viernes, 8 de junio de 2007

DANIEL SALZANO

“Escribir es una forma de enfrentar la vida”

El mayor poeta urbano de la ciudad, Daniel Salzano no ahorra poesía ni aún en una entrevista. Y menos si es septiembre –en este caso, de 2005-
En una extensa charla en su oficina del Cineclub Municipal, hablando de la Córdoba que lo parió, lo formó, lo expulsó y lo volvió a acunar, Salzano, como él lo dirá, escribe mientras habla.

• ¿Quedó en el pasado el periodista de lo caliente, el que vive la actualidad para darle lugar al que tiene tiempo para pensar?
• No sé, aunque en los hechos no estoy desempeñando esa tarea, creo estar preparado si me toca, no he perdido el interés por el periodismo convencional, podría desarrollarlo, lo he hecho durante años, podría hacerlo hoy.
• Y la diferencia quizás esté en que el primero debe escuchar, mientras que como en su caso, ya puede hablar.
• Sí, conquistar la palabra es una lucha que puede llevar toda la vida y no necesariamente esa lucha arroja resultados exitosos.
• William Faulkner decía que los tiempos para escribir hay que hacérselos, que no viene solos. En su caso, ¿sus tiempos para escribir hoy están retaceados por la actividad de gestor cultural?
• No, yo en orden de jerarquía pongo antes que nada la escritura. Y después pongo todas las funciones que desempeño. Yo antes que nada escribo, todo lo demás se da por ‘agregaduría’. No me quita tiempo, yo creo que uno escribe mientas habla, mientras camina, mientras observa.... Escribir no sólo es un acto reflejo del pensamiento con el teclado, es una forma de enfrentar la vida. Por eso creo que no me quita tiempo, tal vez en la parte práctica sí, pero me siento capaz de desarrollar ambos aspectos.
• Y de combinar dos actividades que a priori serían bien distintas.
• Sí, tal ve porque yo provenga de una generación que arrancó de manera confusa, antes no existían las academias, las facultades, los institutos donde enseñan a escribir, donde enseñan a comunicar. Existía una intuición y también un posicionamiento en el medio en el cual estabas trabajando, al cual vos te debías ceñir. Esos eran tus maestros, los tipos que habían escrito antes que vos; si vos consultabas eso tenías un camino para seguir. Ahora todo eso ya no corre más.
• Y en el análisis que se hace confrontando estas pasadas generaciones con las actuales, ¿que resulta?
• Noto mucha diferencia, muchísima diferencia, porque antes el periodismo era escrito. Los medios radiales tallaban muy poco y la televisión estaba en pañales. Es decir que el gran combate se libraba en la prensa escrita. Y es un combate librado con tanta intensidad que a mí las mañas no se me han ido. Es un error, lo acepto, pero para mí, el periodista escribe. Puede interrogar, puede entrevistar, pero el periodista es un tipo que da una opinión a través de la escritura. Y la escritura tiene sus propias reglas de juego y todo lo demás. Ni siquiera es una posición la mía, sino más lo que me ha tocado vivir. En este momento, el interés de los chicos por la profesión me parece maravilloso. Hay 500, 1000 tipos todos los años dispuestos a convertirse en periodistas, ése creo que es un paso fantástico porque en esta ciudad no hay muchos medios, ni remotamente, pero es un primer paso positivo, porque de ese gesto seguro van a nacer cronistas nuevos, medios nuevos, ideas nuevas. No se pierde la fe en la comunicación. Los chicos –y me refiero a los pibes de 16, 17, 18 años- aún no han tenido tiempo de... –cómo te diría- desencantarse... Todavía creen. Para ellos, la palabra periodismo tiene un sentido completamente diferente al que tiene un profesional de 25 o 30 años de ejercicio. Esos chicos se llevan el mundo por delante, y es a ellos a quien hay que apoyar.
• Imagino que el desencatamiento no es su caso.
• No, para nada, no. Yo me considero... (piensa largo rato) es muy difícil hablar en primer persona porque estás tentado permanentemente, tal vez, o de flagelarte injustamente o de alabarte injustamente. Pero llevar el terreno del trabajo al mundo de la teoría, de la abstracción, al mundo del concepto, me parece que es un ejercicio que no conduce a nada. Este es un medio que está sin elaborar, que es un magma, que existe, que late con fuerza y que todo el trabajo está por hacerse. Entonces, no me queda demasiado hilo en el carretel como para ir a perderlo en conversaciones sobre el tema, he tenido años y años de conversaciones. Y ninguna conversación tiene la contundencia de una nota bien escrita. Por lo tanto, hay que ponerse a trabajar. En lugar de dilucidar, hay que ponerse a trabajar. Y la dilucidación vendrá después.
• Habló del periodista que da una opinión frente al teclado y de la imposibilidad de hablar sobre usted mismo por la imposibilidad de ser objetivo. ¿Esa cualidad le cabe al periodista?, me refiero al mito post moderno del objetivismo. Sin ir más lejos, Jesús Quinteros decía que él no era objeto, por lo tanto no era objetivo, sino subjetivo, dada su condición de sujeto.
• Sí, él manejaba con mucha astucia el vocabulario. Yo creo que nadie escapa a las generales de la ley. Pero en este momento, los planteos periodísticos son planteos empresariales. Por lo tanto, las reglas del juego se dilucidan en otros campos, no en el de la abstracción intelectual, ni siquiera en el campo del talento periodístico. Está todo muy tabulado, muy ‘marketiniado’ –por emplear una palabra torpe- Y es muy difícil sacar los pies fuera del plato. Pero no por difícil deja de ser posible.

“YO SOY ESCRITOR”
“Existe –relata Salzano- porque aún vive, un pianista morocho llamado Óscar Peterson. Pianista de jazz maravilloso, una mano izquierda extraordinaria. Un tipo que se siempre se caracterizó por la perseverancia. No sólo era un tipo dotado para la música, sino que tenía un compromiso con el piano muy severo. Un tipo que ensayaba 6 u 8 horas diarias cuando ya estaba consagrado. Y en los contratos exigía no sólo la calidad de la vivienda, sino un piano de tales características. Y si él tenía un recital a las 8 de la noche, practicaba desde las 8 hasta las 4.
Y esto le pasó en Buenos Aires, por eso me acuerdo. Se cumplieron todos los requisitos. Pero de golpe ese día dijo ‘no quiero tocar el piano, porque yo ya soy un pianista’ El tipo descubrió que había llegado, ya no necesitaba dar más explicaciones, él ya era un pianista, y a la gente le quedaba escucharlo y aplaudirlo o silbarlo. Pero todo ese terreno compartido que hay al medio desaparece cuando el tipo asume una identidad. Y yo creo que el hombre que escribe debe aspirar a eso. A un buen día decir ‘yo soy periodista’ y no me entreno más. Todo lo que yo digo a partir de ahora no lo explico más, o lo aplauden o lo rompen o lo tiran o lo adoran. Pero no pierdo más el tiempo dando explicaciones. Creo que hacia eso uno debería apuntar”.

• Sin embargo, Andrés Rivera, que es un consagrado, dice que él es un aprendíz de escritor y que el único escritor argentino es Borges.
• Creo que él es un escritor, ¡vamos! Lo que pasa es ahí volvemos al tema de la modestia de un escritor que tal vez no sea tan bueno como Borges, pero que es un escritor de la madonna. Creo que él honra esa declaración porque el tipo no se sube a ningún caballo. Pero en el fondo, él y los lectores también saben que es un escritor. Y esa sensación del lector es la definición de la cosa.
• Por lo pronto, ¿Salzano se sigue entrenando?
• Yo me entreno como un pugilista. Creo que hay muchas analogías entre el boxeo y la escritura. Cuando éramos chicos, Córdoba tenía un lugar que se llamaba Córdoba Sport Club, en la calle Alvear, donde ahora hay una playa de estacionamiento –aún se conserva la boletería, el agujerito donde se compraba la entrada- Cuando íbamos al colegio, y no íbamos a clase, nos íbamos al Córdoba Sports Club porque podíamos ver cosas sin pagar: el entrenamiento de los pugilistas. Era todo un universo, muy rico, muy rico. Hoy el boxeo se ha convertido en una gestión televisiva, pero antes existían los boxeadores jóvenes, los viejos, los amateurs, los profesionales, los aprendices... El boxeo estaba lleno de sonidos, había todo un sentido en ese combate, por lo menos yo le he sacado mucho jugo en la escritura al esfuerzo físico. Pero había en el Sport Club, en la parte de atrás, una especie de sub gimnasio, donde iban los boxeadores, sencillamente los tipos que habían sido boxeadores y seguían siéndolo, a pesar de tener 40, 45 años. Y a mí me parecía fascinante eso. Seguir siendo boxeadores, seguir cumpliendo la rutina del gimnasio: cagaban a sopapos a la bolsa, saltaban la piola, hacían sombra... ¿Por qué lo hacían? Porque eran boxeadores, porque eran boxeadores.... Habían recorrido un camino y seguían siendo lo que habían querido ser. Creo que ante la máquina (señala su computadora) uno debe tener esa misma actitud. Mostrar la voz propia, desarrollarla, tener expectativa de que lo que uno escribe le puede servir a alguien, sobre todo a los más chicos, una transferencia de confianza. Sentirte poderoso cuando ya no tenés miedo de escribir, porque el papel en blanco no es inocente, no es inocente. Es vengativo, es la madre de todos los miedos. Cuando uno pierde ese miedo da un paso grande.
• Siguiendo la analogía con el boxea, ¿a la máquina hay que cagarla a sopapos también?
• Por supuesto. Es físico, la escritura también tiene un componente físico, lo mismo que el piano. El tipo debe llegar a dominar totalmente eso. Vos pensás y las manos escriben. Vos no podés estar pensando en las comas o los puntos y coma, los caracteres, los espacios, la diéresis, los guiones. Todo eso lo resuelven las manos, vos tenés que estar dos o tres renglones más abajo que las manos. Pero eso lleva años y años y miles y miles de folios escritos a veces con fortuna, a veces con mala fortuna. Pero de eso se trata. Creo que en el sonido de la máquina de escribir está la convicción del escritor. Lo mismo que en el baile de Fred Astaire, cuando vos cerrás los ojos, el mensaje, ese ‘tap’, es decisivo, es el que está imponiendo las reglas. Y el hombre debe luchar contra eso, debe hacerse sentir, creo que no hay que ser obediente, hay que pelear para imponerse.

DE PROFESIÓN, SOLITARIO
• Hace poco tiempo surgió en Córdoba un grupo de literatos y artistas llamado ‘La Trova del Laurel’, que se reúnen periódicamente. Tiene un decálogo, en el que entre otros cosas, interpelan al lector buscando su afirmación en preguntas tales como ¿vos también crees que hay que hacerle una estatua a Jardín Florido en 9 de julio y San Martín? ¿y una a Gradassi en el ACV? ¿y otra a Tosco en Colón y Gral. Paz? Y también preguntan, buscando el consentimiento del lector, si también uno es de lo que creen que hay que hacerle una estatua a Salzano en la esquina del Sorocabana.
• (Piensa) No lo había escuchado nunca a eso. Pero me han mezclado con gente muy importante (sigue pensando y el acostumbrado gesto adusto es más adusto aún) No, no, me excede completamente un planteo de ese tipo. Yo creo que si alguien se atreviera a eso yo no iría más al Sorocabana. Si alguien me viene a pedir dinero para hacer un monumento al gringo Tosco, yo pongo. Pero jamás haría nada por lo otro que dicen, al contrario, creo que iría de noche y voltearía la estatua. Mi vida no pasa por ahí, no pasa por ahí, no aspiro a eso.
• Entiendo su explicación a nivel personal, pero imagino que como reconocimiento, llena. Y me pregunto: ¿de qué modo condiciona esto?
• No, no, sos muy solitario, el papel del escritor es un papel solitario, muchas veces presiento que he escrito algo interesante, algo fuerte, que me ha costado horas y horas, y el sábado cuando salgo a la calle es como si esperara desesperadamente que alguien me.. me reconozca, no va por ahí, pero sí alguien que me de una palmada en el hombro. Eso para mí sería misión cumplida, pero no se da, eso no se da.
• ¿Quizás por cómo es Córdoba?
• O tal vez por como soy yo. Ahí anda... Pero esto no es más que una anécdota, en el fondo, lo único que manda es la gula del periódico que te exige lo mejor de vos. Y no podés centrar tus energías en otra cosa. Por supuesto que a la pelea la va a ganar él, por persistencia, conozco miles de tipos que quedaron en el camino y yo voy a ser el mil uno, pero es lo que uno eligió para vivir.

MANOLETE Y LOS TOROS
“Yo he perdido años de mi vida, sin querer, buscando respuesta s conceptuales. Tal vez porque me sentía muy inseguro. Leía mucho, no leía lo que debía leer. Yo tendría que haber leído más a Faulkner, a Rivera, a Borges, eso era lo que tenía que leer, no los apuntes. Pero quería saber si yo era un escritor de 100 metros llanos o si yo era un cronista deportivo frustrado, un novelista en potencia, un cuentista mal hablado, un poeta inimitable, ¿qué mierda era? Eso es lo que te mata. Y en España escuché una historia que me gustó y que al menos me convenció:
En los años 40’, Manolete era el torero número 1, un tipo del franquismo, lo que lo vuelve dudoso. Pero el tipo tenía su estilo, una especie de indiferencia para con el riesgo, tenía una pose sombría, como cordobés que era -los cordobeses de España son tipos sombríos, porque son pura Arabia, son melancólicos, misterisos, noctámbulos-. Él era todo eso, el ‘califa’ le decían. Según la cátedra no era un gran torero. La cosa es que el franquismo inaugura una plaza, creo que en Bilbao. Y Radio Nacional le da una gran importancia al hecho y hace una mesa redonda y, entre otros, lo invitan a Manolete. En la mesa redonda había tipos importantes. Habló uno y otro de los invitados –toreros, críticos, dueños de plaza, escritores de la cosa- y el maestro, mudo. Y cuando ya se terminaba la historia, le dicen ‘maestro, esto en realidad ha sido un homenaje a usted, así que queremos escuchar sus palabras’. Y Manolete, que era un tipo escueto, dijo:
_Yo a los toros los mato.
Y puso las cosas en su lugar. Yo creo que hay que llegar a eso. Yo a las notas las escribo, y no me jodan más porque con eso tengo que resolver un dilema terrible para que encima haya que ponerse a justificar sobre cómo escribís. Yo qué mierda sé cómo escribo. Yo no lo sé, pero a las notas las termino. Y hay que preservar esa definición, hay que preservarla. No hay que dejar que te manoseen, que te franeleen, que te la copien. Cuando escuché esa anécdota, sentí una enorme tranquilidad, porque por fin había contestado a una infinidad de preguntas que me venían jodiedo la nariz desde chico: ¿qué era yo? Bueno, soy un escritor, y el mundo del escritor es éste (golpea no sin fuerza la computadora que está a su lado), es éste”.

• Resolvió un grave dilema.
• Sí, sí, sí. Lo resolví y me tranquilicé, sentí que estaba en el buen camino, estoy en el buen camino, lo presentía, por el ritmo, porque había veces que sabía que estaba escribiendo como determinado músico, había logrado interconectarme.
• Hace unos sábados, le dedica una de sus crónicas a un escritor de nuestra zona (José Scangarello, fallecido hace más de 1 año), y termina su escrito asegurándole a su amigo que “vencerán”. ¿Cómo es el mundo de Salzano en donde se siente un vencedor?.
• Creo que vamos a vencer el día que podamos ir a tomar un café sin culpas. El día que nos podamos sentarnos en una ciudad maravillosa, limpia, culta, ordenada, creativa, sin recelos.

DE PROFESIÓN AMARGA
• Si uno tratara de definir la obra Salzano, diría que es un escritor urbano, pues se nutre de la ciudad. Sin embargo, Martin Heideguer (filósofo alemán) decía que la pureza está en el campo. En se sentido, ¿cuánto contamina la ciudad?
• Yo existo porque existe la ciudad. Y mi escritura existe porque existe la ciudad. Ni siquiera me planteo lo que es vivir en Villa Allende. La escritura sola ha respondido a esa pregunta, yo no la he sabido responder. Las cosas que a mí me movilizan están a 50, 100 metros de mi casa. Y seguramente lo otro tiene sus resortes para movilizar a otras personas. Tonino Guerra, poeta italiano, un tipo que respondía los resortes del campo. Calvino tenía una respuesta maravillosa. Y eso era tan extraordinario como esto. No sé es más o menos puro, más o menos contaminado por vivir en tal o cual lugar.
• ¿Y la memoria sí contamina, mete su fichas?
• La memoria es el cristal que hay que romper en caso de incendio. Ibas al cine, a las viejas salas y había una manguera enrollada como una boa. En caso de incendio rómpase el cristal. Yo, en caso de incendio, acudo al vidrio de la memoria. Siempre encuentro ahí el combustible de mi escritura. Mi ficha antropométrica responde a la gloriosa Clase Media cordobesa. Y yo no me he movido de ahí, porque le debo mucho, mi razón de ser es eso. Hijo de inmigrantes, ferroviarios, un tipo –mi viejo- que tenía las cosas claras, sabía a dónde iba, por qué trabajaba. Yo soy fiel a eso porque fui enormemente feliz al lado de ellos. Yo era un niño requetefelíz.
• Un niño que eligió una profesión que no es alegre.
• No es alegre, a mí no me divierte escribir. Yo escribo muy en serio. Probablemente hay una sonrisa de satisfacción que dura un quinto de segundo, cuando lograste liquidar una resma de papel o conseguiste una frase como la gente. Pero no es una desesperación nociva, es una desesperación creativa, que te justifica como persona. No digo causa, porque es una palabra de los años 60’, pero al menos tenés los objetivos más o menos claros. ¿Cuál es tu objetivo? Los lectores.
• ¿No es la auto satisfacción?
• No, ni siquiera es el diario. Ni los que ponen los avisos en el diario, ni los compañeros de mi generación ni... vos escribís para el lector. Si algo interfiere es porque el electrocardiograma está saliendo para el culo. ¿Quién es ese tipo? No se sabe, vos lo intuís, sería muy pretensioso, muy engreído hablar del lector. Pero un tipo que escribe de verdad, sabe quién es el lector, sabe cuál es la altura de la mirada del lector. Ahí es donde tenés que apuntar. Mi abuelo aprendió a leer leyendo el diario, mayor figura que esa no puede haber. Eso es algo maravilloso.
• Nombró recién a la Clase Media.
• Era uno de los sostenes, una de las columnas de esta ciudad que se ha derruido.
• ¿Y qué culpa le cabe a la misma Clase Media?
• Es parte suya y es parte de otras circunstancias. Y en parte tal vez no convenía que existiera. No convenía mantenerla en el nivel que estaba. Había que laburar. Estudiar, trabajar, conceptos muy claros, compartimentos infalibles. Si te fijas en la base del los países del Primer Mundo, se manejan de esa forma. Por más que el árbol sea frondoso, en la base hay una dedicación absoluta al trabajo, al estudio y al esfuerzo.
• Y el trabajo del intelectual en Córdoba, en función de lo que estaba derruido, ¿es más fructífero?
• Creo que no es tiempo de pensar, no es el momento de pensar. No creo que sea el momento en que la prioridad la tenga el pensamiento, la prioridad la tiene la acción, el trabajo, hay que limpiar, hay que aclarar, y para eso te tenés que mover. A lo mejor me aterra pensar que los tipos que mejor pensaban están todos muertos. Eso no deja de ser una traducción terrible de lo que es este país. Para ser más preciso, es el momento de mi vida en el cual hay que trabajar más que pensar. No lo traslado a toda la sociedad. A mí me gusta la acción. Me aburro en los congresos, me harto. Cuando me invitan a esas mesas redondas suelo dejar el saco en el respaldar de la silla y hago como que me voy a mear y me voy por ahí. Y vuelvo y ahí está el saco y están todos los tipos... he ido a tantas que no voy más.
• ¿Es como una masturbación del intelecto?
• No sé, porque a masturbación me lo estás diciendo en sentido peyorativo, pero a lo mejor la masturbación es un acto creativo. Ha habido grandes pajeros en la historia. Joyce (James) era un pajero excepcional.
• Dicen que San Martín también.
• Sería bueno confirmar eso, ¿sabés por qué?, porque uno lo querrías más.

ENCANTADO
“No quiero desencantarme más. Confío en mi trabajo, confío en los chicos que trabajan conmigo. Con eso ya tengo para rato...”
• Si se desencantó, alguna vez estuvo encantado.
• Yo creo que este país marcó su top en dos tres momentos cruciales, la guerra de Malvinas, la llegada de Alfonsín. No va a volver a encontrar momentos tan excepcionales como esos para volver a arrancar de nuevo. Se pulverizó todo, todo se hizo mierda. Por razones espúreas, interesadas, miserables. Pero dos gestos de eso abarcan a dos generaciones completas y yo no estoy dispuesto a entregar mi existencia por una casa tan aleatoria con la cual estos tipos se limpian el culo. No, yo quiero libertad viejo, y si la tengo la aprovecho. Pero no quiero tener que ver con eso. Hay muy pocos tipos interesantes, y están alejados de la política. Toda esta ausencia de patrones ha generado un magma impenetrable, en el cual no hay forma de entrar, salvo formando parte de ese magma. Y yo no quiero. En lugar de andar a la rastra, exijo mi cuota y dedico mi tiempo a la escritura. Me conmueve la gente, veo Córdoba, veo mis muertos, veo mi hijo. Si lo hacés realmente, eso es hacer política, lo otro es una farsa. Ya van dos elecciones que voto en blanco. Para mi gran sorpresa, pero me sentí tranquilo. No me interesa el razonamiento posterior: el voto en blanco se divide en negro, se multiplica por 4, me importa un sorete! Yo voto en el Montserrat, que es ideal para votar porque entrás a un claustro. Y empezás a ver en el cuarto oscuro esas caras... ¡no me contamino más! ¡no te voy a tocar! ¡no los voy a buscar! Le pedí perdón a mi viejo por votar en blanco, él le daba mucha importancia, decía que era el instante en que vos eras el dueño del país. Me gusta prolongar mi estadía en el cuarto oscuro, ese instante de poder. Pero esta vez dije ‘lo siento papá’. Voto en blanco.
• Una lectura rápida y banal, diría que éste Salzano no tiene ‘esperanza’.
• No en este proceso, no lo puedo manejar, no entiendo como un país puede ejercer la democracia con un solo partido! ¡por dios! ¡no hay forma! Solamente los porteños pueden entender esto, ellos son los dueños del país. Ellos manejan el lenguaje. Nosotros somos unos alumnos imberbes. Sarmiento dijo ‘ojo con lo que hacemos, sino esto va a terminar siendo Buenos Aires y 11 ranchos’. Córdoba es uno de esos ranchos. ¡No quiero escuchar más nada! Quiero sentarme ahí (señala la entrada del Cineclub) y ver entrar a los chicos con sus expectativas, facilitarle lo que podamos, libros, compu. Y ser generoso y fuerte y no ceder.