jueves, 14 de junio de 2007

MARÍA SALEME DE BURNICHÓN

“Yo conozco el revés de la medalla”

María Saleme de Bournichón, ex Decana de la Facultad de Filosofía y vecina de Argüello, fue entrevistada por Matices en agosto de 2000, cuando se labor y su lucha cumplían 80 años de compromiso.

La historia comienza en su Tucumán natal: “Cuando se murió Eva Perón, yo ya era Licenciada en Filosofía y trabajaba en un colegio público. A mí lo de Eva se me pasó por alto, no su muerte ni ella misma, sino el luto que se decidió; yo le disparé al luto y ahí nomás me llegó la cesantía. Me fui a Buenos Aires, hasta que se abrieron unos concursos aquí en Córdoba. Vine sin conocerla, me daba la impresión de que era muy parecida a Grecia, por lo luminosa...y ya llevo más de 40 años aquí, entre idas y vueltas”.
Aquella cesantía del 52’ no fue la única. Ya instalada en Córdoba, la dictadura de Onganía también la expulsó: “Me contrataron en la Universidad Veracruzana de México. Estuve cinco años haciendo alfabetización a campesinos. Me di cuenta que la alfabetización como yo la sabía no servía para nada” asegura.
Cinco años y volvió. Como casi una premonición del país que venía, de entrada se chocó con la muerte: “Volví el mismo día que llegaba Perón del exilio. El avión se retrasó en el aire más de seis horas, pero nadie decía qué pasaba. Llegamos a Ezeiza a las 5 de la mañana y no había nadie. Yo veía en ese amanecer lluvioso de Buenos Aires del 20 de junio muchos bultos tirados, me pregunté si era gente en medio de la llovizna. Sí –me dije- eran muertos”.

Luego anduvo en Salta, alfabetizando en la zona de frontera, en el Pilcomayo. Y nuevamente encontró un mundo distinto al enseñado en la Universidad. “Me asombró desconocer cosas tan obvias de Argentina y América Latina. Las palabras son distintas. Para los chirihuanos todo empieza con el agua, para los del valle de Salta, tierra es lo primero”, recuerda.
Algunos meses le bastaron para disentir con curas y monjas que querían civilizar a su modo y con militares que de una noche para otra, hicieron desaparecer al grupo que estaba alfabetizando. “Por eso la fecha fija del 24 de marzo del 76 es errónea, esto que te cuento fue en el 75, con el gobierno de Isabel” asegura.
Después le avisaron que la próxima víctima sería ella y se volvió a Córdoba. “Llegó el 24 de marzo de 1976 y me quedé sin casa, sin familia, sin ropa, sólo con lo puesto, perdí todo, absolutamente todo”.

Esa noche no se sabía aún qué era lo que pasaba, aunque todos lo intuían. En la casa de Villa Rivera Indarte estaba María con su esposo, Alberto Bournichon –recordado editor de libros- algunos de sus hijos, su nuera y dos nietos.
Aunque sin mayores restricciones que la de obedecer órdenes, invadieron su casa hombres armados, como se invaden las almas, sin cortesía. Mortalmente. “A mi hijo se lo llevaron junto con mi esposo en una rural. Al resto nos llevaron en otro auto. Nos bajaron en un descampado. Ellos no hablaban. Yo les pedí que nos llevaran directamente a la prefectura. Uno me respondió: ‘Le conviene más aquí’. Les pregunté si también iban a matar a mis nietos, que tenían dos y tres años. No me respondieron nada. Yo no sé si cuando uno llega al límite del miedo, se pone más clara. Me quedé esperando, o no esperaba nada. Ellos hablaban en voz muy baja. Después tiraron cuatro tiros al aire y se fueron”.

El abandono había sido en la zona, así que caminaron hasta llegar a lo que había sido, horas antes, su casa. “Cuando llegamos, la casa estaba incendiada, destruida”. Tiempo después, se enteró que a la casa la ‘compró’ un militar.
Pero lo peor no había pasado. Dos días después le avisaron. Una llamada anónima. Su esposo había sido ejecutado. Su cuerpo estaba en un aljibe en Mendiolaza. Alberto Bournichon había dedicado su vida a editar libros de gente que pensaba para que la gente pensara. Pero lo habían matado los que no sabían pensar.
Su hijo apareció a la semana. Ella lo vio caminando solo, perdido, desorbitado. Después de haberlo tenido secuestrado en La Perla, lo largaron en Carlos Paz. Semidesnudo caminó por el camino del Dique hasta que su madre lo encontró. Lo que nunca encontraría sería Justicia.

“Hay un momento de absoluta soledad de esta gente que no se emparda con nada. Esa manera de ignorar a la persona humana, el haberse investido de ‘Yo, El Supremo’ y la cobardía y el miedo con los que trabajaban, me da la pauta de que ellos también tuvieron miedo. No me acostumbro a la muerte, pero la tomo como una situación de vida...”.

EL PRESENTE
Desconfiada, no cree en el tiempo actual. “Estuve en Buenos Aires cuando asumió Alfonsín. Volví a ver la alegría de un pueblo, la gente se abrazaba, gritaba, cantaba porque había terminado la Dictadura. Yo no creo que haya terminado la Dictadura, el olfato de tucumana me indica que podemos volver a algo parecido. Ese estrangulamiento que nos hicieron desde el ‘76 al ‘83 desde el taconeo militar lo están haciendo ahora desde lo económico. Pelean por el poder y ni siquiera pueden hacerlo por una democracia que está de rodillas”.

• Hablemos de salidas, de soluciones, de alternativas.
• No es que yo piense que no hay nada que hacer, al contrario, ahora es cuando más hay que hacer. Yo pertenezco al AELAC (Asociación de Educadores para América Latina y el Caribe). Estamos hermanados y pensamos que las dictaduras de toda América Latina no fueron casuales. Fue algo totalmente organizado desde los grandes centros de poder económico, que necesita a América Latina para su quinta. Creo que hoy, informando correctamente a la gente, diciéndoles que nadie los va degollar, se puede empezar a trabajar para que la gente despierte.
• Y ahí, ¿cuál es la responsabilidad de los medios de comunicación?
• Los medios son todos pequeños ‘tinellis’, todo es broma, desprejuicio, banalidad. Son deformadores de la realidad.
• En la película de Scorsese, ‘La última tentación de Cristo’, éste es puesto ante, precisamente, una tentación, en este caso la mujer. Al optar por ésta, abandona la lucha y se convierte en una persona de ‘entrecasa’. Si usted tuviera la posibilidad de empezar de nuevo, ¿abandonaría la lucha y sería una persona de ‘entrecasa’, quizás con su marido al lado?
• Me lo he preguntado varias veces; todos se plantean estas cosas, tentaciones hay siempre. Pero te digo que no. El eje de nuestras vidas no es el de los místicos, la vida misma pide vitalidad. Yo no aceptaría una vida tranquila, quizás porque nunca la tuve. Fui huérfana desde muy chica, trabajé hasta de empleada doméstica, conozco lo que es el hambre. Yo conozco el revés de la medalla, sé lo que es la falta de lo que uno quiere y necesita. Y te digo que no preferiría una vida tranquila porque creo que no es merecedora, porque la situación de todos no merece que uno opte por olvidarse de lo que le pasa a los otros.
• Y en ese no-olvidarse, hay quienes recuerdan que todos los imperios han caído, ¿caerá éste?
• Yo pienso que sí porque quiero pensar así, pero no va a caer por exceso. Si no hay un germen de organización civil en la gente, esto no va a terminar. El capitalismo tiene una capacidad para resucitar extraordinaria y cada vez es más inhumano, ése es su motor. El problema es que nuestro pueblo es un pueblo mal educado, tenemos una debilidad congénita hacia el poder que arrastramos desde las leyes educativas del Siglo pasado. Ante el poder hay que estarse quieto; y bien limpio. Hoy sólo criticamos, pero nos quedamos sentados frente al televisor. Algo hay que hacer, por eso yo estoy peleando desde AELAC. Nosotros somos de origen un país violento y tal vez seamos violentos porque no estamos muy contentos con la forma en que nos hicieron. Son cosas que uno tiene que ir aclarando.
• ¿Será cuestión de tiempo?
• Al tiempo hay que fabricarlo, no hay que ser sordo a esta advertencia planetaria. Hay que manejarlo con la urgencia que tiene. Hay que disparar como dispara el tiempo.


BIOGRAFÍA
Profesora, pensadora y una de las pedagogas más importantes de América Latina, María Saleme de Bournichón fue una de las intelectuales más lúcidas que acunó Córdoba.
Docente de distintos establecimientos del país y del continente, Decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades y Directora del Centro de Investigación de la misma unidad, Bournichón falleció en octubre de 2003.