jueves, 7 de junio de 2007

MARCELINO CEREIJIDO, DIVULGADOR CIENTÍFICO

El Señor Ciencia

Marcelino Cereijido es un médico argentino radicado en México desde los 70’. Desde su actual país de residencia, comenzó una doble tarea: la de profundizar en la investigación científica de su ámbito y divulgar la importancia de la ciencia para el progreso de las naciones.


Marcelino Cereijido es un médico e investigador argentino que, tras haberse exiliado en México, se convirtió en referente ineludible para hablar de la importancia de la ciencia como herramienta de progreso. Y habla de la importancia de la ciencia no en los términos científicos acostumbrados, sino desde el llano: “Si una polilla no sabe distinguir si esto es vidrio o es madera se extingue, porque tiene que interpretar la realidad en la que vive. Y con el ser humano pasa lo mismo: lo principal es interpretar eficazmente la realidad que lo rodea” dice con sencillez.
Y así como sencillo, práctico: “En un pasado, para interpretar lo que le pasaba a las cosas directamente se decía que éstas tenían alma. Más adelante hubo un politeísmo: El mar se mueve porque Neptuno… la guerra es así porque Marte…Después pasamos a un monoteísmo. Pero el último modelo en interpretar la realidad es la ciencia moderna, que consiste en interpretar sin recurrir a milagros, revelaciones, dogmas ni al principio de autoridad. Por ejemplo, un químico no puede decir: esta reacción tiene 7 pasos: 4 operados por enzimas y los otros tres son milagros. No. Se acepta la ignorancia si no se sabe, pero no el milagro”.

De esta manera Cereijido nos introduce al mundo de la ciencia. No por los caminos más escabrosos plagados de fórmulas inentendibles, sino por aquellos lugares cotidianos: “Supongamos que tenemos dos mecánicos a los cuales llevás tu auto y que uno interpreta los problemas a la ‘católica’. Y te dice que le vamos a poner una estampita, mientras el otro, el mecánico a la ‘científica’, va a tratar de interpretar con base a la mecánica. Entre las variables, no entran las variables místicas. Una imagen demasiado tonta: andá a la iglesia de San Cayetano y mirá cuánta gente le pide al santo que le consiga trabajo. Quiere decir que entre las variables que tiene esta sociedad, las hay místicas, en vez de pedirle trabajo a los empresarios” explica y deja en claro su claro angostísimo.

Y a partir de estos ejemplos individuales, Cereijido va hacia la importancia de la ciencia en el país: “Los economistas creen que todo se arregla en términos económicos: que suba esto, que baje a lo otro, pero nunca recurren a las universidades para fomentar el conocimiento de las ramas de las cuales dependen su industria” explica y agrega que para el economista la realidad tiene una sola variable: la económica. “Son analfabetos científicos. Para ellos, para transformar la ignorancia en conocimientos hace falta plata y dedicar no sé cuánto del Producto Bruto. Es decir, para ellos el conocimiento no es más que ignorancia financiada. Y realmente lo creen”.

LA CIENCIA EN UN PAÍS
_Antes, la riqueza de las naciones estaba en el campo y sus frutos, pero hoy los vectores de la economía han cambiado de modo sustancial. ¿Dónde está la riqueza de las naciones hoy?
_ John Kenneth Galbraith, uno de los más grandes economistas del Siglo XX, decía que la diferencia entre el rico y el pobre dependía de cuánto dinero tenía en el bolsillo. Hoy, lo que lo diferencia es qué tipo de idea tienen en la cabeza. La ciencia moderna ha dividido a la humanidad en un Primer Mundo –que tendrá un 10% de la población mundial, que son los que inventan, crean, investigan, imponen- y el 90% restante, el Tercer Mundo, donde la gente se transporta, se comunica y se mata con herramientas, aparatos, teléfonos y medicamentos que inventaron los del Primer Mundo.

Y así, Cereijido deja en claro la verdadera situación de nuestro país y explica: “El lío es que el país analfabeto científico tiene 2 problemas: primero no tener ciencia en un lugar donde no queda más que hacer que no dependa de la alta ciencia: para disponer de la basura o para luchar por la salud, lo que sea necesita ciencia. Y el segundo, que no lo advierten, cuando a un país le falta conocimiento no lo van a entender ni así se los expliques”.
Por lo tanto, en función del analfabetismo científico, para Cereijido “nuestros gobernantes no son malos, son burros. Y entonces no podés hablar de culpas: no le podés decir a un analfabeto: eh, pedazo de analfabeto. Esa no es la manera. No hay por qué vilipendiar al analfabeto científico: lo que tenés que hacer es una campaña para alfabetizar”.

_Y cómo se hace desde el Estado si quienes lo comandan son, como usted dijo, analfabetos científicos.
_Pero lo tiene que hacer el pueblo.

_¿Puede el pueblo hacer el proceso por sí solo?
_Yo pienso que sí. Cuando mis pibes tenían edad escolar, si yo quería que aprendieran a nadar, los mandaba a un club; si quería que aprendiera a tocar la flauta, lo mandaba a una academia, pero si quería que les dieran una visión del mundo compatible con la ciencia, qué hacía: no había. Pero jodimos tanto hasta que se hicieron unas escuelitas los sábados, donde venían muchachos estudiantes de Física, de Química, de Astronomía. Y los chicos hacían circuitos o iban a los lagos de Palermo y traían cosas que miraban o aprendían a mirar las estrellas. Mi hijo, a los 7 u 8 años, me explicó fenómenos de cálculos de vectores, pero no como si fuera un súper sabio, sino como algo muy obvio. Y era increíble: sonaba la campana para irse y todos los chicos salían, pero no para irse, sino para buscar a sus padres y llevarlos adentro para mostrarles lo que habían aprendido. E ahí algo: les cambias la visión del mundo a los chicos y no depende de que el Estado nos apoye.

QUE HACEMOS CON LA CIENCIA
_Hagamos de cuenta que Kirchner decreta triplicar el presupuesto para dedicarle a la ciencia, ¿usted qué haría?
_Por ejemplo: yo pondría un impuesto al conocimiento importado. Suponte que hay que pagarle a los suecos royalties para hacer empanadas cordobesas. Pagá un impuesto y le doy la plata a la UNC. Otro: pagar especialistas belgas para explicar cómo se toma mate. Todo tipo que pague royalties tendría que pagar un impuesto para que se desarrolle acá el conocimiento. Segundo: hay empresas que tienen un mercado acá 10 veces más grandes que en sus países de origen y sin embargo, la investigación la hacen allá. Yo pondría una norma: que toda empresa tiene que hacer acá investigación proporcionada a su mercado. No puede ser que acá hablés con teléfonos hechos en otros países. Las universidades tienen que ir a las industrias. No puede ser que el Instituto de Leloir, Nóbel de Química, pague patente para inyectarte agua y sal en la vena. Hay compañías que para darle comer al ganado tiene que pagar una patente y Argentina tuvo uno de los primeros institutos de nutrición, el de Escudero en Buenos Aires. Hoy se paga para que Cargill nos diga qué hay que darle de comer a la gallina. Yo crearía un curso para las FFAA y para personal del Estado. Por ejemplo, en un acuerdo en la época de Onganía, el Conicet obligaba a tomar el curso de defensa personal. De la misma manera creo que hay que hacerles hacer un curso sobre qué es la ciencia. Y que no se pueda ascender más sino se sabe qué es la ciencia. Cuando me dieron el premio de la OEA, venían periodistas y me preguntaban: ¿a usted le gustaba la ciencia desde chiquito?, ¿de en serio?, ¿su mamá qué decía? El tipo no sabía. Hay un analfabetismo total. No era mal tipo. Pero no hay que saber ciencia para que todos seamos científicos, sino para tener otra manera de interpretar la realidad. No depende de qué conoce, sino cómo lo conoce.

_ Sigamos con el tema y explíqueme qué impacto tiene la ciencia en la vida diaria y sus problemas, por ejemplo, la distribución de la riqueza, el desempleo. Quiero decir: que implicancia tiene un conocimiento alfabetizado científicamente en cuestiones que pareciera ser que responden a otras voluntades, como la política o la económica.
_Te voy a dar dos ejemplos. La península de Yucatán era muy próspera en el yute, el hilo sisal. De repente, en Filadelfia, unos químicos sacan polímeros y se acabó Yucatán. Los tipos que están en este momento vendiendo billetes de lotería en los semáforos del DF o que están mendigando son los que antes trabajaban en la planta de yute, pero andá a convencerlos que su desgracia fue la producción de los polímeros hecho por alguien que nunca vio una palma. Otro: en los 50’ había una gran epidemia de parálisis infantil. Si se hubiera seguido la ciencia aplicada, se hubieran investigado mejores pulmotores y formas de alivianar la enfermedad. En cambio, la ciencia básica investigó la biología molecular del virus, hizo una vacuna y terminó con la enfermedad. Más: cuando yo estaba en Harvard, un día voy a donde tomábamos café y escucho a la que lavaba los tubos de laboratorio y a la que barría el piso, hablaban de inversión en la Bolsa, que era donde ponían sus ahorros. Y me dijeron que era fácil: ellas ponían la plata en empresas que se dedicaban a la investigación, porque sino vienen otras y las sacan del mercado. Esa es cultura científica, y no la tenían por cuestión moral o por beneficencia, era para proteger sus ahorros. Si ves que tu industria se fundió porque los alemanes lo hacen mejor, es suficiente para darte cuenta de la importancia de la ciencia. Yo diría que un instituto universitario debería investigar la salud científica de las empresas y así, como se puede aconsejar a alguien a que mande a sus chicos a la escuela, habría que aconsejar a los empresarios que avancen científicamente.

RECUADRO 1
QUIÉN ES
Marcelino Cereijido es Doctor en Medicina de la UBA, fue investigador del CONICET y trabajó con Bernardo Houssay y Braun Menéndez. Su especialidad es la biofísica. Debió exilarse en México por el golpe militar de 1976, donde continuó su carrera científica como docente, investigador y divulgador científico. Además de un buen número de libros publicados, fue Premio Nacional de Ciencia de México y de la OEA.

RECUADRO 2
“Gracias a Sarmiento, en los años 20’ Argentina estaba en el 4to lugar de alfabetización en el mundo. Pero en los 30’, el nazi catolicismo castrense, es decir, los militares azuzados por lo peor del clero, destruyeron una y otra vez el aparato educativo. Pero aún así, lo que quedó, sirve para que Argentina intente un ‘revival’. Argentina es un país muy atípico, porque si a Gabón o a Nigeria se le diera por desarrollar la ciencia no tendría con qué, mientras que acá se podría: hay gente que conoce”.

RECUADRO 3
Según Cereijido, el rol asumido por los científicos tampoco ayuda para que la gente haya buscado la alfabetización científica: “Los científicos se dedican a contar que si un hombre saltara como una pulga podría saltar un edificio de 20 pisos o ‘sabía que una estrella enana blanca es tan densa que un balde de estrella blanca pesaría tanto como todo el planeta tierra? Lógicamente, cuando suben lo gobiernos, tiene esa idea: que los científicos son unos p… que se la pasan buscando rarezas”.

_Que a nadie le importa y que no influyen en la vida diaria
_Claro, si acá cerró la industria tal y nos quedamos sin laburo, qué me venis a hablar del Teorema de Pitágoras. Pero bueno, la sociedad les ha dado esa idea de que los científicos somos coleccionistas de rarezas. Y es al revés: estamos buscando regularidades en la realidad de donde extraemos las leyes para entender cómo funciona. Nosotros mismos nos metimos un gol en contra. Hay que convencerse que tenemos una epidemia de analfabetismo científico y hay que hacer una estrategia para alfabetizar científicamente con urgencia.

RECUADRO 4
TRABAJAR CON EL NOBEL
“Cuando comencé empecé a trabajar en investigación lo hice con Bernardo Houssay, aunque después estuve más cerca de Braun Menendez, que era del mismo equipo, porque era menos autoritario. Houssay, si había más de 2 personas, dictaba cátedra y si había menos hacía un monólogo, pero conversar nunca. Estaba demasiado acostumbrado a ser inteligente. El quería hacer cosas científicas, yo no le interesaba tanto, no le divertían tanto mis ideas”.

RECUADRO 5
“Si vos sos un plomero desocupado, si tu papá no le alcanza para la hipertensión arterial y si a tu tío se le están cayendo los dientes, qué me venís con los anillos de Saturno. Me parece obsceno”.

RECUADRO 6
“Los economistas creen que Suiza hace ciencia porque es rica, y es al revés, es rica porque hace ciencia”.