viernes, 9 de abril de 2010

HERNÁN LÓPEZ ECHAGUE

“El humus del problema está en el sistema”

Después de enfrentar duramente al poder y recibir continuas agresiones tras publicar la biografía de Eduardo Duhalde, Hernán López Echagüe optó por alejarse del país para analizar nuestra realidad sin poner en riesgo su pellejo.
Descreído y alejado, su postura es la de uno de los analistas más ácidos de la política argentina.

_En los 90’ fue un analista político cercano a los círculos de poder. Qué paralelismos y diferencias puede marcar hoy entre aquella y esta realidad política.
_ Nunca me consideré un analista político, y mucho menos cercano al poder. Siempre detesté los despachos oficiales, los uniformes del poder. La impostura de los funcionarios y los dirigentes siempre ha sido y será deplorable. Actúan la vida. Se mueven por sus despachos como tenderos. Desde el presidente hasta el secretario del secretario del secretario más lúgubre. El país es una gran tienda que nunca ha dejado de someterse a los antojos de las grandes corporaciones del mercado. A veces, cuando enciendo la radio, no sé si estoy escuchando a un ministro o a un gerente de Monsanto o de Barrick Gold. Hablan la misma lengua. La lengua de los vendedores ambulantes. Lograron vaciar a la palabra de su contenido. Largan palabras deshabitadas de todo significado. Salvo para ellos, claro. Como alguna vez escribió John Berger, para nuestros gobernantes y dirigentes políticos lo único que nos queda por debatir es cómo medir lo que hay. Las encuestas de opinión reemplazan el rumbo y reemplazan el deseo. Nadie habla del sistema, sino del modelo. Cuando, presumo, el humus del problema está definitivamente en el sistema, no en los diferentes rostros que cada tanto adopta. En esos aspectos, nada ha cambiado. Tal vez las formas, el embalaje, el libreto, la marca de los zapatos, el color de las alfombras, los cuadros en las paredes, las fotos de familia bajo el vidrio del escritorio del despacho oficial.

_ Bien: ni analista político ni cercano a los círculos de poder. Entonces, ¿cómo se hace para escribir la biografía del por entonces hombre fuerte de la provincia de Buenos Aires?
_ Gasté tres meses y decenas de llamados telefónicos para lograr la entrevista con Duhalde. Y los contactos me los brindó un amigo de Página/12, porque en mi agenda telefónica no tenía registrado ni un mísero número de teléfono de dirigentes cercanos a él. Eso habla, creo, de la inmensa distancia que tenía con el poder político y sus miembros. Las fuentes fundamentales, como explico en el prólogo del libro, fueron amigos de la infancia y de la juventud de Duhalde; periodistas, vecinos, ex policías, empleados públicos, abogados, entre otros, de La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, Avellaneda, La Plata. El tronco de la investigación, claro, era la vida de Duhalde. Y decidí relatarla a partir de las ramas, de la infinidad de ramas que iban floreciendo durante la investigación. Un nombre me conducía a otro; un testimonio me conducía a otro; una conversación con un dealer de Lomas de Zamora podía conducirme a decenas de ramas que hasta ese momento ignoraba. No sé si logré una buena investigación, pero creo que toda buena investigación debe prescindir de las voces del poder, de las voces oficiales, habitualmente movidas por intereses políticos. De hecho, un funcionario muy importante, enterado de que yo andaba errando por el conurbano a la búsqueda de información sobre Duhalde, un día me ofreció una carpeta en la que, me aseguraba, había documentación irrefutable sobre una amante de Duhalde. Desde luego, la rechacé.

PERIODISMO Y PERIODISTAS
_ Mientras el periodismo centró el eje de todo lo que se dijo en el post elecciones del 28 de junio, ¿dónde entiende usted como profesional que habría que centrar la discusión política hoy?
_ Primera confesión: nunca voté. Me parece muy bien que otros lo hagan. Pero no creo en el sistema. No hablo del modelo, hablo del sistema capitalista y ese juego teñido de falsa participación civil al que llaman democracia. La farsa de las elecciones ha servido para ratificar esa postura. Semeja una disputa por un puesto de trabajo en una oficina de morondanga. Segunda confesión: no soy un profesional. Nunca estudié periodismo. Lo poco que sé, lo aprendí en la calle, escuchando, mirando, y, claro, leyendo, en particular literatura. Una buena novela, un buen cuento, nos ofrecen un panorama mucho más profundo, verosímil y certero de la vida que diez textos periodísticos o sobre periodismo. No sé muy bien dónde habría que centrar la atención, la discusión. En principio, supongo que en cualquier punto focal que no comprenda a la política, a los políticos y a las elecciones, que no son otra cosa que una triste escenificación de civismo. Seguí participando. Civismo que dura unas pocas horas. Las personas meten una papeleta en un sobre, luego el sobre en la ranura de una caja, y de regreso a casa compran ravioles, una botellita de vino tinto, almuerzan, duermen la siesta y a la noche esperan con ansia el resultado de la elección como el que espera el resultado de la quiniela, o como el que escucha River-Boca. Ese es el tamaño de la libertad que nos permite este sistema. El tamaño de una ranura. Al día siguiente, a cerrar la boca y a obedecer. En el trabajo, en la escuela, en la calle. Y en momento alguno dudar del fatalismo que rige nuestra vida. Todo es así porque así debe ser. En tren de responder, arriesgo una respuesta: habría que centrar los pensamientos, las reflexiones, en el “por qué”. En las facultades de periodismo dicen que toda noticia debe dar respuesta a las seis preguntas tradicionales: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué. Ya nadie se ocupa del por qué. Porque la respuesta al por qué de las cosas, de los acontecimientos, nos conduce a un cuestionamiento peligroso del sistema.

_ El periodismo de los medios concentrados habla de que nunca ha habido una época de tanta censura y persecución como la actual. Como víctima directa de la persecución y la amenaza durante los 90’, ¿entiende que estas declaraciones forman parte del oportunismo político o tienen asidero en la realidad?
_ Un poco de realidad, un poco de oportunismo. Y mucha hipocresía. De uno y otro lado, si es que me obligan a establecer lados. Una rutina histórica. Los lados. Campo del pueblo y campo del enemigo. Ponerse a pensar y a opinar con libertad es un pecado. O, como decía Aldo Rico, la duda es la jactancia de los intelectuales. Hay que tomar partido. ¿Por qué? Porque de lo contrario uno puede resultar “funcional a la derecha”. ¿Qué derecha? ¿La del gobierno o la de la oposición? ¿Qué oposición? ¿Oposición a qué? ¿Qué gobierno? ¿O deberíamos decir qué tienda y qué tenderos? ¿Y por quién o quiénes? Por mí, se pueden ir al carajo. La censura existe en los medios, en las fábricas, en los colegios, en los propios periodistas. Y muchas veces no hace falta imponerla. Está en las personas, que se censuran para permanecer, para no perder el empleo, para agradar y congraciarse con el patrón y con el vecino. El célebre “por algo será” fue la censura más inhumana y patética que he visto en mi vida.

DONDE ESTAMOS HOY
_ Usted escribió en 2002 La política está en otra parte. En estos 7 años se ha hablado de la cooptación de los movimientos sociales y de la pérdida de poder territorial de estos. ¿Sigue estando la política en otra parte? ¿Dónde?
_ Hace ya mucho tiempo que la actividad política se convirtió en un empleo bien remunerado. Al diablo el bien común. Lo mismo sucede con el periodismo. La política siempre estará en otra parte, jamás en el poder y por sobre todas las cosas en la búsqueda del poder. Si es que hablamos de política en el sentido más sano de la palabra. La política, qué sé yo, me parece que ahora anda desnorteada, errando por calles de tierra, por senderos de lodo, bastante borracha y con ganas de cortarse el pescuezo. Tal vez esperando la llegada del 21 de diciembre del año 2012. El Calendario del Largo Conteo Maya lo dice. Ese día habrá un alumbramiento cósmico. Comenzará una transición espiritual hacia una nueva civilización. Seremos un pedazo de pan empapado en el líquido de la nada.

_ Dice en su página que “una melancólica propensión a la idiotez, la inescrupulosidad y el sometimiento a la gala del poder parece imperar en el cráneo de buena parte de los periodistas, escritores e intelectuales”, ¿cómo hace, entonces, la sociedad para informarse y formarse?
_ Primero habría que preguntarse si los medios de comunicación, en su actual estado de oquedad, sensacionalismo y amarillismo sirven para informar y formar. A mi juicio, desinforman y deforman. Propongo un ejercicio, tal vez más parecido a un suplicio: gastar un día escuchando los programas periodísticos de radio Mitre, de Continental, por ejemplo. Al día siguiente, ponerse a leer, desde la primera hasta la última página, Clarín, La Nación, Página/12, Perfil, Crítica, la revista Noticias. Parecen productos fabricados en un comité, en una unidad básica, en un una pocilga, no en una redacción poblada de periodistas independientes y bien formados. La mediocridad de la prensa gráfica causa una gran melancolía. Todo indica que la sociedad nunca jamás podrá informarse y formarse a través medios de esta naturaleza. Fingen objetividad, y fingir objetividad es lastimoso. La sociedad, concepto en el que no creo, vive sumergida en una realidad que los medios construyen a su antojo, según sus intereses mercantiles, comerciales y políticos. La noticia se ha convertido en una mercancía, y el mensaje en un arma que se emplea para presionar y así obtener beneficios económicos, o regalías y favores que a los medios, en su entronque natural con el poder económico, los ayudan a enterrar el factor disgusto a partir de titulares sobre los programas de Tinelli.


RECUADRO
DESDE LEJOS
_ Qué brinda la distancia para analizar la política actual.
_ Más allá de una buena dosis de tranquilidad y parsimonia, la distancia geográfica me ha servido para despojarme de muchos prejuicios. Desde que me instalé en Uruguay, comencé a recorrer mucho más la Argentina, siempre a la caza de historias que luego volqué en mis últimos libros. Suena raro, ¿no? Pero es así. Incluso, a mis mejores amigos argentinos los he conocido a lo largo de los últimos años, y todos son del interior del país. Buenos Aires, que antes era el centro de mi vida, casi una patria aparte, pasó a ser un lugar de paso, una escala en cada uno de mis desplazamientos. La lejanía geográfica me sirvió para achicar distancias con una realidad que la locura y la soberbia porteñas no me permitían ver en toda su magnitud. Regresé al llano, y creo que “la historia actual en toda su plenitud” —como algunos han definido al periodismo— debe ser contada desde la llanura, desde las voces que tornan posible y le dan sustento a la historia. Es necesario prescindir de la voz oficial, de la voz de los dueños de la voz.

RECUADRO
EL HOMBRE GOLPEADO
Hernán López Echague es de la generación intermedia de periodistas que a partir de los 80’ renovó las formas del periodismo gráfico. Tras pasar por diferentes medios, a mediados de los 90’, su libro ‘El otro’, una biografía política de Eduardo Duhalde, generó un gran revuelo, que incluyó la escena televisiva de los Duhalde llorando en el programa de Mariano Grondona por lo que se ventilaba en el libro y amenazas y agresiones físicas, que lo volvieron tapa de todos los diarios y que llevaron a decir al innombrable ex presidente que las continuas agresiones a su persona “eran gajes del oficio”
También público las biografías de Carlos Ruckauf y Ramón Ortega, además de ensayos periodísticos y novelas.
Tras esta serie de amenazas, decidió recluirse en Nueva Palmira, en la costa uruguaya.