viernes, 8 de junio de 2007

MARTÍN CAPARROS

“La idea de nacionalidad me parece un curro”

Periodista y escritor, Martín Caparrós anduvo por Córdoba presentando ‘El Interior’, su última obra.
El país de 2001, el actual y las entrañas de la Argentina que conoció en los 30 mil kilómetros de viaje, aquí en Matices.

¿QUÉ PAÍS? AQUÉL PAÍS
En tu libro Qué País decías que lo más difícil, en aquel verano de 2002, era que, cuando fuera grande, a tu hijo le ibas a tener que dar un pasaje para que se fuera a otro lugar (* Ver aparte).
Yo me fui muchas veces de la Argentina (habla un poco contrariado) Y muchas veces más pensé en irme, me interesa siempre la posibilidad de irme. Pero si hubo un momento en que no me interesó irme fue en marzo de 2002. Me parecía que era un momento súper interesante de la Argentina. Lo último que hubiera hecho hubiera sido irme, por eso me parece rarísimo lo que me estás diciendo. De todas maneras, he escrito que esa especie de tendencia a la fuga en esos meses, en esos años, fue una manifestación más de esta tendencia argentina al pensamiento mágico, la idea de que todo se soluciona porque me compro un pasaje de avión y me bajo en Barajas. Y después, un porcentaje muy grande de los que se fueron volvió. No había ninguna magia por la cual llegar a España ó a Italia ó a Miami equivalía a que te fuera bien. Además, era una forma de solución basada en lo individual en un momento en donde había una cierta idea de que podía haber una salvación más colectiva. Tomarse el avión era decir ‘conmigo no cuenten, yo me las arreglo solo’. Por muchas razones me parece my raro que yo haya dicho una cosa así.

¿Y hoy? ¿Sí lo pensarías? Lo digo en función de que si aún las cosas te resultan interesantes como en aquel momento, en donde hablabas del renacimiento de la política.
Me parece un momento aburridísimo de la Argentina. Un momento poco interesante, porque ahora lo que se produce es como el rebote de esa situación. Esa situación consistió básicamente en que dejamos de creer en los papás durante un breve lapso. Esa fue la crisis de descreimiento de los políticos. No servía delegar nuestra voluntad en otros porque esos otros hacían con eso lo que se les cantaba. Y entonces, durante unos meses mucha gente trató de encontrar formas de hacer por sí misma o en conjunto, pero sin delegar esa voluntad. Pero como somos un país de gente impaciente y caprichosa, al ver que en 6 meses no habíamos cambiado la Argentina, decidimos que ya no servía para nada, lo dejamos de lado y volvimos a buscar un papá que nos llevara de la manito. Y eso es lo que aprovechó Kirchner, llegó justo en el momento en que la gente estaba esperando que alguien se hiciera cargo, desalentada porque esa tentativa de hacerse cargo por sí misma no había resultado. Y en eso estamos ahora, hemos conseguido producir una especie de crisis permanente, la normalización de la crisis. En ese momento la crisis era algo urgente, que tenía que resolverse de alguna manera. Y ahora vivimos en una crisis permanente. Por supuesto, la clase media, que en ese momento estaba preocupada porque le habían tocado la plata, ahora está un poco mejor; los pobres están exactamente igual que antes pero da la sensación que eso es lo que hay y así somos. En ese sentido hizo muy bien su trabajo Kirchner.

Esa vuelta de la política que vos mencionás insistentemente en Qué país, ¿está adormecida?
Sí, yo creo que sí. Lo que no significa que no vaya a despertarse en algún momento, pero ahora hemos vuelto a la delegación a ultranza. Nuestra relación con las decisiones políticas consiste en ir a votar una vez cada 2 años.

¿Y ciertas orientaciones del gobierno no reflejan, en algún sentido, aquella manifestación, aquel renacimiento de la política en 2002?
Me parece que no. Han tomado lo más epidérmico y lo que menos influye en la realidad. Por ejemplo, el famoso tema de los Derechos Humanos. Se dedican a defender incansablemente los Derechos Humanos de hace 30 años y no hacen gran cosa por los Derechos Humanos de pasado mañana: hablo del derecho humano a comer, a educarse, a vivir un poco mejor. Por supuesto, este gobierno es un producto de la decepción de mucha gente ante el modelo Neoliberal de los 90’, sino no hubiera podido existir. Por eso a mi me da pena que frente a esa decepción, lo que haya podido desplazar a ese modelo sea este gobierno que es lo que más se podría parecer a ese modelo en cuanto a su funcionamiento económico y social.

Revisando Qué País, entiendo que los elegidos para ser entrevistados y analizar el país tenían algún tipo de respeto de tu parte, además de afinidades políticas.
Respeto sí, no necesariamente afinidades.

Bien, Y repasando uno ve a D’elia, Eric Calcagno, Artemio López, José Num, Gabetta y Zafaroni. Todos, de alguna u otra manera, integran o apoyan el gobierno
Para mí Zafaroni no. El gobierno tiene problemas con él.

Bien, pero los otros sí. ¿Cómo lo analizas, te genera algún choque?. ¿No tenés cierto temor que tu discurso, en el caso de los Derechos Humanos, se emparente con el discurso de la llamada ‘derecha’?
Si la derecha en algo tiene razón no por eso voy a dejar de pensar como pensaba. A partir de eso hay una serie de matices que cambian radicalmente. Pude ser que la derecha critique ocuparse de los Derechos Humanos de hace 30 años a este gobierno, pero se lo critica porque querría que se los olvidara para siempre. Yo se lo critico porque querría que los recordara de verdad, no de forma museística, no hablando de ‘aquellos muchachos’ de hace 35 años, sino de forma efectiva que cambie la Argentina. No que pongan placas en las plazas.

¿Y tu percepción del poder no cambia, aún cuando hay hombres como los que te nombraba recién, a los cuales les guardás respeto?
No, yo no pienso la política en función de qué equipo juega. Me parece que hay otras formas más interesantes para analizar políticas que ver qué jugadores salen a la cancha. Si están unos, están unos, ése no es el problema; no por eso voy a pensar distinto de lo que hace un gobierno porque haya un tipo que respete.

Qué País antes era ¡Qué País!, la fatalidad del país. En el 2001 se convirtió en ¿Qué País?, un interrogante Hoy, ¿entre que signos se encierra la frase?
Yo me lo sigo preguntando, y por eso hago un libro como El Interior, en el que trato de entender cómo es. Por supuesto que me lo sigo preguntando y buscando respuestas. Hace 4 años tenía la sensación de que había mucha más gente que buscaba esa respuesta, ahora hay menos. Y dentro de 2 o 3 o 5 o lo que sea habrá de nuevo más. Así es la vida, uno no puede dominar los ciclos históricos.

EL INTERIOR
Decís en un pasaje de El Interior que Córdoba es como la capital del Interior. ¿Por?
Porque tiene una cosa muy banal. Porque ejerce un poder sobre un radio de varios centros de kilómetros a su alrededor, que yo por ignorante no lo conocía. El hecho de que muchas de las clases dirigentes del Norte se hayan formado en Córdoba, el hecho de que muchos ricos de la zona vengan a Córdoba cuando están enfermos a curarse, o a comprar o a consumir cultura. El hecho de que haya cordobeses comprando campos para plantar soja en buena parte del país. Ejerce un poder fuerte sobre varias provincias, lo que la convierte en la capital de la región. Buenos Aires es la capital del país, pero es algo más abstracto para mucha gente. En cambio, en Catamarca vos te encontrás con mucha gente que tiene una relación más directa con Córdoba que pone a Córdoba en ese lugar de capital. Catamarca o Santiago del Estero o Resistencia.

En función de esto nuevo que se te aparece, ¿qué era Argentina antes de emprender el viaje y qué es ahora?
Bueno, no consigo cambiar países tan rápido, pero básicamente ahora tengo una imagen de la Argentina en la cabeza que antes no tenía. Eso no le sirve a nadie más que a mí. Pero a mí me sirve bastante cuando leo sobre lo que pasa en tal provincia. Tengo la sensación de que sé más o menos dentro de qué panorama suceden esas cosas. A mí me resulta muy útil, pero no quiere decir que haya cambiado.

¿No hay otra visión? Esto lo planteo desde la posición de un hombre del interior. ¿No sirvió esto para ver la distancia que separa a los porteños del Interior?
Yo soy porteño. Y no dejé de ser porteño porque haya recorrido el país. Soy un porteño que recorrió el país, que se interesa por el país y por lo tanto se tomó el laburo de hacer 30 mil kilómetros y contarlo. Eso no hace que deje de ser porteño y ni querría dejar de ser porteño. No me como tampoco el chantaje moral del Interior de que los porteños somos como una gente altiva y despreciable y que debíamos tener mucha culpa por ser como somos. Yo no tengo ninguna culpa por ser porteño. Y si ustedes tienen algún problema con los porteños, arreglensé ustedes...

En una escena de Marín H, la película de Aristarain, Federico Luppi –quien interpreta a un exiliado en España- dice, cuando se le plantea volver al país, ‘para qué, qué mierda tengo que ver yo con un tucumano? ¿Es así?
Yo puedo pensar en millones de tucumanos con los que no tengo nada que ver y puedo pensar en 50 tucumanos con los que tengo bastante que ver, como puedo pensar en 10 porteños con los que tengo bastante que ver, en 20 franceses con los que tengo bastante que ver, en 25 polacos y seguramente 15 italianos. Yo no tengo que ver con todo el mundo. Uno se relaciona y se siente cercano a cierta gente. Ese señor Bussi debe tener algún tipo de residencia tucumana y yo no quiero tener que ver con Bussi porque sea tucumano, porque sea argentino. Digo, la pertenencia a un país no justifica ninguna cercanía, en todo caso es una cercanía incómoda. Yo creo en las cercanías que se construyen, no en las fatales. No porque seamos argentinos estamos cerca. Yo no estoy cerca ni de Menem, ni de Videla ni de tantos ricos que jodieron al país. No quiero estar cerca de ellos. Y sin embargo son muy argentinos. Estoy mucho más cerca de amigos escritores o periodistas colombianos o españoles que de muchísimos argentinos.

Por lo tanto, la idea de nacionalidad....
La idea de nacionalidad me parece un curro inventado para justamente, acercarnos a gente de la que deberíamos estar muy lejos, para hacerme creer a mí que yo formo parte de lo mismo que el Gral. Videla. Yo no quiero formar parte de lo mismo, por más que tengamos la misma nacionalidad.

Y aún pensando que la nacionalidad se comenzó a construir en nuestro país en el Siglo 18 y 19 con la llegada de los inmigrantes y la necesidad de lograr lazo comunes entre los habitantes de esta gran región, y de ahí el himno, la bandera, la escarapela. Quiero decir, ¿aún con esto pensás que sigue siendo ficticio?
No, evidentemente como decís, esto empieza con un proyecto bien deliberado, sobre todo por la Generación del 80’ y Alberdi. Pero en ciento y pico de años que esto lleva funcionando ha producido efectos que ya no son simplemente la voluntad de unos pocos. Justamente porque me interesaba tratar de entender cuáles son esos efectos, cuáles son las cosas que sí más intensa e íntimamente que el himno y la bandera nos reúnen, por eso empecé a recorrer el país. No me preguntes cuáles son, porque no te los voy a decir...

RECUADRO
CAPARROS NO ES FRANCÉS
En muchas zonas del Interior se tiene cierto resquemor con los observadores externos. Está presente aún la idea del hombre que va, mira, toma nota y desaparece. Entendiendo que tu objetivo no era ser un ‘antropolólogo francés’, ¿cómo hiciste para sortear este problema?
Nadie me hizo sentir que era así. En todos lados me recibieron muy agradablemente, me abrieron muchas puertas, me contaron muchas cosas. Yo quizás podría haber tenido antes de salir el prejuicio de que mucha gente me iba a ver así, y sin embargo, en la infinita mayoría de los casos, la gente estaba muy contenta de que viniera alguien de Buenos Aires a interesarse por ellos y me daban todas las facilidades. No sentí ese rechazo ni esa distancia. No tuve que luchar contra eso.

RECUADRO
EL AUTO DE SORIANO
¿Hiciste el viaje en un renault?
No sé, no sé

¿Forma parte de la mística del viaje no decir que auto era?
No, es que no quiero hacerle propaganda.

Pero perteneció a Osvaldo Soriano
Sí, perteneció.

¿Y le sumó algo al viaje?
No, pero tampoco le restó nada.

No te dejó a pata entonces
Sí. El coche sí le restó bastante. Digo que el hecho de que fuera de Soriano no le restó nada Pero decí, decí que era un renault y que no me llevó a ningún lado, que andaba mal.


RECUADRO
(*)
En la página 119 de Qué País, en diálogo con Rep, Caparrós dice:

“Nosotros, pese a todo, tenemos cierto privilegio de estar más o menos tranquilos, de laburar en lo que nos gusta. Aún así no zafás, porque ni siquiera en lo individual zafás. Es un ejemplo muy tonto, pero yo recién hace unas semanas, pensé por primera vez que, quizás, cuando mi hijo tenga 20 años, yo prefiera proponerle que se vaya a otro lado. Es horrible y no lo había pensado hasta ahora. Pensar que tu hijo va a estar mejor en otro lado es una mierda, y además es humillante. Es la constatación de un fracaso grave, de nuestro fracaso grave. ¿Qué tengo para darle, un pasaje? Le puedo dar un pasaje. Le puedo dar incluso un pasaporte. Pero es poco respecto de la ambición que uno en general tiene sobre qué darle a su hijo”.