jueves, 7 de junio de 2007

Aureliano Marín

Raro, como encendido

Voz y líder de Aureliano Tango Club, el cordobés Aureliano Marín volvió en marzo a Córdoba para presentar su segundo trabajo: L’inmunne.
El tango electrónico, su melancolía congénita, su ida a Buenos Aires y la necesidad de recuperar la esencia, todo en la voz más joven y promisoria del tango nacional.

Aureliano Marín apenas supera los 30 años. Tiene exactamente 31 y hace 3 se fue a Buenos Aires, después de haber deambulado por mil y un lugares en la Córdoba de las pocas oportunidades.
Niño prodigio de la música, en su más tierna infancia ya andaba entonando algún tango. Más acá en el tiempo y después de haber pasado por el rock y el cuarteto –dos de las bandas más prestigiosas lo tuvieron entre sus integrantes- optó por irse a buscar lo que Córdoba no ofrecía.
Casi como el hijo pródigo, después de tres años de su partida volvió para tocar en el San Martín, ahora para presentar L’inmune, su segundo disco recién estrenado. Tras ello, gira nacional y viaje a Europa.

“NO ENTIENDO EL TANGO ELECTRÓNICO”
3i años, hacés tango y sos cordobés. Irremediablemente se piensa en el tango electrónico y esas fusiones de la modernidad musical. Pero en tu caso no es así.
Lo que yo estoy haciendo es tratar de hacer un camino, abrir un camino tratando de ser lo más honesto conmigo mismo para hacer un camino de verdad. Yo empecé por algo que me pegaba mucho: el tango. Y lo hice con un trío de jazz porque me gustaba el color y el sonido del trío. Empecé a experimentar en Córdoba, hice arreglos y empezó a surgir esto. Grabamos un demo, nos consolidamos un poco más y después me fui a Buenos Aires. Con respecto al tango electrónico no tengo nada en contra, yo empecé mi camino por donde lo empecé, tal vez alguna vez haga un disco de tango electrónico, no sé. La verdad, no entiendo el tango electrónico, tal vez no me da la cabeza...

En qué sentido ‘no lo entendés’.
No entiendo algo que sucede con la música electrónica: no existe el tema, es como un ‘ambient’, un ambiente y no hay canción, no hay tema central, no hay melodía. El tango electrónico, estructuralmente, no cuenta nada. Está bien, es una estética más moderna, por eso no podría hacerlo porque no lo entiendo, no sé donde está el punto.

Y más allá del respeto que le puedas tener a la gente que lo hace como músicos, vos como amante del género desde tu más temprana edad sentís que hay una alteración de la esencia tanguera en el tango electrónico.
Sí, si te tengo que ser honesto, el tango electrónico no es tango, es electrónica. No tengo nada en contra, pero el tango es un género muy fuerte y muy definido; si lo tomamos así, tiene que tener elementos básicos: el desarrollo armónico, melódico, el aporte de poetas a las letras. Eso lo más sustancial que tiene el tango, si hago otra música y le pongo bandoneón eso no significa que sea tango. De todos modos, lo que digo es que simplemente los elementos del tango están dejados de lado para resaltar los de la música electrónica. Entonces pasa a ser música electrónica.

ÉL Y EL TANGO
Cómo llegas a estar vinculado con el tango siendo, en el idioma tanguero, un pibe, algo que no es muy común.
Se los debo a mis padres; mis viejos y toda mi familia es de Buenos Aires y escuchan mucho tango. Y siempre escuché de chico, de adolescente me gustó el rock, pero realmente te digo que nunca me he sentido un ‘rocker’, tenía mi banda, pero era un objeto extraño. En cambio el tango siempre me fue muy propio, sé cómo es porque desde que nací escucho. Cuando tenía que tocar tango con otra gente era mucho más simple para mi.

Casi natural.
Claro, tenía que remitirme a las ideas musicales que tenía de cuando había escuchado. Fue muy natural, cuando me compré el contrabajo y empecé a trabajar con grupos de tango acá en Córdoba, de la nada me di cuenta que sabía 100 tangos. Y los sabía porque me los acordaba.

¿Una especie de memoria espontánea?
No, los sabía. Cuando tenía que tocar cuarteto y me decían: tenés que sacar 20 temas, era como hacer una losa. Durísimo. Con el tango nada que ver, salía, ya sabés cómo es, de chico.

¿Eso te dio la pauta para definirte finalmente por el tango?
No, en realidad esto sucede porque de toda la vida me gustó, entonces yo sabía esos temas no por esa memoria espontánea que decís, sino porque los había escuchado cientos de veces. Cuando tenía 15 años me mataba con el ‘Polaco’.

¿A los 15 años con Goyeneche? Eras el único de la cuadra.
No sé si era el único. Tenía esa sensación de escucharlo y decía que ‘hijo de p...’. Y cuando era chico cantaba ‘Tinta Roja’ y mi viejo se emocionaba, ya a los tres años cantaba “donde estará mi arrabal, quién se robó mi niñez”, y tenía tres años. Siempre me vi muy atraído hacia la melancolía y hacia el tango. Transité muchos géneros pero en el único en que me siento yo mismo es en el tango. No sé, y tampoco me importa mucho, si soy un tanguero o no, no me interesa pertenecer a un círculo. Hago mi historia y por suerte la gente en Buenos Aires siente mucho respeto por lo que estamos haciendo. Pero las decisiones que tomo las tomo porque algo me emociona. Ese es el parámetro que tengo. Si a la gente le gusta o no, es algo que yo no puedo manejar. Yo lo siento muy auténtico, algo que me sale de los cojones.

LA MUERTE A MANOS DE EEUU
Recién hablaste de la melancolía, ¿sos melancólico por naturaleza?
Y... tengo una melancolía recurrente, me gusta, me hace pensar cosas. Me resulta muy estimulante la melancolía.

¿No te genera tristeza la melancolía?
Y a veces sí. Pero cuando estoy triste me dan ganas de ponerme a escribir, y otros pintarán, compondrán. Si de la tristeza sacas algo bello...

Bienvenida la tristeza.
Es reconfortante. Para mí si no hay tristeza no hay alegría. La alegría pura, la tristeza pura me parecen estúpidas.

Y quizás porque casi nadie está de acuerdo con esto que decís de que sin tristeza no hay alegría, que es casi una condición del tango, es por lo que el género ya no goza de la masividad que alguna vez tuvo. Por esta cuestión oscura, densa, melancólica, triste.
Sí, puede ser. Fue algo extraño lo que pasó con el tango. El tango empezó a morir en una época en donde se le abrió la puerta a un montón de música norteamericana que nos invadió. Los norteamericanos tiene esta metodología muy invasiva respecto del sonido, la estandarización del sonido, de la formas de grabación y producción. Producir una orquesta significaba 8 músicos en escena más todos los que estaban atrás. Y a lo mejor venía Palito Ortega con 4 locos atrás y metía el mismo público. Si gastas 100 y ganás 1000, es mejor que si gastás 500 y ganás 1000. Eso fue lo que terminó matando al tango. Desde la década del 70’ en adelante o venía de Estados Unidos o se reproducía acá la estética de Estados Unidos.

La optimización de los recursos llevado a la cultura
Claro, no convenía. Le habrán dicho a Pichuco ‘loco, no conviene llevarte a vos porque lo llevo a Donald y meto más gente y los pibes están chochos’. Pero después de 2001, mucha gente que había apostado a estándares de vida que venían de otro mundo se dio cuenta que viven en este país y que no van a entregar más lo suyo. Y con el tango pasó eso también. Es algo raro, pero me parece que algunos pibes reconocen que les gusta, no sé, Sting, pero también reconocen que no viven en Inglaterra, son de otro lugar. Lo que quiero decir es que al final uno puede consumir lo que quiera, pero hay que darse cuenta quiénes somos nosotros. Somos esto.

Nos hagamos cargo.
Nos hagamos cargo. Somos cumbia, somos tango, somos un montón de viejos decadentes, tristes, asquerosos que hicieron esto. Pero somos esto. Acá siempre pretendemos ser otra cosa de lo que somos. Cosa que no pasa, por ejemplo, en Brasil.

Hablás de esencia, de al menos tenerla en cuenta.
Sí, ahora creo que ni sabemos cuál es la esencia. Yo la voy buscando. Yo no sé qué somos los argentinos, al menos sé que esto que estoy haciendo es una mezcla de cosas de donde trato de sacar belleza. Yo no me puedo subir a un escenario peinado como Gardel y sonreír, porque no soy Gardel. Estoy buscando.

Y mientras tanto sos la representación de variadas cosas, de la diversidad dentro del tango.
Eso, me siento parte de eso. No sé si es algo que le pasa a todo el mundo, pero yo nunca me sentí un pibe de barrio, tampoco de centro. Ni un cheto, ni un ‘negro’, ni un cuartetero, ni un folklorista. No fui tanguero. Nunca me sentí parte...

De ninguna tribu.
Claro, capaz que en la adolescencia eso me costó. No pertenezco a ningún movimiento, hago lo que hago y trato de sacar belleza de los elementos que tengo. El resultado es diversidad, como decís vos. Y para mi está bárbaro

LO QUE DA BUENOS AIRES
En una entrevista en el diario La Nación, decías que en “Buenos Aires se valora lo que hacés y en el Interior eso no pasa”.
Sí, es cierto.

Contame un poco más. ¿Qué te dieron en Buenos Aires que acá no?
En Buenos Aires vas con tu guitarra, tocás en cualquier lugar, en la calle y si a un tipo le gusta lo que vos hacés lo vas a volver a ver. Y trae más gente, hace el boca en boca y paga la entrada y lleva a su mujer. Eso fue nuevo para mí. Yo llegue y empecé a tocar con la viola sólo, en Boedo, por la gorra, al mediodía, cara ‘e chapa, hace tres años. Y acostumbrado a Córdoba a que vinieron los viejos, no pagaban la entrada y encima me decían lo que tenía que hacer, que siempre te falta algo; yo los mandaba a la mierda. Y pensaba que en Buenos Aires sería más, que los viejos me iban a crucificar, pendejo, de Córdoba... Y tuve experiencias de estar solo tocando, que haya un solo viejo y que después de tocar venga a felicitarme, a darme la mano y a la noche vuelva con la esposa. Me pasó siempre y le pasa a mucha gente. Se animan a decir que el pibe que canta acá a la vuelta es un fenómeno...

No importa que cante acá a la vuelta
Claro, la gente está orgullosa de las cosas que produce su ciudad, es algo muy estimulante. Muy emotivo. Córdoba es una ciudad bastante difícil.

Y te fuiste con un poco de bronca.
No, no. No. Me fui porque era necesario. O me quedé en Buenos Aires porque era lo que quería. No es una cuestión de bronca, es una cuestión de reconocer lo que sucede a la vuelta de tu casa, de conocer tu propia identidad. El pibe de la vuelta de tu casa tal vez no es Sting, rubio, alto, buen mozo, no, es el pibe de la vuelta de tu casa, pero es un tipo que sufre lo mismo que vos. Y cuando hace arte vuelca lo que siente en música, vuelca su sentimiento, que puede llegar a ser el mismo que el tuyo. Córdoba ya es una ciudad grande, eso ya debería cambiar.

En conclusión, es una revancha venir a presentar el disco en Córdoba.
No... -piensa largo rato- no, no es una revancha, es -sigue pensando y se toma unos cuantos segundos- es algo raro. Lo tomo como que lo tengo que hacer. Me gustaría que... –la reflexión se vuelve a tomar su tiempo- yo, al igual que un montón de gente, me tuve que ir de Córdoba, porque es tan difícil... Yo ya me fui, ahora vengo a presentar mi disco una, dos veces al año... Pero estaría bueno que desde Cultura se haga una gestión para que eso vaya cambiando y que la gente no se tenga que ir. Porque irse... eso es triste. A vos te puede ir bien, todo lo que quieras, pero irse es triste. Pero ahora vengo, muestro el disco y espero que la gente se sienta reflejada, que tomen las cosas como esenciales. No quiero que piensen que esto es una revancha, quiero que vengan a escuchar música y que se acuerden, por ejemplo, de su primera novia.


RECUADRO
SIN HUELLA
En el repertorio de Marín, un tema que sobresale en su primer disco es ‘Los ejes de mi carreta’ de Yupanqui. La letra dice claramente “es aburrido seguir y seguir la huella”. Y el cantante no tiene más que sentirse identificado: “Lo he intentado, a veces me he cagado de hambre. Me hubiera encantado poder decir que me quedaba acá, me compro un auto y un departamento. Pero no puedo, me hierve la sangre. Me muero. Me empiezo a volver loco”.

¿La esencia tanguera?
No, que sé yo que esencia es...

RECUADRO
AURELIANO EL CUARTETERO
“Todo músico que ha laburado acá en Córdoba tarde o temprano ha tocado cuarteto” señala Aureliano Marín, un poco para explicar sus paso tocando la guitarra por Chébere (tres meses) y Tru La La (1 año). “Es entretenido –dice- pero yo no pude estar más de un año. A mí me secó la cabeza”.

¿En qué sentido te ‘seca’ la cabeza?
Yo quería otra cosa. Lo mismo me pasaría con la música clásica. Es como si trabajaras en una venta de ropa y sentís que hay algo que no va. Yo no pude, no puedo. Y un día me levanté y dije ‘no trabajo más’. Pero las experiencias son buenas.

Y se puede rescatar algo artísticamente, porque por ahí pareciera que las bandas son máquina de hacer chorizo.
Laburo musical hay, el problema no son las bandas, son los empresarios que están atrás de la banda. El tipo que canta está orgulloso y hace su trabajo lo mejor que puede, subirse a un escenario 4 veces por semana con 5 mil personas es un trabajo artístico. Eso es valorable. El tema es que a los empresarios no les importa nada más que la plata

¿Y esa presión se siente?
Sí, se siente, y se siente que ser empleado de cuarteto es lo mismo que trabajar en un shopping, sos una hormiga, no sos el eslabón de una cadena. Sos una hormiga: si no vas vos, va otro. Y van a tratar de pagarte lo menos posible, de llevarte al peor hotel, de tratarte de la peor forma.

¿Y llegaste a salir en la tapa de algún disco de Tru La?
Sí, sí.

¿Cuál?
Ah no, no te voy decir…