su propia pluma y su propia lengua le dio manija: en un caso excepcional en Córdoba, hace unos 6 años, agotó 6 ediciones. Ante ese éxito, envió la misma novela a casi un centenar de empleados de su actual editorial y les pidió, de puño y letra, que le dedicaran 10 minutos a su obra. Tanto fervor puesto, tanta insistencia, que alguien la leyó. Y no dudó en decirle: H. Lanvers, usted tiene contrato con nosotros.

Estima que de la primera novela se vendieron entre 20 y 45 mil ejemplares. “No sé cuánto. Se editó de nuevo este año, en México –me enteré por internet-, en España, que tengo un ejemplar que me mandó una amiga. Pero hay muchas cosas que no me entero. Yo me enteré que mi primer libro ya estaba en la calle cuando me escribieron para felicitarme porque se estaba vendiendo bien. Y yo no sabía que estaba en la calle, no había visto ni la tapa, lo vi en una librería”, cuenta, como dejando en claro que con los grandes, el escritor pasa a un segundo plano.

La primera tirada del primer libro fue de 12 mil ejemplares. “Pero pasaron 10 días y no me avisaron. Y nunca lo presentamos. Y en Córdoba fue una librería que pidió que se presentara, porque había sido el libro más vendido en Argentina durante 2 semanas. Llegué a salir hasta en la tapa de La Nación, pero porque lo conseguí yo mandando libros. Pensé que la editorial iba a preparar todo eso. Yo pensé que se manejaba distinto”.

_ Si bien una obra no se mide por el nivel de ventas, tu caso es llamativo, ¿encontraste alguna explicación?
_ Es difícil saberlo. Yo soy un lector de novelas de aventuras, yo soy el lector típico de mi libro. Me gusta leer novelas sobre África y, sacándolo a Wilburs Smith, que escribe un libro cada dos años, no hay otro. Y se ve que en ese nicho ha encajado mi libro. Pero fue sin querer. Si me tuviera que poner a escribir novelas románticas, no me salen. Justo coincidió que era lo único que puedo hacer. ¿No sé si me entendés?

_ ¿Y no escribiste nunca sobre otra cosa?
_ ¿Y qué querés que escriba?, ¿algo muy profundo? Si yo no soy muy profundo. Yo escribo esto, no me voy a poner a escribir de mujeres, si cada vez las entiendo menos. De política, sólo leo los diarios. De África sé un poco. Y es muy grande, tiene muchas culturas. Y yo aspiro sólo a ser escritor de novelas de África. No me interesa otra cosa, sólo ser un novelista de aventuras de África.

Lanvers tiene un plan: 7 libros que abarquen 200 años de la historia de África. En 15 ó 20 años. Para eso, ya va por su tercera novela. Sobre la mesa del comedor donde charlamos está el soporte de su próxima obra. Y no es una PC, una Notebook, un celular o una máquina de escribir. Es un cuaderno espiralado, de los grandes, algo ajado, con hojas que se salen y una escritura que sigue una línea clara, algo prolija, con mucho, muchísimo, liquid paper: compra cajas de 12 del blanco líquido que le permite corregir.

Lanvers no tiene equipo de música, ni radio, ni PC. Va al cyber cada tanto. “Yo llegué tarde a esto”, dice. “Esto es muy cómodo –dice señalando el cuaderno- Yo viajo a África con esta mochila y puedo ir escribiendo en el viaje. En África por una computadora te matan. Te la afanan hasta en la aduana. No llegan ni los remedios”. Mejor los cuadernos.

“ESTOY DESTINADO A SER DESPRECIADO”
_ Vos mismo contás que nunca te invitaron a la Feria del Libro de Córdoba. ¿Sabes el motivo?
_ No. El último libro lo mandé a todos los medios. Y no conseguí una nota. Ahora me dicen que después de la Feria del Libro. Y yo creo que es noticia, no sé quién vendió tanto. El año pasado los dos más vendidos fuimos dos cordobeses y médicos: Aguinis y yo.
_ Vos decís que tu hubiera gustado ser como Charles Dickens, a quienes los intelectuales de su época lo despreciaban. ¿Te sentís identificado?
_ -Se ríe – Creo que por vender mucho uno está destinado a ser despreciado. Los otros están en otra categoría, es como un jugador de tenis y uno de ping pong, o uno de fútbol 11 y otro de fútbol 5. Son diferentes, y yo no busqué jugar al fútbol 11 con Maradona, sino al fútbol 5 los sábados a la tarde. Son rubros distintos. Quiero entretener, como el fútbol 5, sin exigirte tanto, sin desgarrarte.

_ Ni entrenar todos los días. La metáfora funciona.
_ Es que es así. El que crea que yo quiero jugar al fútbol 11 está equivocado. A qué voy a ir a la Feria del Libro, de qué voy a disertar. De lo único que puedo hablar es sobre novelas de África. El otro día publiqué por primera vez una nota periodística: una reseña de la última novela de Wilbur Smith. Pero no me voy a poner a hacer una reseña de El Corazón de las Tinieblas de Conrad.

_ Te duele esto que dijiste de que estás condenado a no tener prestigio.
_ -Vuelve a reír- No. Es como saber que estoy condenado a no ser flaco. Mirá todas las facturas que hay acá –al menos, 2 docenas que no hemos tocado aún-. Ahora cuando te vayas me como toda la parte del dulce y el resto se lo doy al perro. Pero sí me molestaría que mis lectores no se entretengan. Y el prestigio no me es necesario y no me corresponde. No me corresponde el prestigio de escritor de gran profundidad y gran valor intelectual. Mis novelas no tienen ese valor, son novelas de aventuras para entretener. Smith sabe que va a ser siempre despreciado y mal visto. Él sabe que está condenado a no tener un sólo amigo escritor. Y a mí me pasa lo mismo. A la única academia que quiero entrar, Juan Cruz, es a la Academia Kelvin, la mía –dice y se ríe, una vez más, se ríe, como gran parte de esta mañana en Villa Belgrano-.

Aún a las carcajadas, Lanvers cuenta que sigue escribiendo aventuras en África que continúan sus anteriores libros. “Estoy haciendo la continuación” vuelve a decir, mostrando su cuaderno como alumno orgulloso. No me queda más remedio que decirle que anoche, tarde, mientras mi hijos miraban Justo a Tiempo sacándome lugar en mi propia cama para saber si habían acertado al cronómetro y la noche se extinguía para ser sólo sueño, yo terminaba su segunda novela, Harenes de Piedra, y tenía que preguntarle, implorarle, rogarle que me dijera, al final de nuestra charla, que me respondiera, que me confesara, que me dijera de una vez y sin contemplaciones lo que pasaba con la heroína capturada por los negreros africanos: “¿La rescatan a Lissa?”, pregunté.

El secreto, inconfeso, está guardado en el tercer manuscrito de H. Lanvers, el extraño hombre de las letras de Villa Belgrano.


RECUADRO
“ÁFRICA ES LA FANTASÍA MÁS ALUCINANTE DE DIOS”
_ Pese a tu visión sobre la literatura como entretenimiento, Harenes de piedra tiene un importante grado de preocupación social, expresado en la denuncia sobre la esclavitud y la situación de la mujer en África. ¿Sentiste que al escribir sobre esto generabas otras cosas, además de entretener?
_ Yo escribo sólo para entretener, pero cuando en la investigación de los temas tratados uno tiene experiencias tales como poder hablar con esclavos o tratar con personas que, de niños, han sido vendidos y llevados a los Emiratos Árabes como jockey para carreras de caballos y han sido abusados sistemáticamente, la furia que uno siente no se puede disimular al escribir. No busco denunciar nada. Sólo contar lo que pasa en muchos países musulmanes hoy en día, y pienso que sus gobiernos, que lo permiten de una u otra forma, deben hacerse cargo de eso, ya que basan su modo de actuar y sus leyes en El Corán y este Libro Sagrado avala la esclavitud, en su capítulo o Sura Cuarto.

_ Justamente, las citas de El Corán expresadas sobre la inferioridad de la mujer, ¿buscan expresar una crítica a la visión del mundo en el continente negro -más precisamente, en los países musulmanes-?
_ Las citas de El Corán, en algunos casos, increíbles, sobre la mujer, en mi libro pretenden hacer que el lector conozca la forma de pensar acerca de la mujer, que, incluso en esos países, es una fuente magnífica de educación, de capacidad y, quizás, la única esperanza de que esos conceptos y otros cambien.

_ "La voluntad de Alá" es un recurso muy utilizado en varios de los personajes nativos de Harenes. ¿La resignación es un sentimiento habitual en África? ¿Lo identificaste con cierta resignación que se vive por estos lados, y más precisamente con ciertos sectores del ultra catolicismo que dejan el destino en manos de 'Dios'?
_ La resignación es un sentimiento natural entre los musulmanes y, también, en el resto de los africanos. Puede identificarse, en parte, con el ultracatolicismo y con la tendencia de muchas religiones a dejar que todo mejore en el otro mundo, mientras en éste, uno pocos sinvergüenzas disfrutan de todo tipo de lujos y de bienes materiales, mientras, a los demás, nos aconsejan esperar hasta llegar al Más Allá.

_ Decís que sólo lo más increíble está basado en la realidad. ¿Cuánto de realidad tiene Harenes?
_ Prácticamente todo lo relatado en la novela está basado en hechos y datos reales, proveniente de situaciones que verdaderamente ocurren u ocurrieron, entrelazados por un poco de ficción. Son eventos que le pueden pasar a uno mismo, hoy, si va a África del Norte.

_ Hablás de la infibulación en las mujeres, de los accidentes geográficos increíbles de África, de los cocodrilos del Nilo, de los tuareg -que no tienen nacionalidad-, de los bororos -que viven pendientes de su aspecto físico-, del mercado de esclavos de la Luna Llena, de Mauritania como territorio liberado de cualquier orden o ley. ¿Cuánto se mezcló la ficción en todo esto?
_ No sólo es real lo relatado sobre la infibulación o mutilación de los genitales o sobre situaciones difíciles de creer, como la existencia de cocodrilos en medio del Sahara. He debido reservarme muchas otras cosas para mi próximo libro o no contarlas, ya que, pese a verlas yo mismo, pienso que la gente no lo va a poder creer. Por eso, esta novela tiene recortes de diarios, con datos y fechas, porque a veces pienso que el lector puede creer que mi novela es toda fantasía. Es que, en realidad, en África, la realidad supera cualquier fantasía. Es que África, en mi opinión, es el delirio más salvaje de la Naturaleza. África parece ser la fantasía más alucinante de Dios.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

bueniisima la nota!!!! excelente!

Anónimo dijo...

he leido ya varias notas sobre este escritor y siempre dice lo mismo. no sera hora de cambiar el discurso? aburre

Anónimo dijo...

Buenisima la nota! Tuve la posibilidad de conocer a este hombre y me complace leer sus palabras.. Realmente es asi.. un tipo raro q no busca grandes reconocimientos tal vez por eso a algunos les aburre, personalmente admiro su esencia.. Excelentes sus libros!