jueves, 14 de junio de 2007

SONIA TORRES

“Nada se edifica sobre una mentira”

Hace 30 años, secuestraron a Silvina, su hija embarazada. Desde entonces, Sonia Torres se ha convertido en la Abuela cordobesa que busca incansablemente a su nieto apropiado.
Hace 4 años habló con Matices sobre su cualidad de “aprender a querer en la ausencia”.


DUDAS SOBRE LA IDENTIDAD
Sonia distribuye sus tiempos entre la farmacia de la familia y Abuelas, en donde continúan realizando investigaciones: “Hemos recibimos una enorme cantidad de chicos, cantidad que se ha ido acrecentando a medida que ellos han crecido, movidos por el tema de la identidad. Son ellos los que ahora vienen a buscar su pasado” reconoce.

• ¿Mucha gente tiene dudas acerca de su identidad?
• Muchos, increíblemente. Vienen hasta de 30, 35 años para que los ayudemos. Y hemos encontrado muchos padres de hijos que no son de desaparecidos. Estos chicos, que han sido abandonados, quieren ser hijos de desaparecidos, lo prefieren a ser hijos abandonados, se tolera más haber sido dejado accidentalmente. Las dudas les surgen cuando empiezan a notar las particularidades físicas que no coinciden. Y a través de los años la duda se transforma en búsqueda de la identidad, siempre a partir de la ida de la casa paterna, cuando se casan o se van a vivir solos. Hasta ese momento siempre hay una dependencia con los padres, un poco de temor a la traición, suponen ellos. Cuando rompen los lazos de convivencia, es cuando van a Abuelas. Con el paso de los años aprendimos cómo hacer nuestra tarea, siempre manteniendo el respeto por los chicos y guardando nuestra ansiedad de decirles a muchos ‘vos sos mi nieto’, porque es algo muy fuerte lo que les tocó.
• Es notorio que muchos de los niños o jóvenes encontrados en Córdoba no hayan sido oriundos de la provincia.
• Eso pasó porque hubo muchas chicas embarazadas secuestradas en Córdoba, pero que eran ‘desaparecidas’ en otras provincias. El Tercer Cuerpo abarcaba 10 provincias y Menéndez se encargaba de hacer rotar a todos los secuestrados para sacarlos de su lugar de origen. Por eso los chicos que hemos encontrado en algunos casos no eran de familias de Córdoba. Por ejemplo, aquí encontramos un chico que, por sus características, yo pensé que era mi nieto. Al final no lo era, pero sí era hijo de desaparecidos y tenía dos hermanas, una de las cuales, las más chica, había nacido en la ESMA. La más grande se encontró a sí misma a través de un aviso de Abuelas en el que se habían reproducido muchas fotos de chicos. Ella era adoptada por un médico rural de Santa fe y al hermano lo habían dejado en la Casa Cuna. Los habían dispersado así para hacer más difícil la búsqueda. No te imaginas lo que fue para el chico encontrarse con su hermana, ahora no se pueden separar y todavía seguimos buscando a la que nació en la ESMA. Fue una historia muy difícil, pero incluso así, es preferible saber la verdad. ¿Qué se consigue al continuar con el engaño?
• ¿Y cómo han sido las reacciones de los que descubrieron su verdadero origen?
• Es muy difícil. Pero nada se edifica sobre una mentira. Es mucho más sano, y eso nos los dice la experiencia, que el chico conozca su historia para poder despegar. Los más grandes tienen la edad para resolver por sí solos qué hacer con su pasado y con su futuro. Ellos deciden. Siempre es muy traumático, ser hijo de desaparecidos es una figura que siempre fue tabú en la Argentina. Ha habido casos en que no lo han querido reconocer, pero con el tiempo y la paciencia de Abuelas se han logrado muchas cosas. Pero primero están siempre los chicos, nosotras estamos después.

ENJUICIADA
• ¿Qué queda de aquellos días del juicio que le inició el ex director del Belgrano Tránsito Rigatuso?
• El juicio fue muy importante porque estaba como oculto lo que había pasado en el Manuel Belgrano, de donde desaparecieron 11 chicos, entre los cuales está mi hija. Y nadie lo comentaba, nadie lo decía. El juicio que yo llevo por la desaparición de Silvina todavía no se hizo público y yo no había tenido ocasión para contar lo que había pasado. Y en una entrevista que me hicieron hace tres años atrás, relaté toda la verdad y dije que a los chicos del Belgrano los había delatado Rigatuso. Eso se sabía pero no se decía porque él tenía mucho poder, era un personaje bastante siniestro, fue presidente del Partido Justicialista y Diputado Nacional y no había pruebas para acusarlo. Pero la madre de una compañera de Silvina ya le había hecho un juicio por la desaparición de su hija y en esa sentencia se había declarado que, si bien no se podía culpar a Rigatuso de la desaparición de los chicos, él sí había entregado las listas. Y eso fue lo que yo dije y triunfó la verdad. El ha apelado, el juicio no está cerrado, pero la sentencia es contundente, porque presentamos muchos testimonios que señalaron que él tenía las listas y que todos lo sabían. La sociedad cordobesa sabe quién es quién. Mientras tanto, hay que seguir los pasos que dice la Justicia, él tiene derechos, por más que sea un criminal. Hay que tener paciencia.
• Y aquellos días de ‘acusada’, ¿cómo los sobrellevó?
• El juicio fue muy shokeante, porque a pesar de que yo tenía toda la razón, siempre jugué con la verdad, estar sentada en el banquillo de los acusados tantos días, en boca de todo el mundo, es bastante feo. Pero tuve mucho apoyo. Cuando me absolvieron y salí a las escalinatas de Tribunales y estaban los 300 chicos del Manuel Belgrano, fue reencontrarme con mi hija. Fue una cosa hermosa, hermosa… Fue reencontrarme con Silvina… Desgraciadamente tampoco tengo otro hijo, que tenía 40 años y era abogado, hace 10 años que no está más acá. Pero por lo menos, cuando estoy triste, voy a Villa Allende, leo el diario, me quedó un rato, dejo una florcita y ya llené mi espíritu de alegría, a pesar de que él no está. ¿Pero Silvina? Silvina no sé dónde está, no se le puede llevar nada, no se puede conversar con ella…

ASESINOS
• Recordemos el inicio de su lucha en soledad, allá por 1976.
• Salíamos todas las mañanas a buscarla y a la noche la enterrábamos, porque no la encontrábamos, a pesar de los Habeas Corpus y de todo lo que hacíamos. Yo me recorrí la República Argentina, todas las cárceles sola. Hasta que nos dimos cuenta que individualmente no íbamos a conseguir nada, que juntándonos las cosas serían distintas. Ahí formamos Madres, y después nos separamos en Abuelas, sólo porque la búsqueda era distinta, no por cuestiones ideológicas.
• ¿Y alguna vez tuvo acceso a saber quiénes fueron los secuestradores?
• Yo sé el nombre de los cuatro que la fueron a buscar, sé que están vivos y viven en Córdoba. Yo lo sé porque en otro juicio que inicié hace mucho se presentó la chica que la delata a mi hija, que estaba detenida en La Perla, de donde la sacaron para marcar las casas. Ella marcó la casa de mi hija, que era una casa de estudiantes. Me lo dijo en el juicio, me dijo, destrozada, que había delatado a Silvina. Y no la culpo, como hacen muchas madres, porque quién resiste la tortura. No creo que debamos usar la palabra delatora, porque bajo la tortura no se sabe cómo responde cada uno. Ella me dio el nombre de los 4 que la fueron a buscar.
• ¿Los conoce?
• Sí, los conozco. Uno fue a la farmacia y después me anduvieron buscando por el barrio. Cuando hicieron la inteligencia sobre el juzgado de la jueza Garzón de Lazcano nos comenzaron a amenazar a mí y a los abogados de Abuelas. Vinieron en varios autos buscando mi casa. Aquí atrás hay una villa y fueron ellos quienes me vinieron a avisar que me andaban buscando. Sólo buscaban amedrentarme. Es sabido que esta gente es la patota de La Perla y que en el medio está el hijo de Silvina, que vaya a saber quién lo tiene, porque la mayoría de los chicos los tienen ellos. Estuve dos años con vigilancia policial. Vivo estas cosas como parte de lo que me tocó, ya no tengo miedos. Si ya pasó lo peor, la desgracia más grande es perder un hijo, ¿qué más me puede doler?

QUERER EN LA AUSENCIA
• ¿Hay sospechas reales sobre el lugar dónde puede estar su nieto?
• Yo tengo un juicio iniciado en el Juzgado de Garzón de Lazcano, en donde hemos pedido el análisis de muchos chicos, que todavía no está decretado. El periodo en el que nació el hijito de Silvina, en junio-julio del 76, fue la época en que más chicos nacieron. Así que habrá que esperar los análisis, nadie se puede negar, últimamente se han hecho análisis compulsivos, porque tenemos derecho a saber si es nuestro nieto o no. Nadie les pide que vengan a vivir con nosotras ni que dejen sus familias, pero uno tiene que cesar la búsqueda algún día. Hace 26 años que los buscamos, desde el primer día. Tenemos que terminar la búsqueda para poder descansar. Yo todos los días salgo a buscar a mi nieto, todos los días…
• ¿Pero no sería un golpe muy duro el rechazo?
• No me importa, lo que quiero es saber quién es, poderme acercar a él, contarle quiénes fueron sus padres, por qué está en esa situación, qué proyectos tenían para él, que no eran unos loquitos sueltos que quería tomar el poder, como los hacen aparecer. Quiero contarle la historia de sus padres. Tenemos la esperanza intacta de que los vamos a encontrar a todos y la misma fuerza de siempre, a pesar de los años que han pasado.
• Matices lamentablemente llegué a manos de Menéndez, porque vive en la zona. En caso de que él leyera la nota, ¿vale decirle algo?
• ¿A Menéndez? No. Yo no tengo trato con asesinos.
• Y si una de las tantas personas a las que llega esta revista es su nieto, ¿hay palabras?
• Que lo estamos esperando, que lo buscamos desde el primer momento, que tiene todo una familia que lo espera. Y que el tiempo mío se va acortando. Que a lo mejor, cuando él se decida a venir, yo ya no esté… Pero aquí queda mucha gente que lo quiere, porque aprendimos a quererlo en la ausencia. Y porque tenemos derecho a conocerlo.